viernes, 26 de octubre de 2012

Soberbia y humildad

Todas las personas que se perciben a sí mismas como un compendio de defectos y virtudes, en variable proporción, saben lo que es el agradecimiento. Hay un refrán que a ello se dedica: "De bien nacidos es ser agradecidos"
Cuando te otorgan un premio, una distinción, lo primero que tiene uno que saber es que, probablemente, hay mucha otra gente que también lo merecía y, lo segundo, agradecer el galardón a aquellos que te lo conceden.
Rechazar un premio es de mala educación. Pavoneares de ese rechazo es, además, signo de petulancia  y de engreimiento. Los engreídos no me gustan. Prefiero la sensatez discreta de los talentos verdaderos. Javier Marías no es un autor que me guste. Lo mejor de "Los enamoramientos" son las primeras cinco páginas, el resto me sobra. Yo nunca le hubiera dado el premio nacional de Narrativa. Y, por lo que se ve, he acertado.
La cara de esa actitud soberbia y engreída de Marías la han puesto los premiados con los premios Príncipe de Asturias que esta tarde se han entregado en Oviedo. Ah, Oviedo...Es una ciudad maravillosa, que me gustó muchísimo cuando la conocí hace años. Ese nublado que siempre la cubre, creando un microclima especial, su gente, su historia, sus edificios, esos monumentos que estudié en la carrera...La ceremonia la veo todos los años, porque me gustan sus ritos y sus discursos. Siempre hay alguien interesante entre los premiados y los discursos están llenos de humildad y sentido común. No se sienten tan importantes como para rechazar un premio y dar la nota.
Más bien, ponen la nota humana, llena de talento, en la tarde de octubre.



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