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Mostrando las entradas etiquetadas como Francia

En una bicicleta con cesta y cintas de colores

 Era la Provenza, era verano, y eran mis tiempos del sur de Francia y mi bicicleta. Tenía una cesta de mimbre acoplada, de su tranquilo color azul y cintas en los manillares y tenía también un sonido curioso al tocar el timbre y funcionaba muy bien a pesar de que era viaje. En ella recorría aquel pueblo rodeado de plantaciones de lavandas y con una leve cuesta que llegaba hasta el mar. Por allí estaba siempre aquel muchacho, tan parecido a Theo James pero sin Sanditon y comíamos unos cuántos en una especie de bar improvisado donde Pedro y Marie habían creado el ecosistema plurinacional más complicado del mundo. Desde la quiche al cuscús. Si supiéramos qué llegarían a ser estas cosas al cabo de los años, seguramente no habría quejas por una picadura de mosquito ni porque el agua con gas no lo llevara. Más bien gastaríamos el tiempo en mirarnos a los ojos y en rebasar todos los límites de la decencia con aquel Theo James, tan exquisito. 

Avignon, tout le temps

  Cenamos en Le Violette y luego recorrimos las calles. Brillaban. Se oía un sonido tenue de alguna fiesta en algún sitio. Pero nada molesto, nada que hiciera interferencia con el amor y el eco de los ojos. Nos miramos. Hacía calor pero a quién le importaba. No a nosotros, tan jóvenes. No a nosotros, tan llenos. No a nosotros, tan enamorados. La ciudad se revolvía sobre sí misma. La plaza del carrusel siempre estaba llena y, durante el día, teníamos la ocasión precisa para recorrer librerías, comprar regalos y regalarnos a nosotros mismos, dos amantes sin indecisiones, completamente seguros, libros y convertidos en fuego y bruma.  Nous avons dîné au restaurant Le Violette, puis nous nous sommes promenés dans les rues. Elles brillaient. Il y avait un léger bruit de fête quelque part. Mais rien de gênant, rien qui ne puisse perturber l'amour et l'écho des yeux. Nous nous sommes regardés. Il faisait chaud, mais qui s'en souciait ? Pas nous, si jeunes. Pas à nous, si pleins. Pa...

L'amour parle toujours français

Una de mis tías (guapísima y muy fan) me regaló en mi adolescencia una foto de Alain Delon. Tengo que decir que era una postal en la que el actor francés vestía de azul cielo a juego con sus ojos azul cielo. La postal está guardada en una de esas cajas de lata de colores que tengo por aquí y que reviso de vez en cuando porque las cosas que contiene son todas de un delicioso que abruma. Y, desde aquel regalo, Alain Delon pasó a formar parte de mi olimpo. Solo podría recordar de él un par de películas pero eso da lo mismo. Era mucho más que un actor de cine. Era el chico con el que cualquiera de mis amigas pasearía por la calle Real para que las demás nos muriéramos de envidia.  Años después descubrí Francia. En ese descubrimiento había otros galanes estilo Delon, aunque ninguno como él. Y había bastantes más cosas de las previsibles. Paisajes que se vestían de malva o de naranja. Casas de piedra, con hornacinas dedicadas a las vírgenes. Helados caseros en casas de amigos ex...