Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Joaquín Sorolla

Demasiado tarde para entenderlo todo

 La niña que fui me interpela a veces, hace preguntas incómodas y no da ninguna respuesta. Se sitúa frente al mar con los pies descalzos y ve pasar las tiernas olas y ve moverse la arena, mientras que ella no se mueve, ni siquiera un leve balanceo. Huele a salitre, a océano y, en la distancia, a sombrillas y filete empanado. Pasea solitaria por la orilla, de un lado a otro, mirando hacia delante y, de vez en cuando, se para a contemplar el horizonte, y delante no hay nada, solo la enorme extensión de agua azul-verde, gris azulada, azul-gris. La niña que fui me produce pena. Ella aún no lo sabe pero le quedan lágrimas por derramar y en su ignorancia, da saltos y canta canciones de amor y se ríe con ganas, porque la niña, entonces no sabía nada de sí misma. Si da la espalda al agua entonces la arena tiene el aspecto de las dunas de un desierto, no hay edificios, ni duchas, ni chiringuitos, ni hay nada que no sea el rayado ulular de las sombrillas cuando salta el levante. La niña surg...

El milagro de los días lentos

  En la playa había toda clase de artefactos marinos. Y con algunos de ellos hacíamos una especie de artilugio para atarlo a las chanclas de goma. Sonaba al caminar y daba la impresión de que llevábamos tacones. Todas queríamos llevar tacones cuanto antes. En los días lentos del verano una de las distracciones era entrar a escondidas en los dormitorios de los padres. Aparecían oscuros, con las ventanas corridas y una sensación de frescor que llamaba la atención. En las cómodas había algunos cajones que nos interesaban y sobre ellas los cacharros de la belleza, la crema, el lápiz de labios, el cepillo del pelo, un espejo, un bote de colonia. Ese territorio prohibido había que explorarlo en los momentos más inesperados, para que las madres no nos sorprendieran y el juego no se acabara antes de tiempo. Y luego venían las confidencias, porque había madres de todas clases incluso las que tenían en la mesita de noche los versos de Gustavo Adolfo Bécquer.  (Pintura: Joaquín Sorolla)

La paz es un cuadro de Sorolla

  (Foto: Museo Sorolla) La paz es un patio con macetas con una silla baja para poder leer. Y algunos rayos de sol que entren sin molestar y el susurro genuino del agua en una alberca o en un grifo. Y mucho verde y muchas flores rojas, rosas, blancas y lilas. Y tiestos de barro y tiestos de cerámica. Colores. Un cuadro de Sorolla. La paz es un cuadro de Sorolla.  Dos veces tuve un patio, dos veces lo perdí. Del primero apenas si me acuerdo, solo de aquellos arriates y ese sol que lo cruzaba inclemente y a veces el rugido del levante y una pared blanca donde se reflejaban las voces de los niños y una escalera que te llevaba al mejor escondite: la azotea, que refulgía y empujaba las nubes no se sabía adónde. Un rincón mágico era ese patio, cuya memoria olvidé, cuya fotografía no existe, cuya realidad es a veces dudosa.  Del segundo jardín guardo memoria gráfica y memoria escrita porque lo rememoro de vez en cuando, queriendo que vuelva a existir, queriendo que las plantas re...

España

  Cabos bahías desiertos mesetas cordilleras dorada geografía un atolón de dudas una pregunta en forma de ancho cauce una duda como una nube negra.  (Cuadros de Joaquín Sorolla)