sábado, 26 de febrero de 2011

Andaluces: Picasso y Muñoz Molina

Antonio Muñoz Molina (Úbeda, 1956) da su visión, en Babelia (sábado 26 de febrero) acerca de la exposición sobre las guitarras de Picasso (Málaga, 1881), que está ahora mismo en el MOMA de Nueva York, haciéndonos pensar en el arte moderno como algo menos frívolo y más esencial de lo que a veces se cree:

En París, en el otoño de 1912, Pablo Picasso hizo una guitarra. No la dibujó, no la talló en madera o la modeló en cera o en barro, no hizo ni un cuadro ni una escultura ni un boceto. Hizo una guitarra, completa, aunque también inútil, una guitarra con sus cuerdas, su mástil, su caja de resonancia con un agujero en el centro, sus clavijas, un objeto tridimensional que a continuación colgó de un clavo en una pared, y le pegó debajo un trozo de cartón doblado como si fuera un soporte, o el filo de una mesa de café. La guitarra la hizo con lo primero que encontró a mano en el gran desorden del taller, que según testimonios contemporáneos tenía mucho de chamarilería o de almacén de trapero, de desván en el que apilados contra las paredes o clavados en ellas con tachuelas estaban algunos de los cuadros que iban a trastornar el arte del siglo XX, aunque por entonces muy pocas personas los habían visto. Hizo la guitarra recortando con unas tijeras de sastre anchas láminas de papel de envolver y trozos de cartón. Las seis cuerdas y los trastes eran hilo basto de atar paquetes. El hueco en el centro de la caja era un tubo de cartón que visto de cerca podría haber pertenecido a un rollo de papel higiénico. La cejuela -acabo de consultar el nombre en una enciclopedia: la pieza horizontal debajo de las clavijas- era un trozo pequeño de cartón doblado por la mitad.

Recortaba, pegaba, apartando de cualquier manera dibujos y hojas de periódico para hacer espacio sobre la mesa. Los grandes ojos románicos los tendría guiñados para evitar el humo del cigarrillo que le colgaba de la boca. El pelo le caería sobre la frente: el flequillo de gnomo y de hombre moderno que aún tiene en las fotos de aquel año y del año siguiente. La expresión de Picasso en esas fotos es a la vez de enajenación y de burla: todo el día, todos los días, yendo a los cafés o encerrándose en el estudio, la mirada, la imaginación y las manos, ocupadas siempre en algo, en observar o en hacer, en observar y en hacer al mismo tiempo, los dedos distraídos doblando un trozo de cartón sobre el mármol de la mesa del café en el que hay una botella, una jarra, el periódico del día, una pipa, o buscando en el bolsillo de la chaqueta un cuaderno en el que anotar cosas o dibujar bocetos, mientras al fondo del café la orquestina toca piezas sentimentales y repetidas, valses, polcas, canciones de moda.

No hay una sola forma que no atraiga la atención clínica de esa mirada, que no despierte en las manos el instinto de hacer, en las yemas de los dedos la apetencia de una pluma o de un lápiz de carboncillo para ponerse a dibujar allí mismo, sobre el mármol del velador. Cada objeto es una epifanía, una forma admirablemente cerrada sobre sí misma, perfecta, sólida, no gastada por el uso, no borrada por su cotidianidad. La botella, la pipa, la caja pomposa del contrabajo, las volutas como de capiteles clásicos en las que acaban los mástiles, ese hueco de negrura en el centro sobre el que resaltan las paralelas de las cuerdas. El espectáculo de lo diario ya había subyugado a Degas, a Toulouse-Lautrec, al monástico Cézanne. Cézanne había enseñado a mirar los objetos puestos sobre una mesa no como ficciones de la luz sino como volúmenes macizos y arquetipos platónicos: la esfera de una manzana, el cilindro de la botella, el ángulo de una mesa, la curva de un mantel dotado de una consistencia caliza. Toulouse-Lautrec se había deleitado con la música de las orquestinas y de los bailes de suburbio. Degas había dibujado bocetos portentosos de contrabajistas vistos de espaldas, de violinistas que establecen con su postura perspectivas imposibles. Picasso, en ese otoño de 1912, fue mucho más allá; no sólo dibujó o pintó lo que veía con esa destreza suprema de un joven talento adiestrado desde niño en las mejores disciplinas artesanales del oficio, exaltado por su descubrimiento de la modernidad en Barcelona y París: en vez de representar las cosas en el espacio plano de la pintura las hizo tangibles, tan presentes como si estuvieran todavía sobre la mesa del café. En vez de pintar al músico fatigado de tocar siempre lo mismo recortaría y pegaría encima del lienzo o de una pieza de cartón un trozo de la partitura misma. En vez de copiar como en un bodegón la botella de licor y a su lado el periódico recortaría la silueta de una botella en una hoja tupida de tipografía, con titulares y noticias terribles o triviales. En la mesa caótica del estudio la obra se va haciendo no con los materiales nobles de la tradición -los pinceles, los botes de color- sino con los residuos mismos de la vida de todos los días, lo más barato, lo que igual cae al suelo y es pisado o barrido o se queda meses acumulando polvo, periódicos, papel de embalar, cajas de cartón, chinchetas, puñados de arena, trozos de madera, hilo bramante, muestras de papel pintado con florecillas y adornos de comedor de medio pelo. Una botella de feroz anís del Mono y una guitarra -en esa época instrumento de músicos ciegos y gente marginal- invocan en París el desgarro de las tabernas españolas. Durante meses, en el otoño y el invierno de 1912, en la primavera de 1913, en el verano de ese año, Picasso inventa, dibuja, recorta formas de guitarras como un pianista maníaco que nunca se fatiga de explorar variaciones posibles de una melodía muy sencilla. El taller, el cuaderno, son lugares de metamorfosis: el hueco redondo de la guitarra es una luna llena o el péndulo de un reloj o la cara redonda de un monigote con mostachos engomados. Su perfil es el de una cara y el de una oreja. Las cuerdas se pueden convertir en cordones de zapato. Las acanaladuras de la madera están hechas recortando papel barato de imitación madera o bien simulando ese mismo papel con un cuidado de falsificación absurda. La botella acaba siendo una clavija o el hueco de una cerradura. La frágil guitarra de papel y cartón y cuerda de envolver se transforma en otra idéntica pero mucho más perdurable hecha de láminas de metal y de cuerdas de alambre. El papel de periódico de los collages muy pronto se vuelve amarillo: el metal y el alambre se oxidan al cabo del tiempo. La obra de arte no es un objeto intangible y sagrado: la modifica la intemperie de la vida real, la muerde la luz, está expuesta a los azares de mudanzas y pérdidas.

Tendemos a ver el cubismo con la reverencia y la solemnidad de lo que se ha vuelto sagrado: estos días, en el MOMA, uno de los muchos méritos de esta exposición de guitarras de papel y guitarras de hojalata y collages pegados con engrudo hace ya casi un siglo es devolvernos la carcajada de celebración y desafío, el descarado humorismo que está en el origen del arte moderno, la gran broma en serio de Picasso.




viernes, 25 de febrero de 2011

Andaluces: Antonio Machado y Romero de Torres


CANTARES

Todo pasa y todo queda
pero lo nuestro es pasar
pasar haciendo caminos
caminos sobre la mar.
Nunca perseguí la gloria
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción
amo los mundos sutiles
ingrávidos y gentiles
como pompas de jabón.
Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
hasta el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse.



miércoles, 23 de febrero de 2011

30 años del 23-F



Democracia


Un hombre solo, sentado en su escaño, con la mirada firme y la espalda erguida. Esta imagen es la seña más clara del triunfo de la libertad contra la barbarie, de la victoria de la democracia frente a las dictaduras. Ese hombre era Adolfo Suárez González y hoy no recuerda que fue Presidente del Gobierno.

martes, 22 de febrero de 2011

Andaluces: Federico García Lorca y Manuel Ángeles Ortiz

La obra poética de Federico García Lorca y la pintura de Manuel Ángeles Ortiz abren la Semana de Andalucía en este blog. Sobran las palabras ante el arte de estos andaluces, a los que seguirán otros durante estos días en los que realizamos actividades para no olvidar de dónde somos y de dónde venimos.



A MARGARITA (XIRGU)

Si me voy, te quiero más.
Si me quedo igual te quiero.
Tu corazón es mi casa
y mi corazón tu huerto.
Yo tengo cuatro palomas,
cuatro palomitas tengo.
Mi corazón es tu casa
¡y tu corazón mi huerto!

lunes, 21 de febrero de 2011

Un invierno propio

Baeza, agosto de 1987. Patio del Instituto en el que enseñó Antonio Machado. Mediodía caluroso. Antes de marcharnos al almuerzo, los alumnos y profesores del curso de verano de poesía, se mezclan en alegre camaradería, cada uno siguiendo sus preferencias y sus gustos. En una esquina del patio tres personas posan para una fotografía. El improvisado fotógrafo es Pepe, un aficionado a la poesía que viene de Peñíscola. Pepe no ha estudiado nada, pero se da una vuelta todos los años por los cursos de verano para aprender cosas y conocer gente. Dos de las tres personas son alumnas de los cursos, Paqui Rodríguez Chamizo es una de ellas, profesora de Geografía e Historia, ahora destinada en Carmona; la otra alumna soy yo misma. La tercera persona es Luis García Montero, que participa como profesor en este curso de poesía mística. La fotografía sale movida: la cámara es muy mala y hay mucha luz. Pero ahí estamos los tres, a pesar del paso del tiempo, Paqui, Luis y yo. Hace ya 24 años.
En aquel tiempo Luis era un joven poeta, discípulo de Alberti, con el que compartía amistad y confidencias. Había ganado el premio Adonais, pero aún no tenía una obra literaria larga y fructífera como ahora. Era de Granada y ejercía de granadino, aunque los vaivenes de la vida lo hayan llevado a residir en Madrid y a veranear en Rota. Yo ya había leído de él algunas cosas y me gustaba, como ahora me gusta, por esa mezcla de naturalidad y de arrojo. Metía en su poesía el cambiar de los semáforos y el chirriar de los frenos de los coches sin que ello significara ninguna perturbación para su fondo más cierto: el amor en todas sus manifestaciones.

Ahora, estos días, tras muchos años de escribir y muchas peripecias personales y profesionales (algunas de las cuales podrían haberme alejado de él si no fuera capaz de distinguir bien lo personal de su obra poética), García Montero publica un nuevo libro, que, como otros suyos, pero quizá más, os recomiendo y animo a leer. Se llama "Un invierno propio" y a mí me trae reminiscencias de otros títulos y otros conceptos: de "Una habitación propia" de Wirginia Woolf, o de "El invierno en Lisboa" de Muñoz Molina. Me parece que en este libro Luis García Montero da un paso más allá de su poesía habitual, adscrita a lo que se llamó "la nueva sentimentalidad" o "poesía de la experiencia". Creo que escribe en una clave filosófica producto de su mayor conocimiento de la vida y su trayectoria más profunda. Él mismo califica sus poemas de "consideraciones", es decir, reflexiones.

Aquel encuentro con Baeza y con Luis García Montero me dejaron una enorme huella. La lectura de poemas, incluso la lectura en alta voz de poemas, había sido, hasta entonces, algo que me había gustado hacer desde siempre. En eso me parezco a Luis, aunque entonces no lo sabía. Pero los poemas que él escribe y ese tiempo en Baeza abrieron una puerta a un concepto más interior, más lleno de zozobra quizá, pero también más pleno. Muchos de los que estábamos allí entonces coincidimos en que, de alguna manera, aquellos días fueron para nosotros motivo de un perceptible cambio, que no sabíamos explicar demasiado bien.

Merece la pena que leáis otros libros suyos: "El jardín extranjero", "Diario cómplice", "Habitaciones separadas", "Vista Cansada"... Y también que busquéis este libro nuevo y os adentréis en ese invierno que anuncia un futuro mucho más consciente de la vida y de lo que queda por hacer.

La tristeza del mar cabe en un vaso de agua

Los hombres tristes
que tienen en sus ojos un café de provincias,
que no saben mentir como quien dice,
que se esconden detrás de los periódicos,
que se quedan sentados en su silla
cuando la fiesta baila,
que gastan por zapatos una tarde de lluvia,
que saludan con miedo,
que de pronto una noche se deshacen,
que cantan perseguidos por la risa,
que abrazan, que importunan hasta quedarse solos,
que retornan después a su tristeza
igual que a su pañuelo y a su vaso de agua,
que ven cómo se alejan las novias y los barcos,
esos hombres manchados por las últimas horas
de la ocasión perdida,
se parecen a mí.


domingo, 20 de febrero de 2011

La cosa más sencilla

Federico García Lorca fue a inaugurar la Biblioteca de su pueblo natal, Fuentevaqueros. Era el mes de septiembre de 1931. En su discurso, que me recuerda mi amiga Carmen Cuesta, bibliotecaria del IES Juan de Herrera de San Lorenzo del Escorial (Madrid), va Lorca y dice:

Medio pan y un libro
"Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.

Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.

No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?

¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz."


¿Cómo no entender al poeta? Él mismo habló en ocasiones de su condición de "niño invisible" en la escuela, al que la lectura, la literatura, el arte, salvó, quizás de la mediocridad o de la tristeza. ¿Cómo no acercar los libros a todos nuestros alumnos, a todos, mucho más a aquellos que lo necesitan imperiosamente porque están a punto de tirar la toalla? Libros, libros, libros, como dice Lorca, muchos libros.


viernes, 18 de febrero de 2011

Dickens, naturalmente

La Editorial Alba Clásica nos presenta esta reedición de un clásico de Dickens, uno de sus mayores logros literarios, con una traducción de Miguel Temprano García. Os traigo la reseña que la propia editorial hace de la obra, que ofrece a nuestros ojos el universo dickensiano a través de personajes y ambientes difíciles de olvidar una vez que nos adentramos en su lectura:

La señora Lirriper


Al morir su marido cubierto de deudas, la señora Lirriper abre una pensión en el 81 de la calle Norfolk, en Londres, para pagar a sus acreedores e iniciar una nueva vida. «Si las paredes de esta pensión pudiesen hablar […] tendrían tantas cosas que contar…» Una extensa galería de personajes genuinamente dickensianos desfila por estas páginas, desde el doctor Goliath, «enciclopedia animada del conocimiento universal», hasta el doctor Bernard, que ayuda a los tristes y hastiados a quitarse la vida en unas lujosas cenas que anticipan El club de los suicidas de R. L. Stevenson. Historias cómicas, sentimentales, de fantasmas, de niños hambrientos y de fortunas enterradas componen el legado de la señora Lirriper. Dickens creó este personaje para su revista All the Year Round y animó a varios autores amigos, entre ellos Elizabeth Gaskell, a escribir las andanzas de sus huéspedes. La señora Lirriper (1863-1864) tuvo un éxito fulgurante: según Chesterton, Dickens «no hizo, literariamente hablando, nunca nada mejor» que esta «versión femenina del señor Pickwick».
El aroma de los clásicos siempre supone una fuente segura de placer, el que da las cosas bien hechas, las historias consistentes, estructuradas, firmes. El aroma de una literatura imperecedera que, de vez en cuando, nos trae sorpresas que parecen recién escritas, como este libro.
 

miércoles, 16 de febrero de 2011

Tantos años...

Hay domingos por la mañana en que toda la nostalgia se acumula. Este pasado domingo, húmedo y un poco frío, he dedicado algunas horas a ordenar, arreglar, organizar, libros y papeles. En uno de los extremos de una habitación está una pequeña estantería blanca, vieja y llena de pegatinas de los pokémon. He decidido cambiarla por una nueva, azul, sin pegatinas y más grande. La estantería contiene los tebeos de Mortadelo y Filemón que mi hijo colecciona desde siempre, sus libros más queridos. Cuando ve que estoy cambiándolos de sitio y le cuento que vamos a tirar esa vieja estantería, pronuncia la frase inacabada que da título a esta Entrada: "Tantos años...". A sus diecisiete años, el tiempo que esa estantería lleva en la casa, casi quince, le parecen una eternidad. Pero la frase no habla únicamente del tiempo, del paso de las horas y los días; no, la frase habla también de compañía, de apego, de un objeto que forma parte de su vida. Él no ha aprendido todavía que hay que vivir ligero de equipaje; todavía piensa que una vieja estantería no es un mueble, sino un elemento de su paisaje. Fijaros: los niños y los jóvenes no quieren tirar nada, todas las cosas les parecen importantes, imprescindibles. Somos los mayores los que sentimos que lo fundamental no está en las cosas materiales.

Además, sacar la estantería de la casa y colocarla justo al lado de un contenedor de basura tiene ahora un significado diferente: la estantería pronto va a cambiar de dueño, no va a irse a un enorme centro de residuos, a pesar de que está destartalada, es barata y parece no resistir ya ningún peso. No, la estantería será remozada, arreglada y usada. Lo sé porque, cada mañana, veo venir desde el Charco de la Pava, cruzando las entradas de toda la Triana que da al Aljarafe, a aquellos que, en estos tiempos, esperan en las chabolas junto al río que haya un futuro mejor que no saben siquiera con qué idioma se escriben. Alguien va a recoger la estantería y la va a colocar en el hogar que ha construido con chapas y cartones.

Ese pensamiento me reconforta: sé que este objeto no va a perderse y sé que ese alguien se sentirá contento de poder llevársela a casa. Así que, os cuento, junto a la estantería he dejado algunos libros, libros de los que yo puedo prescindir y que, espero, ese alguien se lleve a su casa. Puede que penséis que es un acto de romanticismo, pero qué va. Como tengo asimilado desde siempre que ningún libro puede tirarse, esos libros que ya no nos sirven y que en la casa nadie va a leer, encontrarán un sitio mejor, un lugar virgen, en la "casa" de esas personas que cruzan el puente por las mañanas, que arrastran sus carritos de supermercado.

Alguien leerá esos libros, estoy segura, y quién sabe si de ellos obtendrá más calor del que nosotros pensamos.

lunes, 14 de febrero de 2011

Amor, amor

En el Día de San Valentín, los poetas llegan con sus frases sobre el amor y se mueven alrededor de este blog y dentro de él:

"Me gustas cuando callas, porque estás como ausente" (Pablo Neruda)
"Yo no quiero más luz que tu cuerpo ante el mío" (Miguel Hernández)
"¿Y qué esperar, amor? Sólo un hastío" (Luis Cernuda)
"¿No ves la herida que tengo, desde el pecho a la garganta" (Federico García Lorca)

También aparecen, convocadas, las letras flamencas, tradición de siglos:
"Siéntate en mi cabecera/ fija tus ojos en los míos/entonces, quizás no muera"
(Soleá)

O las coplas de autor:
"Amante de Abril y Mayo/ moreno de mi pasión"

Nuestros alumnos han escrito cartas y poemas de amor que se guardan en una carpeta a la espera de que el Jurado las lea y emita su veredicto. Este concurso ha levantado más interés que otros pero no es de extrañar, el amor es una fuerza mucho más grande que cualquier otra, incluso que el odio o la venganza. Así, recuerdo ahora esa historia, leyenda, cuento, qué sé yo, sobre la disputa del viento y el sol para que un hombre con capa y sombrero se despojara de ellos. Conocéis el desenlace, sin duda: el sol, con sus rayos ardientes pudo más que el intempestivo viento. Siempre me pareció esta historia una especie de metáfora del poder del amor.

Muchos jóvenes se acercan a la poesía a través del amor, porque la poesía es capaz de contar los sentimientos mejor que otra forma de expresión. Descubrir la poesía es un momento importante para aquellos que lo experimentan y suele hacerse de una forma brusca. Una vez que la poesía ha llegado hasta ti, ya no puedes separarte de ella y vas transitando por los poetas, de uno a otro, sin que puedas apartarte de esa vereda única de la emoción. Hay ocasiones en que somos los profesores los que despertamos el interés por la poesía en nuestros alumnos: cuando ocurre así es un verdadero acontecimiento, la prueba de que somos necesarios. En el caso de mi hijo, fue su profesor de Lengua y Literatura de Cuarto de ESO, José María Barrera, del IES Vicente Aleixandre de Sevilla, el que le hizo reparar en la fuerza de la poesía, incluso del teatro en verso. Por eso siempre lo cita entre sus mejores profesores.

¿Será posible que, en este San Valentín, al calor de nuestro Concurso, o al hilo de los textos que los profesores trabajan en clase, haya alumnos que descubran el misterioso mundo de la creación poética? Siempre me maravillan esas clases que uno dedica a leer textos en voz alta, simplemente a oír el sonido de la poesía o de la palabra en general, con toda la música que conlleva, con todo el ritmo, los silencios, las entonaciones...Otra forma de que nuestros estudiantes recalen en el puerto de la poesía.

Los sonidos de los poetas vuelven ahora de nuevo a mí: "El palomar de las cartas/abre su invisible vuelo/ desde las trémulas mesas/ donde se apoya el recuerdo/la gravedad de la ausencia/ el corazón, el silencio."  ¿Quién no tiene en su memoria aquellas veces en las que una carta significaba, como dice aquí Miguel Hernández, todo, todo el amor del mundo? ¿Quién no tiene guardadas, en algún rincón escondido, un manojo de cartas atadas con una cinta azul?

viernes, 11 de febrero de 2011

Hoy comienzan las Charlas de Orientación Vocacional

El empresario Rafael Urbano del Castillo será el primer invitado a las Charlas de Orientación Vocacional que comienzan hoy en nuestro Instituto, con el objetivo de que los alumnos tengan una perspectiva real del trabajo en las diversas profesiones. Las Charlas incluirán un tiempo de preguntas para aclarar las dudas que puedan surgir al respecto entre el alumnado. "Ser Empresario" es el título del encuentro de hoy.

El próximo invitado será el abogado Joaquín Moeckel, que, en la Charla "Ser Abogado" ilustrará a los alumnos sobre esta profesión.

miércoles, 9 de febrero de 2011

A veces llegan cartas...

La tradicional costumbre de entregar cartas y flores que en muchos Institutos se sigue manteniendo con motivo del Día de San Valentín entusiasma a los chavales y, si le vemos el sentido didáctico, puede ser una buena forma de que desarrollen su imaginación y su expresión escrita. Podemos pensar que casi nadie escribe ahora cartas de amor, aunque quizá lo que ocurre es que nosotros ya no escribimos cartas de amor. En todo caso, sobre los mensajes de amor y amistad en el seno de las escuelas e institutos hay mucho que contar y que decir. Recuerdo que, una vez, llegó hasta mi, por casualidad, comenzando yo mi carrera profesional, una carta que alguien de mi clase había escrito a otro "alguien", también de la clase. La carta, escueta, decía así: "Te miro todos los días y todos los días me enamoro. Quiero salir contigo". La carta llevaba esta firma: "La niña de la fila de enmedio". ¿Qué os parece? A mí no se me ha olvidado y por eso recuerdo con exactitud la anécdota y las palabras. Recuerdo también que, cuando leí la carta, estuve varios días mirando las expresiones angelicales de todas las niñas que se sentaban en la fila de enmedio a ver si podía descubrir entre ellas el corazón atormentado que había escrito la carta. Pero fue inútil. Ninguna de ellas tenía síntoma alguno de enamoramiento o lo disimulaba muy bien. Pero la carta estaba ahí, fue escrita y firmada por alguien, así que desistí de mi empeño reconociendo que los caminos del amor son inescrutables y que, como decía D. H. Lawrence (autor al que aquellas niñas no leían, seguro, en esos años): "Los lazos del amor son difíciles de desatar".

Pues bien, en nuestro Instituto esos días se están escribiendo cartas y cartas. De amor o de desamor, aunque ya sabemos que el amor y el desamor son las caras de la misma moneda. Algunos alumnos las han escrito de forma espontánea y las han entregado un poco misteriosamente, en sobres alargados con seudónimo que impide saber quiénes son y a qué persona dirigen su misiva. También está ya funcionando la alegre y tradicional fórmula de la entrega de cartas para San Valentín. Creo que en mi Instituto (el Isla de León, de San Fernando) no se celebraba San Valentín o, si alguna vez se celebró, nadie me escribió nunca ninguna de esas cartas. Aquí, en los recreos, los alumnos de 2º de Producción tienen instalada una mesa junto a la cafetería en la que, por veinte céntimos de euro, envuelven tu carta en un sobre rojo muy bonito y la llevan a su destinatario el mismo día de San Valentín, el próximo lunes. Estas cartas van "fuera de concurso" y a saber cuántos corazones enamorados andan ahora mismo elucubrando qué van a decir y cómo. Las ganancias de esta campaña epistolar las van a destinar los alumnos a sufragar gastos de su próximo montaje musical, el "Néstor Festival, versión 2.0" que llevarán a cabo, dedicado esta vez a la música "indie", a finales de febrero en el Auditorio Municipal de Tomares que lleva el nombre de un escritor que sabía conjugar rimas amorosas como nadie, Rafael de León.

Hasta el mismo día 14 seguiremos recibiendo Cartas y Poemas de Amor y Desamor para nuestro Concurso así que, estos días, el que no escribe una carta es porque ha olvidado el vértigo del amor.

martes, 8 de febrero de 2011

Puedes hacerlo

¿Habéis visto, en el cine, "El discurso del rey". Si no la habéis visto, os la recomiendo vivamente. Veamos: se trata de una película que cuenta un momento de la vida del rey Jorge VI de Inglaterra. Un momento de su vida muy especial, precisamente aquél en que logra vencer las dificultades, sobreponerse a ellas y abrir una ventana por la que asomarse sin miedo. Ah, las dificultades. Ah, el miedo. Qué unidas y cercanas están estas palabras, estos conceptos. Jorge VI fue rey de carambola, porque el trono correspondía a su hermano, el Príncipe de Gales y él solamente era Duque de York, que es el título de los segundos hijos de los reyes ingleses. Pero Eduardo, el heredero, decidió renunciar a la Corona cuando se enamoró de una divorciada estadounidense, Wallis Simpson y de esa forma tan impensable Bertie, que es el nombre de paisano del rey Jorge VI tuvo que asumir la Corona.

La película nos cuenta cómo un logopeda que, en realidad, no era logopeda sino actor frustrado, consiguió que Jorge VI, que tenía un grave problema de tartamudeo, pronunciara un bonito discurso para arengar a sus ciudadanos ante la inminencia de la guerra con Alemania. Ese actor que hace de logopeda sin serlo usó de las mejores armas para conseguir que Bertie lograra pronunciar las palabras sin atrancarse: intentó que tuviera seguridad en sí mismo, intentó que se diera cuenta de que podía conseguir lo que se propusiera. Esto y algunos trucos hicieron el milagro. 

El personaje del actor-logopeda es muy atractivo. Una persona humilde, en cuya casa, humilde también, los hijos devoran los libros, con una manta sobre los hombros para evitar el frío. Una casa en la que el padre recita a Shakespeare de todas las formas posibles (¿cómo no va a ser un buen logopeda alguien que es capaz de hacerlo?) y en la que reina la curiosa dignidad del saber y la cultura. Luego está el rey. Alguien tímido, inseguro, quizá atormentado...alguien que toma las riendas de una tarea que se le queda larga, hasta que el milagro del convencimiento lo convierte en otra persona. Superar las dificultades, perder el miedo, he aquí el gran secreto de casi todo lo que vamos consiguiendo a lo largo de nuestra vida. Porque no se trata (y ahora vamos a pensar sobre ello) de no tener problemas, o de no poseer imperfecciones, sino, más bien, de encarar los problemas y de dejar de lado las imperfecciones, para centrarnos en lo que somos capaces de hacer. 

El logopeda del rey es un buen maestro. Lo es porque sabe ganarse el respeto de su discípulo, porque hace que su alumno se sienta capaz de lograr sus objetivos, porque lo conduce con firmeza pero con cariño y con respeto. Esa relación profesor-alumno da tan buenos frutos porque es una relación positiva, una buena relación. 

No os voy a desvelar el final de la película, que vuelvo a recomendaros, pero sí a deciros que en ella se pronuncia un discurso de los que en el cine hacen época. ¿Recordáis en "El gran dictador" el discurso que pronuncia al final el doble de Hitler? Algo así se siente en este caso, casi lo mismo que cuando oímos "La Marsellesa" en ese garito de Casablanca en el que vuelven a encontrarse Ingrid Bergman y Humphrey Bogart. Casi la misma emoción con la que Escarlata O´Hara toma la tierra entre sus manos y afirma que no volverá a pasar hambre. 

Palabras, superación, dificultades, lucha, emociones. Todo eso lo encontrarás en esta película y por eso va a gustarte cuando la veas. Y, además, si eres cinéfilo como yo, puedes hacer un montón de apuestas para la noche de los Oscar, porque tiene, nada más y nada menos que doce nominaciones. Porque la emoción siempre llega a los corazones.


lunes, 7 de febrero de 2011

"Esta casa huele a gloria"


Nuestros alumnos están oyendo hablar estos días de que el flamenco es ya cosa universal. No entienden muy bien qué significa esto, como tampoco lo entienden muchos mayores. En todo caso, bien vale esta excusa para recordarnos a nosotros mismos la riqueza artística que encierra el flamenco y que, por desgracia, aprovechamos muy poco en las escuelas. Desde hace más de veinte años hay profesores y maestros que intentan trasladar a sus aulas algo de la grandeza del flamenco y lo hacen a través de la poesía, de la expresión plástica, de la música, de la geografía o la historia. Como acaba de decir el poeta Luis Alberto de Cuenca en su discurso de entrada en la RAE, la geografía y la historia son las primeras bases sobre las que todo se asienta y no es posible enhebrar conocimiento alguno sin ellas. Trazamos en nuestra mente una línea del tiempo y, sobre esa línea, cualquier mente bien ordenada (y aquí recuerdo a Edgar Morin, en su clarividente libro sobre educación que me regaló hace unos años nuestra querida Isabel Álvarez), sabe que tiene que colocar los acontecimientos históricos más relevantes.
Lo mismo ocurre con el flamenco: a partir de su trazado histórico, que se superpone a la historia general y que no pueden entenderse por separado, el flamenco ha ido creando un legado artístico gracias a las creaciones individuales que los hombres y mujeres han ido dejando. Exactamente igual que ocurre con la Literatura o con cualquier manifestación artística. Porque el flamenco no es una música popular, ni folklórica, sino individual y de creación.
Hay muchas formas de acercamiento al flamenco y todas son positivas y posibles. En el marco de nuestra tarea de llevar a los niños y jóvenes el amor por la palabra, bien podíamos realizar este acercamiento tomando como punto de partida el universo de la copla flamenca, así como toda aquella manifestación poética e, incluso, narrativa, que bebe de las estructuras flamencas. Yo iniciaría a los alumnos en la copla flamenca tomando, primero, todas esas letras tradicionales que pasan de generación en generación y que se han ido modificando con el tiempo. Letras de soleares, de seguiriyas, de fandangos, de tangos, de alegrías... Letras flamencas que el alumno puede conocer, recitar, escuchar en la voz de los artistas. Acervo tradicional para una música contemporánea.

Con motivo de la próxima celebración del Día de Andalucía, sería una buena idea centrar nuestras actividades en este Arte, para lo que os damos algunas ideas como:
*Recital de música flamenca (si contáis con una Peña flamenca en el pueblo o ciudad es ideal, ya que hay un hermanamiento muy bonito entre los viejos aficionados y los jóvenes)
*Recital de poesía flamenca (aquí podéis recurrir a letras tradicionales o a poesía de autor)
*Audiciones
*Concursos de baile flamenco
*Realización de actividades sobre flamenco (podéis encontrar muchas de ellas en este material que realicé hace años y que está ahora en la Red: http://flun.cica.es/flamenco_y_universidad/flamcd/b/index.htm
*Práctica de ejercicios de compás y ritmo

viernes, 4 de febrero de 2011

Un resplandor todavía más dulce


Sobre:

"Nueva York. Henry James" con selección y prólogo de Colm Tóibin. Editado por Sexto Piso.

Me causa verdadera emoción hablar, o escribir en este caso, de Henry James. Llevo tantos años leyéndolo, tantos años notando su huella en otros escritores que bebieron de su influencia (como mi querida Edith Wharton), que me resulta alguien familiar, como si lo conociera de toda la vida. Así que aprovecho la aparición de este libro para acercaros su figura, su obra, a los que, quizá todavía no habéis tenido ocasión de leerlo.

Os diré, en primer lugar, que Henry James nació en Nueva York, en el año 1843 y que murió en Londres, en 1916. Fue hermano del filósofo William James (y no es esta circunstancia algo anecdótico en su vida) e hijo de Henry James, importante pensador estadounidense. Vivió en Nueva York hasta los doce años y, a partir de ahí, viajó por Europa y Estados Unidos durante gran parte de su juventud, creándose en su conciencia una especie de desarraigo que le hizo siempre buscar un lugar donde construir su hogar. En el año 1875 se estableció en Inglaterra y un año antes de morir obtuvo la nacionalidad inglesa. Así que los ingleses consideran a Henry James uno de los suyos y lo mismo hacen los norteamericanos. Sus primeros escritos, cuentos y artículos, los empezó a publicar con veinte años. Además de narrador (en su obra se cuentan veinte novelas y más de cien relatos) James fue crítico literario y en este campo tuvo notables aciertos. Podemos decir que estamos ante un clásico contemporáneo indiscutible de la literatura universal.

Lo que hace Com Tóibín en este libro es ver Nueva York con los ojos de Henry James. Y lo logra a través de una selección de relatos en los que la ciudad es parte integrante de la vida de los personajes que en ellos aparecen. Algunos de esos relatos habían sido ya publicados en castellano, como el archifamoso "Washington Square", en el que se basa la película del mismo nombre, remake de otra anterior, clásica, llamada "La heredera" y protagonizada por Montgomery Clift y Olivia De Havilland. Otros relatos nunca habían podido leerse en nuestro idioma y son una verdadera novedad. En el fondo de sus palabras late siempre un misterio, algo que no podemos descifrar, no un enigma, sino una interrogación porque, a pesar de que contó y habló de muchas cosas, sobre su vida y su pensamiento hay un velo que no deja llegar hasta el final.

Henry James no fue solamente un narrador de extraordinaria altura, sino un maestro de narradores, un maestro con múltiples discípulos, muchos de los cuales alcanzaron la perfección y llegaron a ser, a su vez, auténticos modelos, escritores de éxito, autores de una obra espléndida. Cerca de su vida pasan personajes de todo tipo, interesantes, curiosos, plenos, como la autora de "El jardín", cuya preciosa edición de Periférica, tengo entre las manos, con las ilustraciones que ha hecho Ximena Maier. Pues bien, Constance Fenimore Woolson, que es el nombre de la autora a la que cito, nacida en Claremont, USA, en 1840, fue muy amiga de James, a quien conoció en 1880. De ella dijo nuestro autor: "Constance Fenimore Woolson tiene la sagacidad narrativa de los grandes autores, y sabe dibujar las relaciones entre sus personajes como muy pocos escritores".

El camino literario que conducirá a Henry James es largo y en él se encuentra, no podemos olvidarlo, Jane Austen, la maravillosa escritora, nacida en Steventon, Hampshire, en el sur de Inglaterra, el año de 1775. Autora de "Emma", "Persuasión", "Mansfield Park", "La abadía de Northanger", "Sentido y sensibilidad" o, mi libro de cabecera, mil veces leído "Orgullo y prejuicio", Jane Austen no solamente abre el camino de James, sino también de Proust, como ha señalado acertadamente el crítico literario y traductor de su obra Carlos Pujol.

Henry James tiene un lenguaje exacto, preciso, pero no por ello menos interesante o asombroso. A veces se logra escudriñar en el conjunto de sus palabras algo de su propia vivencia interior, de su desarraigo al ir de un lado para otro durante toda su juventud y también de su apego a ciertas cosas y personas. En el libro que comentamos, los relatos nos muestran la Nueva York que él amaba y que desapareció de su vida, no solamente porque la familia cambió de residencia, sino porque los cambios de lo que se podría denominar con lenguaje de entonces "la vida moderna" hicieron que la urbe se transformara de una forma definitiva. Esa misma transformación, esa misma pérdida de los valores tradicionales de las familias antiguas de la ciudad, la expresaría, magistralmente, Edith Wharton en "La edad de la inocencia".

Quiénes, alguna vez, hemos dejado atrás la casa de nuestra infancia, la tierra que nos vio nacer, los paisajes que llenamos una vez con nuestros juegos de niños, los rincones del amor en la juventud, entendemos muy bien la sensación de pérdida que acompañó a Henry James durante toda su vida. Por eso, quizá, escribió estos relatos sin volver la mirada atrás y sin olvidar ni un rostro, ni un acento, ni un lugar, de los que le acompañaron durante sus primeros años.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Libros 15-18





De vez en cuando traemos a nuestro blog recomendaciones de libros para los alumnos, profesores o padres. En esta ocasión os comentamos algunos de estos libros dirigidos especialmente a los jóvenes que tienen entre 15 y 18 años. Aunque la lectura por tramos de edades siempre tiene sus sorpresas, porque no es una cuestión exacta, sino aproximada, seguramente estas recomendaciones servirán de guía a los padres que quieren regalar libros a sus hijos; a los jóvenes que destinan parte de su paga a comprarse libros y a los profesores, a la hora de proponer lecturas. Y, además, todos ellos tienen la posibilidad de leerlos en la biblioteca.

"La sonrisa perdida de Paolo Malatesta" de Ana Alcolea. Editorial Oxford University Press.

"El viento de Santiago" de Paola Zannoner. Editorial Marenostrum.

"Adorada Jenna Fox" de Mary E. Pearson. Editorial Gran Angular. Alerta roja.

"Cuando me alcances" de Rebeca Stead. Editorial Molino.