La abadía de Northanger es un libro muy especial. Tiene una protagonista tan inocente, crédula y poco mundana que te inspira una mezcla de asombro y ternura. Pero estoy segura de que había muchas chicas como ella en aquellos años, chicas que leían novelas góticas y que soñaban con que a ellas les sucediera “algo” interesante, algo que cambiara su rutina. Chicas que se enamoraban o creían enamorarse a las primeras de cambio y que eran un poco trastos en algún sentido. Lo que ocasionaba que hubiera madres como la de Catherine Morland, que le da unos estupendos consejos que ella no va a seguir. Pero la novela es también una crítica implacable contra los periodistas y contra las malas novelas, al tiempo que defiende con pasión el género cuando es bueno. Puede parecer que todo esto tiene un gran sentido de actualidad para nosotros y así es. Los críticos salen malparados y la gente que presume de no leer novelas y de dedicar su tiempo a libros sesudos se llevan su buena ración de ironí...
Desde 2009, leyendo y escribiendo El blog de Caty León