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Mostrando las entradas etiquetadas como Annie Leibovitz

El abordaje de las lágrimas

  /Fotografía, Annie Leibovitz para Vogue/ De aquellos días lejanos apenas era capaz de recordar nada, salvo las lágrimas. Aquellos días eran un paraíso de lágrimas. Lágrimas encendidas, a punto de saltar con el menor motivo aunque, pensándolo bien, había un motivo gigantesco en todo aquello. Llorar sin aparente razón encierra una razón inevitable. Una vez notó que los ojos se le habían empequeñecido y que tenían un surco oscuro alrededor que antes no existía. Las arrugas pequeñas pero muy marcadas habían convertido la zona de los párpados en perfectos  cauces de ríos por donde podían discurrir las lágrimas a su antojo. Cerraba los ojos y notaba siempre una especie de calor difuso, como si estuvieran a la expectativa. Llorar era la única cosa que surgía espontáneamente.  Entonces se había alegrado de la soledad. Su hija se había marchado casi enseguida, vivía en otra ciudad en un piso con otras estudiantes y ella se quedó en el chalet donde los últimos años intentaron con...

La foto

/Annie Leibovitz, fotografía/ He visto a tu ex-mujer en una foto. Parece triste. Tiene la mirada perdida y sin esperanza. Las manos aprisionan un bolso pequeño, un bolso de fiesta. Una media sonrisa imperceptible. El pelo liso, de peluquería, una corona en torno a la cabeza. Va vestida de oscuro y lleva una chaqueta de fantasía. Pero los ojos lo dicen todo. Da la impresión de que se ha quedado atrás, de que no está dentro de la foto, de que es ella la que nos mira a través del objetivo de la cámara. Es una tristeza que no viene de ahora, estoy segura. Una tristeza que tiene mucho que ver con abandonos. Te conozco. Sé cómo actúas. Y por eso el abandono no es cosa de un momento. No es una decisión, no es un divorcio. No es un hachazo a la vida en común. Es solo un corte momentáneo, la búsqueda de un estatus más cómodo para ti. Seguir viviendo solo, pero que ella esté a la mano. Que cumpla su papel, la madre de tus hijos. Que haya celebraciones en las que os vean juntos. Que aparezca en l...

Oculta geografía

(Jennifer Lawrence en Nueva York. Fotografía de  Annie Leibovitz para Vogue, septiembre 2017) He vivido en el centro del miedo. He lanzado preguntas y ninguna ha tenido respuesta. He sentido un volcán de lava derretida bajo mis pasos. He soñado que mi vida era otra. He querido ser alguien diferente. He llorado hasta que las lágrimas han dejado de existir. Me ha dolido el corazón sin que nada ni nadie pudiera siquiera darse cuenta de que las notas de mi melodía estaban apagadas. He sido cobarde para amar. He sido valiente para decir adiós.  Pero he aquí que, a miles de kilómetros del mundo, quizá en otra galaxia, la luna se ha adueñado de un firmamento oscuro, yermo de estrellas, escrito en tinta china. El centro de la bóveda rodea el cuarto creciente y debajo, la arena que hace horas abrasaba, se ha tornado en azúcar, cálida y sin terrones. Los pies desnudos, los pies descalzos, todo, desnuda entera yo, mi corazón desnudo.  Me he mirado a mí misma a través de ...

El mundo era una reluciente madrugada

  (Obesia) El duelo es un paréntesis de nieve, una franja fría y solitaria, en la que no caben nada más que las lágrimas. A veces, hasta ellas mismas se escapan, se convierten en absurdas, huyen de ti, no quieren saber nada, nada de lo que eres, lo que fuiste o dejaste de ser. Un caos. El caos es el lugar propio de quienes han sido abandonados en una riada explosiva de agua libre, que cae en cascada, sobre el vestido azul, sobre las manos, sobre el cuerpo entero, abandonado, sin abrazos ni firmas. Un tiempo de escasez dentro de un universo de preguntas que no obtienen respuestas.  (Cinderella) Puede que haya un milagro, puede que una ilusión advenediza, inmerecida y sin cálculo alguno, aparezca por algún horizonte y reescriba la historia o la convierta en otra. Tú no serás la misma y los demás tampoco. Demasiado observarte tras la lupa de un mundo que no entiende sino seguir girando en el lado correcto de las cosas. Puede que haya un milagro y entonces los vestidos serán todos...

Libros de feria

(Annie Leibovitz) Para cualquier lector, las ferias del libro son territorios cómplices, tierra conocida, paisajes cuya exploración siempre te trae alguna sorpresa, algún aliciente. Mucho más que ante cualquier otro escaparate sueles detenerte en la fila ordenada de libros, en las novedades o en las firmas, si es que tienes cierto estilo mitómano y aprecias el conocimiento directo de los escritores. No siempre esto es bueno, te lo advierto. Porque una cosa es escribir y otra ser. Y el ser y la literatura no van de la mano, o no suelen ir de la mano. Las biografías de los artistas, entre ellos los literatos, nos deparan una gran cantidad de disgustos, porque pueden llegar a cambiar el signo de tus gustos por cuestiones ideológicas o de conducta o de opiniones. Sin embargo, en las ferias del libro las firmas siguen siendo un polo de interés a pesar de que aquellos escritores que más amamos nunca serán firmantes por razones obvias. Un catedrático contaba en sus clases que co...