sábado, 4 de febrero de 2012

José Carlos Mainer: Textos de Cádiz


Artículo aparecido en Babelia, suplemento cultural de El País, sábado 4 de febrero de 2012. José Carlos Mainer es un experto en historia de la Literatura, por lo que sus recomendaciones siempre son interesantes y muy completas. La literatura constitucionalista y también algunos textos que están relacionados con los años del liberalismo gaditano, pueden servir para acercarnos este acontecimiento capital en la historia contemporánea de España y Europa.

La Constitución de Cádiz (1812)
Antonio Fernández García, editor
Este texto fue -lo dijo el inolvidable Francisco Tomás y Valiente- "origen, modelo y mito" del constitucionalismo progresista español. Lo que contiene se decía por vez primera, aunque hoy pueda parecernos candoroso, que "el objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación" o que los españoles vienen obligados al "amor a la Patria" y a "ser justos y benéficos". Pero tal era el léxico de la Ilustración y esto fue tan serio como consagrar la "libertad de escribir, imprimir y publicar sus ideas políticas", "prohibir el tormento" o que "en todos los pueblos de la Monarquía se establecerán escuelas de primeras letras". En cambio, también leeremos que "la religión de la nación española es y será perpetuamente la católica, apostólica y romana, única verdadera".
La Constitución de Cádiz (1812) y Discurso preliminar a la Constitución (1812) (editor: Antonio Fernández García. Castalia, Madrid, 2003).

Los poetas y la Constitución
Blanco White, Sánchez Barbero
El poema más largo fue La Constitución, librito publicado en 1820 por el aragonés José Mor de Fuentes, escritor torpón y afanoso que tradujo a Goethe y Rousseau, y estuvo en el sitio zaragozano de 1809. El clima preconstitucional palpitó en un poema de José María Blanco White, 'Oda a la instalación de la Junta Central de España' (Sevilla, 1809), donde leemos que "los vientos entretanto / por la faz de la Europa conmovida / susurran Libertad". El poema más hermoso fue el de un liberal salmantino, Francisco Sánchez Barbero, que murió en 1819 en el presidio de Melilla donde lo recluyó Fernando VII. En 1814 leyó en Madrid 'El patriotismo. A la nueva Constitución', justo el año en que se derogaba: "Entre el ronco tronar de los cañones, / su augusta voz imperturbable alzando / hablará así la majestad hispana: / La española nación es soberana".

Recuerdos de un anciano
Antonio Alcalá Galiano, 1862-1863
No son las Memorias de ultratumba de Chateaubriand, pero no tenemos mejor autobiografía política de nuestro XIX que la de este radical gaditano, buen bebedor y bastante chisgarabís, que al final sentó cabeza, y en tanto intervino en polémicas literarias, contó como nadie el paso de la estética clasicista al romanticismo e hizo el mejor retrato de unos gaditanos "finos en sus modales, no al par con la gente cortesana, sino de una finura cual es la de personas del alto comercio donde el trato con los extranjeros es frecuente". Los capítulos 'Un tumulto en una ciudad de provincia en 1809' y 'Cómo se pasaba el tiempo en una sociedad sitiada' han sido la fuente de todos los cronistas posteriores, Galdós incluido.
Recuerdos de un anciano. Antonio Alcalá Galiano, 1862-1863 (edición moderna: Crítica, Barcelona, 2009).

Cádiz (Episodios Nacionales)
Benito Pérez Galdós, 1874
Su protagonista, Gabriel Araceli, era un muchacho en el episodio Trafalgar, donde como grumete de la Trinidad, aprendió su lección de patriotismo popular. En Cádiz lleva los entorchados de alférez, ganados en el sitio de Zaragoza, y está enamorado de Inés, hija natural de una noble y un estudiante plebeyo. No hay novela que narre con más gracejo la vida gaditana de 1810, las conversaciones de salón, los primeros pasos de las Cortes y el bullir de políticos y escritores conocidos. Que estamos en vísperas del romanticismo lo certifica la rivalidad-simpatía de Araceli por lord Gray, un británico amigo de lord Byron (y contrafigura del poeta), con el que se bate en duelo y a quien quizá mata al final de la novela, antes de salir de la ciudad rumbo a Castilla.
Cádiz (Episodios Nacionales, serie I, 8), Benito Pérez Galdós, 1874 (edicción moderna a cargo de Pilar Esterán. Cátedra. Madrid, 2002).

En las Cortes de Cádiz
Rafael Salillas, 1910
'Revelaciones acerca del estado político-social' fue el subtítulo de este libro del criminalista y antropólogo Rafael Salillas. Tales "revelaciones" fueron, en rigor, los comentarios de un regeneracionista español -esto es, de un pesimista retórico- que creía en la bondad ingénita del pueblo, la supervivencia nacional de la picaresca y la maldad de los "Dominadores" (el "teocrático" y el "político-jurídico"). Al hilo de las actas de las Cortes (y del divertido Diccionario crítico-burlesco, de Bartolomé Gallardo), Salillas nos hace un diagnóstico retrospectivo que podía valer también para la España de su tiempo, entonces recién salida de la férula de Maura y bajo el Gobierno reformador de Canalejas.
En las Cortes de Cádiz. Rafael Salillas, 1910 (editor: Alberto González Troyano. Ayuntamiento de Cádiz, 2010).

Cuando las Cortes de Cádiz
José María Pemán, 1934
Estrenado en 1934, el "poema dramático" Cuando las Cortes de Cádiz ofrece una visión de los hechos de 1810-1812 bajo las expectativas políticas derechistas del bienio negro republicano. Mientras el pueblo de Cádiz combate contra el francés (y muere heroicamente como sucederá a Lola la Piconera), los frívolos diputados masones conspiran para que triunfen las ideas revolucionarias francesas. Nada menos que el Padre Alvarado, "El Filósofo Rancio", es quien proclama la moraleja de la obra. Todo esto, sin embargo, viene dicho en unos versos que tienen brío y gracejo: Lola es la anti-Mariana Pineda lorquiana, pero la pieza es más soportable que El divino impaciente, estrenada el año anterior, y es tan reaccionaria como Cisneros, que lo fue al año siguiente y constituye una apología del dictador Primo de Rivera.

El Cádiz de las Cortes
Ramón Solís, 1958
A Solís -novelista y gestor cultural oficial en los años sesenta- se le recuerda, sobre todo, por esta tesis doctoral que le publicó el Instituto de Estudios Políticos. No tiene mucho que ver con ese género académico y una versión algo abreviada, en 1969, fue uno de los éxitos de El Libro de Bolsillo, de Alianza. Se trata del inventario ameno de una ciudad y de un tiempo (1810-1813) que repasa los lugares de paseo y los ventorrillos, los comercios y los teatros, la gente del pueblo y los flamantes diputados, al hilo de la historia y de la anécdota y manufacturado todo en una prosa jugosa. Gregorio Marañón, que lo prologó con afecto (y dejó allí una clara apología de los liberales doceañistas), lo consideraba uno de los grandes libros sobre España.
El Cádiz de las Cortes. Ramón Solís, 1958 (Sílex. Madrid, 2000).

El Rey Felón
José Luis Corral Lafuente, 2009
Las novelas del profesor de historia José Luis Corral tienen todos los alicientes que buscan los lectores de la nueva narrativa histórica y la ventaja, sobre la mayoría de las otras, de que no son patrioteras y se esmeran bastante en la documentación. El Rey Felón (Fernando VII) cierra una trilogía que comprende también Trafalgar e ¡Independencia! Sus protagonistas, el coronel Francisco Faria, aristócrata y guardia de Corps, y el forzudo sargento Isidro Morales, participan en la defensa de Cádiz y siguen en pos de Napoleón hasta su derrota. A partes casi iguales, viajan, combaten, se encuentran con personajes conocidos y todos peroran sobre los acontecimientos -con bastante pesimismo- para la instrucción política del lector.
El Rey Felón. De las Cortes de Cádiz a Waterloo. José Luis Corral Lafuente. Edhasa, 2009.

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