martes, 30 de diciembre de 2014

Los libros que vienen

Entre los augurios del nuevo año siempre aparecen noticias sobre las publicaciones que verán la luz, la mayoría de ellas, si no todas, obras de escritores reconocidos que, por eso mismo, anuncian sus novedades y se presentan como reclamos editoriales. He repasado ya algunas de esas listas y señalado los libros que me pueden interesar aunque, a tenor de lo que ha ocurrido con mis lecturas en 2014, bien podría ser que las cosas fueran por otros derroteros. 

Sí, porque en 2014 el libro que más me ha impresionado, el que me ha permitido descubrir a una excepcional escritora, ha llegado a mí por casualidad y debido a mi olfato lector, el que hace que, buscando entre las estanterías de una librería o entre un escaparate virtual, sea capaz de distinguir algo que me va a gustar. Esta escritora es Edna O´Brien y el libro se llama "Las chicas de campo", publicado por ErrataNaturae. Extraordinaria descripción de unos personajes, de una historia, que, en su cotidianeidad tiene la mayor grandeza. Estilo propio y un segundo libro con los mismos personajes que también me ha parecido grandioso. Se trata de "La chica de ojos verdes". 

En 2014 leí la tercera parte del Diario de Bridget Jones, de Helen Fieldin. Divertidísimo. Su título "Loca por él" hace justicia en parte al contenido, aunque debería llamarse "Loca por ellos". No digo más por si alguno de vosotros quiere leerlo. Está editado por Planeta. La película de rigor ya está hecha y en ella tendremos de nuevo a Renée Zelwegeer, antes de hacerse la multioperación que la ha convertido en otra persona, Colin Firth, Hugh Grant y Daniel Craig en un papel que no desvelo. 

Otros dos libros de Irène Némirovsky, una de mis autoras de culto, he leído en este pasado año. "Los bienes de este mundo" y "El malentendido", ambos editados por su editorial de siempre, Salamandra. En la línea de calidad y de expresividad de Irène, qué deciros. 

"Mary Barton" de Elizabeth Gaskell, en una preciosa edición de Alba; "Bassett" de Stella Gibbons, de la editorial Impedimenta, del que he hablado ya; "Los Políglotas" de William Gerhardie, de la misa editorial; así como una biografía magnífica de Dora Maar, que abrió el camino de la lectura en este año, han sido mis novedades literarias. Porque el caso es que, desde hace tiempo, releo casi más que leo. Así, he releído a Mafalda, a Ágatha Christie como hago de vez en cuando, a D. H. Lawrence, con su "Mujeres enamoradas", a Edith Wharton y "El Principito", maravilloso libro de cabecera, así como al no menos encantador "Platero y yo". Este resumen lo hago de memoria así que me faltarán cosas, seguro. 

Deciros que releo a Jane Austen no es acertado. Más bien la leo continuamente, que eso es otra cosa. Así ha sido y así será en 2015 porque ya he empezado con "Emma", en una edición de Cátedra que me parece extraordinariamente hecha. 

Haciendo honor al título de esta entrada os comento aquellos libros anunciados para el año que empieza y que creo me podrán interesar: "Tus pies toco en la sombra y otros poemas inéditos" de Pablo Neruda, que editará Seix Barral. Aprovecho esta referencia para deciros que he leído mucha poesía, aunque acabo de acordarme. También llegará libro nuevo de dos autores españoles que me interesan especialmente: De Gustavo Martín Garzo "Donde no estás", por Destino y de Martín Casariego "El juego sigue sin mí", por Siruela. Espero con expectación la publicación de la Obra Completa de Lorca en siete volúmenes que sacará DeBolsillo. 

En cuanto a literatura extranjera (a Neruda lo considero de la casa), tendremos un nuevo Benjamín Black (vaya, ahora veo que también me he dejado atrás en la lista anterior mi lectura de su rubia de ojos negros) "Órdenes sagradas" de Alfaguara. Siruela publicará de Craig Johnson "Los mocasines de otro hombre". Random House "Perfidia" de James Ellroy y Anagrama, el que, de entrada, me interesa más, por ser quién es la autora, Amélie Nothomb "La nostalgia feliz"

Que lo leamos bien....

jueves, 25 de diciembre de 2014

Tarde de Navidad y música de cine

Aunque no quieras pensarlo sabes que esa idea está ahí. La idea de la soledad. La idea de que todo seguirá siendo, en el mejor de los casos, como ahora. Soledad, silencio, libros, internet y música de películas. En la película el chico vuelve y se queda con la chica, pero es también un final provisional, aunque ahora se abracen y él la bese como un chico malo. Porque en la tercera él morirá. Le estallará una mina anti persona y ella se quedará sola. Como todo es ficción alguien aparecerá por ahí. Pero en la vida real lo que tenemos es esto. Un blog en el que escribir y que no leerá casi nadie. Una mantita verde que te arropa mientras ves la película e intentas disimular una lágrima. La soledad de quien ha perdido una parte muy importante de su vida, precisamente la persona que te encontraba tan bonita, que decía que eras maravillosa, extraordinaria...La soledad de quien sabe con certeza que nada volverá a ser como antes, que una cierta forma de vida ya se ha perdido para siempre. 

No quieres pensarlo pero lo sabes. Aunque la música incite al amor, aunque los personajes se la película sonrían y se besen. Aunque estés cálidamente rodeada de libros y de objetos que te resultan familiares, que te recuerdan el trazo de tu vida. Todo eso es verdad, pero también lo es que el tiempo pasa y las cosas se escriben a partir del dolor, que los recuerdos están ahí, imborrables y que nunca, nunca, habrá otro amanecer en compañía. Porque las cosas son así y no hay forma de que cambien. Nunca. No quieres pensarlo, en efecto, pero lo sabes con certeza. Esto es lo que hay, lo que soy, lo que tengo. 

viernes, 5 de diciembre de 2014

Recorriendo la ciudad...

Por cuestiones que no vienen a cuento, hoy, día de diario, víspera de un puente, recorro la ciudad de un lado a otro y observo lo que pasa en ella. Uso la mirada de quién acaba de aterrizar en el aeropuerto procedente de otro país, o, también, de alguien que vuelve de un largo viaje. La mirada del que ve las cosas por primera vez. Aunque no es cierto, y no sé si el cerebro se dejará engañar por esta intención literaria. Como ocurre con todas aquellas personas que nos dedicamos a escribirlo todo, a escribir siempre, a no dejar de escribir, vivo la mañana y la voy relatando al mismo tiempo, así que ahora ya no podré distinguir lo que viví y lo que pensé mientras lo hacía. Las palabras se han colocado en el lugar exacto de las vivencias. Es así. 

El autobús lleva muy poco gente. Nadie se saluda, nadie se habla, todos están ocupados en hablar con alguien que no está a su lado, a través del móvil. Algunos esperan serios que llegue su parada. Pero no hay ningún movimiento para acercarse al vecino, ni siquiera saludan al conductor, que me mira extrañado cuando le digo "buenos días". Al cruzar ese punto de la ciudad en el que se encuentran el metro, el tranvía, la estación del tren y miles de autobuses, el movimiento es tan extraordinario que da la sensación de haber entrado en un paraíso hiperrealista. Los que esperan los autobuses o el tranvía, en esas paradas de metacrilato, parecen posar para un inexistente fotógrafo. Las bicicletas cruzan el espacio verde que se les ha reservado y lo hacen de forma orgullosa, ese es su sitio y lo saben. Los ciclistas se sienten libres, se sienten seguros. Los hay de todas las edades y su caminar a través de los carriles bici es muy rítmico, muy organizado, como si fueran muñecos que se accionaran a distancia en un gran juego de mesa. Luego están los autobuses, alineados a uno de los lados, lentos pero sin parar, en una orgía permanente de subidas y bajadas de gente diversa. El tranvía aparece en sus tonos plateados y recoge a una peña poco apresurada, más bien expectante y sin prisa. Algunos estudiantes llegan a los alrededores de la estación del tren con sus trolleys de colores, tirando de ellos con fuerza y una imperceptible sonrisa de vacaciones en la cara. 

La mañana ha amanecido fría, pero, en cuanto recorres algunos metros te apercibes de la fuerza del sol, que ha salido esplendoroso y que te acompaña en todo el recorrido. El sol, mucho más potente que el viento, la lluvia y el frío, te da en la cara y hace que sientas el calor de la vida, que se asoma en cuanto pones los pies en la calle. Junto a la facultad de Derecho algunas chicas están sentadas sin hacer nada, sin hablar, en una especie de saliente de la pared. Ninguna hace otra cosa que recibir el sol que cae de plano a esta hora de la mañana en un día de otoño en el que se anticipa ya el tiempo por venir, las vacaciones de Navidad y todos los ritos de esos días, ritos que, dependiendo de cómo los vives, significan algo o no significan nada. Significan algo bueno o te hacen más daño que los días normales.

lunes, 1 de diciembre de 2014

"Platero y yo"...y yo


No sé si en algún lugar de este blog he escrito algo sobre "Platero y yo", pero da igual. Porque podría dedicarle muchas páginas, porque hay muchos recuerdos, muchas vivencias enhebradas a su lectura. En todo caso, como las efemérides han de servir para renovar en nosotros el deseo de leer, aprovecho que se celebra estos días el centenario de su publicación para escribir de ese libro, mal llamado de niños, que tantas veces he leído, oído y escrito.

En mi colegio se usaba "Platero" para hacer dictados. Páginas enteras del libro las conservo en mi memoria, porque yo también he utilizado esas pequeñas historias, esas imágenes impresionistas, para trabajar de mil y una formas. He sentido que "Platero" es una cumbre de la poesía, sí, de la poesía en general. No es solamente prosa poética, es poesía en prosa, que va más allá. Algunos de sus pasajes tienen un nivel tan alto de emoción que te producen sentimientos encontrados, sensaciones que no puedes describir. Es una forma de abrirte los ojos hacia la pequeña vida cotidiana que es, en realidad, la que importa.

Es la capacidad de observación del autor el elemento que más me llama la atención en el libro. La forma en que, su mirada, trastoca la realidad y la interpreta, convirtiendo en objeto literario cualquier acontecimiento nimio, haciendo de un burro un personaje lleno de grandeza épica. Es la épica de lo pequeño, la exaltación de lo natural, de lo vivido. La naturaleza es, en realidad, el gran personaje que aparece reflejado no solamente en Platero, el protagonista, sino en mil detalles que podemos ir descubriendo a medida que nos adentramos en el libro.

Creo que el catalogarlo hace años como un libro para niños no le ha hecho ningún bien. Seguramente eso originó que se obligara a leerlo en edades tempranas, cuando la música puede venirle bien a los niños pero no su contenido, su sentido último. La lectura obligatoria es, sin dudarlo, la forma más directa de que los libros no se lean. Los niños buscan mil artimañas para saltarse el libro propuesto por el profesor, por eso hay que buscar otras formas de que un libro se conozca. En mi colegio, usando el sistema del dictado, lo lograron, aunque seguramente fue una estrategia espontánea.

En todo caso, "Platero y yo" es de esas obras que consideras tuya, que conoces tanto como a alguien de tu familia, o quizás más, y que llegan a formar parte de tu biografía literaria. Los libros que leemos nos hacen personas tanto o más que otros elementos influyentes, tanto o más que los amigos o la familia, o la educación que podamos recibir. Los libros tienen un factor de encuentro personal que es intransferible y que, por eso mismo, no podemos dejar de percibir.

Me gusta la dulzura de Platero, las descripciones de las calles, las fiestas, los personajes. Pero, sin duda, el pasaje que más me emociona, el que recuerdo siempre palabra por palabra, el que ha hecho saltar lágrimas de sentimiento es el del "niño tonto, sentado en su sillita, viendo el dorado pasar de los gloriosos".