jueves, 24 de marzo de 2016

Flaubert se pasa tres pueblos


El estreno el próximo 20 de mayo de una versión cinematográfica (otra más) de "Madame Bovary" me hace escribir de este libro y de Flaubert. Las tres supuestamente grandes novelas "femeninas" de la historia de la literatura, Bovary, Karenina y La Regenta, están escritas por hombres. Aunque no debería extrañarnos. Todo lo que ha pasado a los anales está escrito por hombres. Los hombres escriben y luego ellos mismos hacen las listas. Y hablan de nosotras, las mujeres, como si tal cosa. Cual si ellos mismos tuvieran un corazón femenino. Pero no. Esto genera algunas dificultades que no deberíamos soslayar. 

A mí el misticismo de Ana Ozores, mezclado indebidamente con su deseo carnal, me produce cierta hartura. Y la ansiedad de Anna Karenina, su falta de sentido común a la hora de estructurar su vida, me cansa mucho. En el caso de Bovary, me resulta lejana, abstracta, escasamente humana, escasamente femenina. No puedo evitarlo, aunque esto suponga una herejía literaria que no podría, quizá, desvelar, en un foro pobladísimo de gente o en medio de la calle. Aquí, en este blog, pasará desapercibido y nadie podrá acusarme de hereje. 

Flaubert nunca se casó y su relación con la poetisa Louise Coulet fue meramente epistolar. Conocía poco a las mujeres. Y tenía prevenciones acerca de ellas. Muchas prevenciones. Obstáculos psicológicos, diría yo. Escasa empatía, también. Sus arquetipos femeninos los solapaba con los personajes de las novelas y así salían esas atribuciones que poco casan con la realidad. Era un hombre marcado por su madre, con todo lo que eso significa. Su misantropía llegaba casi a la misoginia. Y sus manías fueron tantas que es casi imposible imaginar qué pensaría del amor cabal. 

Debe haberse notado ya que no soy bovarista. Es más, conforme avanzo en la lectura de la novela (releída con obstinación a pesar de lo mal que me cae el autor), observo más y más que es un modelo de mujer que no se corresponde con la realidad y que deja una malísima impresión en los lectores. ¿Cómo se puede trazar un retrato femenino con tan pocos datos y con tan poca inclinación a la veneración amorosa que el contacto con la mujer conlleva? Este hombre se pasó varios pueblos. Y nadie parece dispuesto a reconocerlo. 


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