lunes, 4 de enero de 2010

La música de la poesía

Hay canciones que sirven para aprender idiomas, incluido el nuestro, porque su poesía nos llega directamente a través de los sonidos.
Y también hay poemas que se convierten en canciones, por obra y gracia de los músicos, que se acercan a los grandes autores de la poesía y a la poesía anónima, para que esas palabras nos lleguen a través de los sentidos.

Joan Manuel Serrat dio a conocer a muchísima gente que no había leído sus libros la poesía de Antonio Machado y de Miguel Hernández. Calixto Sánchez ha convertido en cante flamenco la poesía de Alberti, de Bécquer o de los Machado, Antonio y Manuel. Estos son solamente algunos ejemplos, pero hay muchos más, de manera que es sencillo acercarse a los poetas a través de la música que su poesía lleva.

De una forma o de otra, el caso es que las palabras formen parte de nuestro universo, que la poesía se convierta en algo cotidiano y no críptico o misterioso. Y, en todo caso, que ese misterio sea atractivo y que tengamos deseos de descifrarlo.

Los niños y los jóvenes son grandes amantes de la música y hay existe un camino preparado para que nosotros, los profesores, utilicemos esas posibilidades para acercarlos al don de la palabra. La gran mayoría de las canciones contienen secretos literarios que merece la pena conocer pero, además, sería bueno que en el aula hubiera sitio para que esa conjunción entre música y poesía llegara a los alumnos. En todas las aulas, en cualquier materia, la música y la poesía tienen un sitio reservado, que únicamente tenemos que encajar en nuestro trabajo diario.

Los saberes no son compartimentos separados y conseguir relacionarlos es una tarea del profesor que va a tener enormes frutos.

Recitar, cantar, leer poesía, oír música, todo ello, tan a mano para los alumnos, tiene que tener sentido didáctico. Estrategias para que nuestros alumnos sientan que la escuela y la vida se parecen.

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