jueves, 31 de diciembre de 2009

Miguel



Una vez los Reyes Magos, con la adecuada intervención de mi madre, me trajeron el disco de Serrat sobre Miguel Hernández. Antes de eso, y después, yo había leído toda su obra. La poesía y los libros biográficos, los ensayos sobre su vida y su obra.
Creo que conozco casi toda su poesía de memoria. Me quedo con su poesía amorosa, con "Cancionero y romancero de ausencia". El disco de Serrat ayudó muchísimo a que una gran cantidad de personas se acercaran a su obra y eso que no es un disco fácil, todo lo contrario.
Miguel Hernández fue un poeta peculiar. Hay quien lo considera un poeta menor, mediatizado por la política y por sus ideas. Pero creo que, quiénes esto opinan, no han leído con detalle su poesía, más allá de lo que en vida defendió y que pertenece a la esfera de sus convicciones que todos debemos respetar.
A mí me resulta un personaje entrañable, misterioso, que anda en la trastienda de la poesía, porque nunca estuvo en la misma onda de otros poetas, con vivencias diferentes y biografías más amables. A pesar de que ser poeta es muy duro. Ver la vida a través de los versos debe ser complicado, mucho más en momentos convulsos como los que a él, como a otros muchos, le tocó vivir.
En este año 2010 se celebra el primer centenario de su nacimiento. Hay una serie de actos programados por la Fundación que lleva su nombre, que quiere declarar este 2010 como Año Hernandiano. Mientras pensamos qué podemos hacer en el Instituto para acercar a los alumnos a este poeta, vamos a recordar su vida y su obra.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

La poesía de la música



Una ROSA es una ROSA

Una de mis profesoras de Francés del Bachillerato (se llamaba Lilina, era francesa, alta, guapa y elegantísima) usaba en sus clases las canciones de Salvatore Adamo. Ya sabéis, al menos los aficionados a la música francesa, que es un cantautor italo-belga (aunque cantaba siempre en francés) de enorme éxito, que conserva todavía en esos países, aunque en España no esté de actualidad. Más bien es un clásico, como clásicos son también algunos de sus temas: Mis manos en tu cintura, Inch Allah, Cae la nieve, La noche, etc.
Era un estupendo sistema para aprender el idioma utilizando algo que era de nuestro interés. Así que, como vemos, siempre ha habido y los habrá profesores innovadores, profesores que dan un paso adelante con imaginación, fantasía, ilusión. Son los profesores a los que les gusta enseñar y por ello mismo aquellos con quienes mejor se aprenden.
Hay, ahora mismo, profesores, que trabajan la Lengua Castellana y las lenguas extranjeras utilizando canciones o poemas. Vamos a centrarnos en los primeros. Las canciones (que son en muchos casos, cuando tienen calidad, verdaderos poemas sonoros) son un elemento muy cercano a los alumnos y, por eso mismo, enseñarles a través de ellas puede resultar útil y gratificante. La música es una maravillosa herramienta para el aprendizaje, además de un conocimiento en sí mismo (aunque, en este último aspecto, no nos vamos a parar ahora mismo).
Supongamos que un profesor toma letras de canciones de artistas como Joan Manuel Serrat, Carlos Cano o Luis Eduardo Aute. Encontrará un enorme vivero de posibilidades, todas ellas interesantes y, además, una buena predisposición por parte de su alumnado. Hay muchos otros intérpretes y grupos con temas musicales que son susceptibles de ser usados para aprender a leer, recitar, pronunciar, para dominar el lenguaje, en suma, que es de lo que se trata.
De todos ellos me gustaría comentaros algo más de Luis Eduardo Aute. Sus canciones tienen enormes posibilidades porque son muy variadas y tienen una poesía especial. Me parece un autor muy interesante para trabajar con él en el aula, independientemente de la edad de los alumnos ya que, dentro de su producción artística, tiene un poco de todo.
Hay muchas experiencias prácticas que nos indican lo valiosas que son las letras de las canciones para acercar a nuestros alumnos al lenguaje. Al fin y al cabo, se trata de que se familiaricen con lo que significa palabra y el contexto, algo que se puede lograr utilizando medios diversos. La ventaja de la música es que entra maravillosamente porque el sonido es un aspecto añadido que hace más fácil entender y asimilar los secretos del lenguaje.

viernes, 25 de diciembre de 2009

LOS MEJORES DE 2009 EN "El País"

El Diario "El País" del viernes 25 de diciembre, en su edición digital, ha publicado este balance de los mejores libros publicados en 2009.

40 libros por género

Novelas en español

Antonio Muñoz Molina ‘La noche de los tiempos’ (Seix Barral).
Haroldo Conti ‘Sudeste’ (Bartleby).
Agustín Fernández Mallo ‘Nocilla Lab’ (Alfaguara).
Leonardo Padura ‘El hombre que amaba a los perros’ (Tusquets).
Andrés Neuman ‘El viajero del siglo’ (Alfaguara).

Ensayo

Javier Cercas ‘Anatomía de un instante’ (Mondadori).
Javier Gomá ‘Ejemplaridad pública’ (Taurus).
Antony Beevor ‘El Día D’ (Crítica).
John Carlin ‘El factor humano’ (Seix Barral).
Rüdiger Safranski ‘Romanticismo: una odisea del espíritu alemán’ (Tusquets)

Novelas traducidas

Philip Roth ‘Indignación’ (Mondadori).
Miklos Banffy ‘Los días contados’ (Libros del Asteroide).
Patrick Modiano ‘Calle de las tiendas oscuras’ (Anagrama).
Haruki Murakami ‘El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas’ (Tusquets).
Heimito von Doderer ‘Los demonios’ (Acantilado).

Ensayo literario-cultural

Francisco Casavella ‘Elevación, elegancia y entusiasmo’ (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores).
Alex Ross ‘El ruido eterno’ (Seix Barral).
JM Coetzee ‘Mecanismos internos. Ensayos 2000-2005’ (Mondadori.)
Thomas Bernhard ‘Mis premios’ (Alianza).
Milan Kundera ‘Un encuentro’ (Tusquets).

Relatos

Tobias Wolf ‘Aquí empieza nuestra historia’ (Alfaguara).
Pierre Michon ‘Mitologías de invierno: El emperador de Occidente’ (Alfabia).
Eduardo Mendoza ‘Tres vidas de santos’ (Seix Barral).
Anderson Sherwood ‘Cuentos Reunidos’ (Lumen).
Mavis Gallant ‘Los cuentos’ (Lumen).

Diarios, biografía, correspondencia

Giacomo Casanova ‘Historia de mi vida’ (Atalanta).
Antonio Gamoneda ‘Un armario lleno de sombras’ (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores).
Emily Dickinson ‘Cartas’ (Lumen).
Santos Juliá ‘Vida y tiempo de Manuel Azaña’ ( Taurus).
José Lázaro ‘Vida y muerte de Luis Martín Santos’ (Tusquets).

Autores en alza

Aleksandar Hemon ‘El proyecto Lázaro’ (Duomo)
Lorrie Moore ‘Al pie de la escalera’ (Seix Barral).
Yuri Herrera ‘Señales que precederán al fin del mundo’ (Periférica).
Benjamin Taylor ‘El libro de la venganza’ (Mondadori).
Mathias Enard ‘Zona’ (Belacqua).

Poesía

Wislawa Szymborska ‘Aquí’ (Bertleby).
Anne Sexton ‘Poemas de amor’ (Linteo).
Peter Handke ‘Vivir sin poesía’ (Bartleby).
Ada Salas ‘No duerme el animal’ (Hiperión).
John Ashbery ‘Un país mundano’ (Lumen).

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Termina un cuento...

RUDOLF THE BAD



Rudolf vive en una gran ciudad, una ciudad con grandes rascacielos, con un enorme río, con puentes y con metro. En el metro viaja Rudolf por la ciudad, acompañado de su padre o, a veces, de sus dos primos. Rudolf tiene quince años y no se llama Rudolf, sino Jaime, pero esto no tiene la menor importancia para nuestra historia. Tampoco se apellida The Bad, pero, si alguno de los que leen esto es aficionado al cine, ya entenderá de dónde viene la cosa.

Resulta que Jaime o Rudolf vive en una urbanización con casas, chalets y pisos, todo a la vez. Y en esa urbanización pasan cosas muy, pero que muy raras. Por ejemplo, que desaparecen las cosas. Por ejemplo, que aparecen personas a las que nadie conoce (pero esto es una historia demasiado larga para referirla aquí). Por ejemplo, que los niños se preguntan asombrados cómo es posible que todo eso ocurra y que nadie parezca darse cuenta.

Rudolf y sus dos primos saben que las cosas desaparecen por lo de las banderas. En el Instituto donde estudian, a un par de calles de distancia de su urbanización, había banderas en el patio, rodeadas de césped y colocadas en unos palos muy altos. Bueno, pues las banderas, que eran por lo menos tres, representando cosas distintas, empezaron a desaparecer. En una ocasión desapareció la de la izquierda; después de reponerla, desapareció la del centro. Luego, la de la derecha. Repuestas todas, volvieron las desapariciones y, esta vez, no quedó ni una sola bandera ondeando al viento.

El director del Instituto y el jefe de estudios estaban muy molestos con todo aquello. Las banderas no eran muy caras pero les parecía un gamberrismo total eso de que fueran desapareciendo. Además, era una pena porque quedaban muy bonitas, allí en medio del césped, tan cuidado y verde y las banderas con esos colores llamativos y esos escudos en el centro de las telas.

Rudolf y sus primos se enteraron del tema de las banderas porque eran muy observadores y, cuando llegaba la hora del recreo, jugaban a que se convertían en detectives privados, privadísimos, y se lanzaban a investigar asesinatos, secuestros y demás maldades de la imaginación calenturienta de los novelistas que escribían los libros que a ellos les gustaba leer.

Como Rudolf quería ser de mayor creador de videojuegos pues estaba siempre muy ocupado observando a sus semejantes. Decía que de la vida se podían sacar personajes auténticamente estrafalarios y propios de los videojuegos más curiosos. Por eso se dedicaba a mirar lo que hacían los chavales del recreo y comentaba con sus primos todas las cosas que le resultaban asombrosas.

Así cayeron en la cuenta del tema de las banderas y casi ningún otro niño se percató del ir y venir de las banderas en los mástiles. Cuando el director decidió que iba a estar una temporadita sin reponer las banderas, porque le había costado ya un dinerito al Instituto y el encargado de arreglarlas y colocarlas estaba un poco harto, pues entonces fue cuando Rudolf y sus primos y también alguno más, se sentaron al pie de los mástiles y se pusieron a darle vueltas a la cabeza para intentar desentrañar el misterio.

¿Qué podía haber ocurrido con las banderas del Instituto? ¿Era un juego, una broma, una gamberrada? ¿Quién o quiénes serían los autores de tamaño desaguisado que tenía en vilo al conserje y al director?...



(Ahora entras tú en acción: Escribe las diez líneas finales de esta historia)

jueves, 17 de diciembre de 2009

La luz de la infancia



Días antes de llegar la Navidad, mi padre iba a la tienda de Celestino y compraba todos los dulces, los turrones, el jamón, todas las deliciosas chucherías que en esos días se iban a comer. Después, adornábamos la casa en una mezcla de tendencias, como diría hoy un estilista de decoración: un árbol de Navidad, un Nacimiento, guirnaldas, bolas de colores, piñas, angelitos en los cristales, espumillón, botas de San Nicolás, bandejas de polvorones, pequeños detalles repartidos por toda la casa...El verde y el rojo eran los colores de esos días y todo el mundo andaba sigiloso, teniendo mucho cuidado de no abrir determinados armarios o alacenas, porque allí, oh milagro, podía aparecer, en cualquier momento, un presente de los Reyes Magos. Siento deciros que Papá Noel se incorporó más tarde, pero, desde luego, cuando lo hizo, también contribuyó lo suyo a ese laberinto de paquetes y lazos que iban y venían de un lado a otro como si fuera un vodevil.

La Navidad reunía en la casa a todos los hermanos, a toda la gente que, de ordinario, andaba en sus ocupaciones y en sus estudios. Las edades diferentes, los gustos distintos, nada de eso importaba. Lo suyo era empezar el día a buena hora, con el portón abierto y la mesa preparada con mantecados, alfajores y amarguillos, con Pan de Cádiz y mazapán, para que la llegada de los amigos, de los vecinos (sobre todo, de las vecinas) pudiera acompañarse de un rato de charla, de un buen café y una copita, cuando el día era más frío.

La casa era un continuo trasiego de gente, algunas veces disfrazadas de mil cosas, reviviendo los disfraces de carnaval, que se guardaban en el gran baúl oscuro, que se abría de vez en cuando. Los disfraces le daban un aire peculiar a la nochebuena, porque, después de la cena en familia, todos nos lanzábamos a la calle (nuestra calle, ese paraíso de la felicidad que todos llevamos en el corazón) y así, de casa en casa, llegaba el amanecer, cantando, bailando y riendo.

Después del año viejo, llegaba el nuevo (y con él, el único día del año en que mi padre tomaba vacaciones). Día grande, de almuerzo familiar, de trajes nuevos y de regalos. Cercano ya el final de las vacaciones, el gran espectáculo, el maravilloso mundo de los Reyes Magos. Secretos bien guardados, cuchicheos, cartas que iban y venían, Cabalgatas que apenas tenían caramelos (porque no era esa fastuosa Cabalgata sevillana, sino otra más pequeña, sencilla y sin alardes). Noches de no dormir y de despertares con sorpresa. Cajas cubiertas de brillantes colores, muñecas (sobre todo), el barco pirata, los playmovil, los Juegos Reunidos, las bicis, y, siempre, sin discusión, los "avíos del colegio", los libros y los discos.

Bendita luz de la infancia que se fue y que, por mucho que quiera revivirse, ya nunca volverá sino en nuestros recuerdos.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Niños que escriben



Esta mañana he estado en un acto muy agradable. Se han entregado los premios literarios de la Feria del Libro del Aljarafe, que se ha celebrado en Tomares durante varios días. Por primera vez en esta Feria ha habido premios para niños y jóvenes, tanto para narrativa como para poesía. Los ganadores han leído sus poemas y relatos, dando al acto un aire entrañable.
Viendo y oyendo a esos niños he reflexionado sobre algo en lo que pienso a menudo: el imprescindible, importantísimo e ineludible papel que la lectura tiene en la formación de las personas. Si fuéramos capaces de fomentar la lectura y de conseguir que el número de lectores fuera verdaderamente alto, entonces el sistema educativo, la educación, tendría grandes posibilidades de mejorar.
Ese es nuestro punto débil o, al menos, uno de ellos. Habría mucho que decir al respecto pero en este blog me quedo con la sensación de que esos niños que tenía delante, niños que leyeron sus textos ante un auditorio, quizá por primera vez, están recorriendo el camino adecuado en su educación. El que va de saber leer, de leer, a escribir. Porque cuando uno es capaz de plasmar por escrito lo que sabe, piensa o siente, ha completado una gran parte de su formación. El lenguaje configura el pensamiento, eso ya lo han dicho especialistas de distinto signo que se han preocupado de estudiar la forma en la que el ser humano llega a conseguir hablar y convertir en palabras lo que ve. En su libro "El habla del niño" Bruner nos acerca a esta incontestable cuestión y lo mismo han hecho otros autores que han trabajado sobre el desarrollo en la edad infantil, como Miguel Ángel Zabalza.
Desde el punto de vista de los padres, todo el tiempo que uno dedica a sentarse con el niño y mostrarle palabras, dibujos que representan esas palabras, realidades, ideas por escrito, es tiempo ganado. De esos libros primeros con pastas duras, pocas palabras y muchas imágenes, el niño lector irá subiendo escalones y, si esos escalones los sube con sus padres, mucho mejor. Los niños lectores, los que entienden lo que leen, son capaces de traducir en palabras las preguntas que se les formulan, tienen un vocabulario amplio y razonan convenientemente, son los niños que han recorrido el largo camino de la lectura y de la escritura.
Quizá los profesores no valoramos suficientemente esta cuestión. O tal vez sí la valoramos pero pensamos que el niño tiene que leer en otro sitio o "venir leído de casa". Pero todo el tiempo que le dediquemos a la lectura será tiempo ganado. No solamente en la clase de Lengua (aunque sí fundamentalmente) sino en el resto de las materias, pues si un niño no sabe leer bien (y esto no es lectura mecánica, sino comprensiva también) ¿cómo va a entender nada?
Demasiadas veces oímos a profesores decir que el problema no está en tal o cual concepto sino en entender las preguntas, en dominar el instrumento básico que es el lenguaje, tanto escrito como oral. Si esto es así, ¿por qué no emprendemos la gran tarea de conseguir que la lectura sea el centro de nuestra actividad escolar?
Como ha dicho hoy en el acto el escritor y profesor Eliacer Cansino: "atrévete a leer". Pongamos en marcha un plan sistemático, cuidadoso y continuado para introducir la lectura y la escritura de textos en nuestro trabajo cotidiano en el aula, independientemente de la asignatura que estemos impartiendo. Libros, libros, libros, en el aula, para hacerles llegar a los alumnos el sentido máximo del lenguaje, única forma de que luego puedan seguir avanzando.
Hay quien dice: "sé lo que quiero decir, pero no me salen las palabras". No, no sabes lo que quieres decir, porque si las palabras no llegan a ti como deben, es que tu pensamiento no está correctamente configurado, es que te falla lo elemental.
Vamos a convertirnos en activistas de la lectura, en decididos promotores del trabajo escolar en torno a la palabra, oral y escrita. Podemos fijarnos, si queremos, en el ejemplo de Finlandia, que tan buenos resultados logra en todos los stándares educativos. En Finlandia, la lectura es lo primero, a pesar de que no aprenden a leer hasta los seis o siete años. Activistas de la lectura en nuestras aulas y en nuestro instituto, llevando libros a las clases y valorando el trabajo que el alumno hace al leer, exponer, hablar, comentar, debatir, razonar, escribir.
Esta mañana algunos niños demostraron que estaban recorriendo el camino correcto. La niña pequeña que llevaba el vestidito a cuadros y leyó una poesía, escrita por ella, con una rima esdrújula. El niño que estaba tan contento de vivir en Tomares y describía el pueblo con sonoros adjetivos. Nuestras alumnas, la de primero de ESO y la de cuarto de ESO. Ésta última, ganadora ya en otras ocasiones de premios literarios y que se revela como una escritora en ciernes, con personalidad, sentimientos y calidad. Atentos a Victoria que, como su nombre indica, navegará seguro entre los premios literarios en el futuro.
¿Activistas de la lectura?
Pues sí: atrévete a leer.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Némirovsky, rescatada


Hace un par de años descubrí a Irène Némirovsky. La editorial Salamandra publicó un librito muy fino con pocas páginas, que se llamaba "El baile": una adolescente de doce años en constante lucha con su atroz mamá.
Después de eso, como ocurre tantas otras veces, me dediqué a buscar la obra de esta autora y a conocer cosas de ella. Para los lectores de este blog que no la conozcan diremos que nació en Kiev en 1903 y murió en 1942 en el campo de concentración de Auschwitz. Su familia se estableció en París, en el año 1919, huyendo de la revolución bolchevique y allí estudió en la Sorbona. Poseía una educación exquisita y se licenció en Letras. En 1929 comenzó su carrera literaria con la publicación de la novela "David Golder" en la editorial francesa Grasset. Su enorme fama y prestigio no impidió que fuera deportada al campo de exterminio donde murió. Allí murió también su marido y sus hijas huérfanas fueron las que conservaron, en una vieja maleta, los papeles de su madre, que resultaron contener un tesoro en textos escritos. Entre esos papeles estaba el manuscrito de una obra que dejó inédita y, quién sabe si inacabada. Se trata de "Suite francesa" en la que se destila toda la amargura y la tristeza de quien presiente que la sinrazón acabará con todo, incluso con una prometedora carrera literaria, con un matrimonio, una familia y, en general, con la vida.
Además de estas tres obras que os he citado recorriendo un poco su vida, otra obra inédita llegó a las librerías recientemente. La editorial Salamandra puso en las librerías "El ardor de la sangre" extraordinaria novela que se desarrolla en una tranquila ciudad de provincias francesa a principios de los años treinta. Allí viven esos personajes, cuyo destino se ve truncado por la vuelta de los fantasmas del pasado, que acechan y que impedirán que la vida plácida vuelva a ser lo que era para todos ellos.
Impresionante. Os recomiendo toda la obra de Nèmirovsky. Podéis empezar por cualquiera, aunque yo lo haría por "El ardor de la sangre" y "El baile". Solamente después podemos abordar "Suite francesa" con la suficiente visión de la autora para entenderla.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Un catedrático para hacer historia



Antonio Miguel Bernal es uno de los más ilustres representantes de la actual generación de historiadores, especialistas en reconstruir las relaciones económicas y sociales entre España y el Nuevo Mundo. A esta cuestión ya dedicó, hace unos años, un magnífico volumen, La financiación de la carrera de Indias (1492-1824) (Madrid, 1992), primera pieza de una proyectada trilogía de la que ahora nos ofrece su segunda manifestación, España, proyecto inacabado. Sobre las relaciones entre España y la América colonial tiene otras muchas publicaciones, dedicadas a analizar el destino de los metales preciosos americanos que llegaron a Europa, a través de España, o de las consecuencias del llamado “libre comercio” transatlántico en el último tercio del siglo XVIII. Pero Antonio Miguel Bernal también se ha ocupado con detenimiento en los problemas de las relaciones sociales y económicas de la España contemporánea, especialmente en la Andalucía rural de los siglos XIX y XX. En el libro que ahora se comenta, España, proyecto inacabado, se abordan, en realidad, dos cuestiones fundamentales, susceptibles de ser analizadas por separado, pero que finalmente se enlazan en una tercera. Por un lado, se presenta una inteligente y completa visión de las relaciones, sobre todo económicas, pero también sociopolíticas y culturales, entre España y América, desde finales del siglo XV a principios del XIX. Además de las ideas y preocupaciones de los españoles de aquellos tiempos, se refleja con gran precisión el panorama intelectual de los europeos del Renacimiento y de las épocas posteriores, desde Italia a Holanda e Inglaterra, inevitablemente afectados, y hasta conmovidos por la magnitud del fenómeno americano, que cambió las dimensiones de su mundo físico, económico y científico. Esta primera cuestión queda reflejada en el subtítulo de la obra: los costes y beneficios del Imperio.No trata el autor de plantear, en este estudio, un análisis cuantitativo, aunque se hacen algunas precisas e inevitables referencias a la dimensión económica de las riquezas encontradas y traídas de América, al nacimiento de nuevos mercados de alcance transoceánico, y también a los problemas suscitados por la construcción del Imperio, financiado -como lo estuvo la hegemónica Monarquía de los Austrias en Europa-, aunque sólo fuera en parte, por aquellos riquísimos veneros de oro y plata.La segunda cuestión fundamental que aborda Antonio Miguel Bernal, y que aparece en el título del libro, enlaza con una preocupación específica de nuestros días: ¿cómo se hace el Estado, cómo se organiza España? Y la hace depender de esta otra: ¿cómo organizó España a América? Se refiere, en concreto, el autor a la ingeniería política del Estado contemporáneo y a la participación que los herederos de las antiguas Coronas -de Castilla, Aragón y Navarra- reclaman en dicha tarea colectiva. Hace algun tiempo, el profesor Fontana estableció una relación directa y casual entre la pérdida de las colonias americanas y el surgimiento del liberalismo en España. Venía a decir que la Monarquía Absoluta no podía sobrevivir en España sin la permanencia del vínculo americano. Ello era así por varias razones, como la económica, puesto que una porción nada desdeñable de los ingresos ordinarios de la Corona, a finales del siglo XVIII, -en opinión de algunos, superior al veinte por ciento-provenían de Ultramar. Pero también se refería el profesor Fontana a la inviabilidad, a largo plazo, de un mundo ideológico desprovisto de correspondencia material: una Monarquía nacida de sus dominios en Europa -ya perdidos- y más tarde convertida en Imperio, cuyos componentes finalmente se habían independizado. La revolución liberal española no era sino la versión europea de los criollos que se emancipaban en el Nuevo Mundo. Antonio Miguel Bernal da un paso más allá y enlaza algunos de los problemas actuales e internos de España con la forma, a su entender errónea, de organizar la dependencia de los pueblos y de las tierras americanas respecto de la Monarquía española. Sobre todo, una herida mal cerrada habría sido la del protagonismo exclusivo que Castilla impuso a la empresa americana, no sólo al Descubrimiento y a la colonización, sino a la posterior administración y explotación de los Virreinatos, al menos hasta el siglo XVIII.Sin duda, dicha cuestión revestirá de polémica a este libro de Antonio Miguel Bernal. Sea entendido ello como virtud y nunca como defecto. Aun los disconformes podrán encontrarse, al hojear sus páginas con una espléndida puesta al día de los conocimientos más vivos e interesantes que se han escrito, dentro y fuera de España, sobre la historia económica y política de la colonización hispánica en América.
Pedro TEDDE DE LORCA (El Cultural)



Este texto aparecido en El Cultural nos muestra algunos aspectos de la obra del profesor de la Universidad de Sevilla (Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales) Doctor D. Antonio Miguel Bernal, que nos visitó con motivo de la conmemoración de la Constitución. Los alumnos y profesores que tuvieron la suerte de asistir al acto pueden constatar sus conocimientos, su genial oratoria y su claridad expositiva.

Para completar el conocimiento de su obra, nada mejor que este libro, por el que obtuvo el Premio Nacional de Historia en el año 2006.

España, proyecto inacabadoAntonio Miguel Bernal
Fundación Carolina/Centro de Estudios Hispánicos/Marcial Pons. 612 págs.