Irène Némirovsky explora como nadie las difíciles relaciones entre madres e hijas. En este caso no hablamos de la rivalidad que tantas veces asoma en otras autoras, ni de la diferencia de opinión. Edna O'Brien se oponía a la concepción extremista de la religión que tenía su madre. Vivian Gornick , recientemente, ha contado cuántas cosas le molestaban de su progenitora. En el caso de Irène hablamos de abandono, puro y simple abandono. Nacida en una familia de la burguesía acomodada, que poco podía presentir el trágico final que el nazismo iba a darles, ella nunca se sintió querida por su madre, a la que veía muy poco y con la que no tuvo lazos de cariño o afinidad. Su infancia fue el germen de una especie de odio que la acompañó siempre en relación con la figura de su madre y que aparece en muchos de sus libros, como " El baile ", o " El malentendido ". También aquí, en " La enemiga ", donde la efervescencia de una adolescente que no recibe atenció...
Desde 2009, leyendo y escribiendo El blog de Caty León