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Mostrando entradas de septiembre, 2025

Preferiría no hacerlo

Herman Melville era un hombre extraño y Bartleby, su escribiente, también. En realidad, todos los libros que escribió tienen ese punto de rareza incomprensible. Hay quien se siente fascinado por Melville y quien lo repudia. Mucha, muchísima gente que conoce a Gregory Peck y que flipan con el capitán Ahab, ni siquiera se han interesado nunca por el escritor. Este tipo de cosas las produce el cine y también la consideración de Moby Dick como una novela de aventuras para niños y jóvenes. Nada más lejos de su verdadero sentido épico de venganza y superación. Resulta muy triste para algunos creadores que su creación los anule, los oscurezca. Los lectores podemos pensar que es una suerte crear un personaje universal, una historia fácilmente reconocible por todos, pero eso es porque no somos el escritor, porque no sentimos la envidia (insana) de estar a la sombra. Porque no tenemos la necesidad de que nos quiera tanta gente como en el mundo existe. Melville, que debió ser un tipo plomizo, inc...

Amor

  Ella era una escritora de éxito. Él, un streamer que había triunfado muy joven. Cada uno de ellos vivía en un lugar distinto del mapa. Ella pagaba muchos impuestos y él muy pocos. A ella le gustaba la música de John Legend y a él la de Estopa. Ella había tenido algunos amores esporádicos y conservaba con todos ellos un toque de amistad superficial que resultaba agradable. Él sufría por desamor frecuentemente. Ella vivía sola y estaba muy a gusto. Él no podía estar solo, aunque desconocía el motivo. No había nada que tuviera que unirles, ni acercarlos, ni darlos a conocer. Pero la vida es traviesa, y el amor es muy travieso, y una vez ella firmaba libros en una librería y él entraba en esa librería a esa misma hora a buscar un cómic que quería regalar a un amigo. Y fue una enorme casualidad, porque ella vivía en esa ciudad y él vivía muy lejos de allí, incluso en otro país aunque era un país de juguete. Y él la vio a lo lejos, al fondo de la cola de gente que quería su firma....

El curso de escritura

 Ya iban tres veces. En tres ocasiones se había apuntado a un curso de escritura. El primero fue de poesía. Los profesores hablaban de figuras literarias y de metáforas y de nombres raros y había que escribir metiéndolo todo en un corsé y nada de eso parecía tener similitud alguna con la poesía que a ella le gustaba. No había sonidos ni armonía, no sonaba la música al leerlos. Tenía escritos un montón de versos pero nunca sabía si eran buenos, si valían algo o si eran solo palabras y más palabras. No le aclararon nada y dejó que el tiempo pasara sin más.  Después fue una cosa de una universidad, carísimo, que tenía que ver con la creación literaria. Dudaba mucho de que la profesora supiera escribir ni siquiera un aforismo pero había mucha teoría, teoría, teoría, teoría, y nombres raros y corsés de nuevo. Un aburrimiento. Como un libro de texto antiguo que hubiera que aprenderse sin más. No estaba la vivacidad de la creación, ni tampoco la belleza, ni la verdad. Lo dejé sin aca...

"Kavanagh" de Esther Cross

 El Kavanagh es un edificio muy especial, un rascacielos en el que la gente vive como si estuviera en un paraíso inventado. Estar en un espacio común los relaciona entre sí aunque realmente tienen poco que ver los unos con los otros. Esta es una historia coral. Cada capítulo habla de dificultades y de conflictos, seguidos a veces por buenos propósitos y otras veces de una incesante gana de fastidiar al prójimo. El Kavanagh está en Buenos Aires, la ciudad natal de la escritora, y ella ve en su figura lo mismo que los franceses con la Torre Eiffel, los estadounidenses con la Estatua de la Libertad y los griegos con el Partenón. Eso viene a decirnos con toda claridad en el posfacio que cierra la historia.  ¡Qué bien escribe Esther Cross!

Otro otoño

 /Para Antonio Mesa Ruiz. En su memoria/ Te gustaban los coches. Pero nunca pudiste tener el coche de tus sueños. ¿Soñabas? Más bien parecía que la realidad era una condición inalienable, una condición tuya más allá de la vida cotidiana. No eras hombre de sueños, sino de realidades y por eso no sufrías porque el coche con el que andabas era un coche normal, corriente, de segunda mano.  Te gustaba la vida. Pasear por el campo. Limpiabas una vara que te servía para ir moviendo las estacas de olivos o marcando el paso, al modo en que tu padre lo hizo antes que tú. El mar de olivos era tu telón de fondo, el espacio en el que viviste hasta que la vida te envió a la ciudad y la ciudad se convirtió en tu escenario. Pero eras campo a pesar de todo.  Te gustaba la gente. No de una forma explosiva, ni expansiva, ni predispuesta, ni demasiado nítida. No. A tu modo. Internamente dispuesto a comprender defectos y a destacar virtudes. Sin alharacas ni eufemismos, con el tono discreto c...

"La piedra de toque" de Edith Wharton

  El argumento:   Stephen Glennard está pasando una mala racha económica. Encima quiere casarse con su adorada Alexa Trent pero la cosa se le he puesto difícil. ¿De dónde sacar algún dinero? En tiempos, fue el amante y confidente de la gran escritora ya fallecida Margaret Aubyn, con la que mantuvo una correspondencia muy sabrosa que obra en su poder. ¿Y si utiliza esas cartas para lograr alguna ganancia? He ahí un conflicto moral de los muchos que la escritora plantea en sus novelas. Ser fiel al recuerdo de alguien a quien quiso y que le quiso o salvar el cuello en una situación problemática.  La traducción: En la nota de la traductora, Laura Naranjo Gutiérrez, que acompaña a la edición   se especifica que la obra se publicó por primera vez en la Scribner's Magazine (números de marzo y abril de 1900) y casi simultáneamente en forma de libro por la editorial Charles Scribner's de Nueva York. El título original era "The Touchstone". La publicación en revistas y por ent...

"Escribir la vida. Fotodiario" de Annie Ernaux. Esto no es nada

  A veces se abusa de publicar cosas de un autor cuando sucede un acontecimiento importante. En el caso de Annie Ernaux fue la concesión del Premio Nobel de Literatura. Fue en 2022. Supuso un reconocimiento tanto a la autora como a su género predilecto, la autoficción, de la que hay tantas muestras en la literatura de hoy, buenas, malas y muy malas. Ernaux nació en 1940 por lo que tenía ya ochenta y dos años cuando recibió el premio que, según confesó en las entrevistas de aquellos días, nunca se había esperado recibir.  A raiz del premio conocimos mejor a Annie Ernaux y mucha gente comenzó a leer sus libros. En aquel momento leí "Pura pasión" y "El joven" y los dos me gustaron. Hablé de ellos aquí en este blog, por lo que debieron interesarme, pues escribir de un libro es una señal de que me ha merecido la pena su lectura. Sin embargo, esta cuestión quizá cambie en estos momentos porque hay libros que no me gustan sin más y otros que me cabrean. Este es uno de los ...

"El ángel de piedra" de Margaret Laurence

  El ángel de piedra Margaret Laurence Traducción de Miguel Temprano Garcia Editorial Libros del Asteroide 2024 Hay una alegría especial en el descubrimiento de un nuevo libro, de un escritor desconocido. La mayoría de las veces estos hallazgos corresponde a escritoras, hay que decirlo, porque son más las que se ocultan, o están escondidas, o poco valoradas, o sin traducir. Habría que escribir las mil y una formas por las cuales llegan los libros a nosotros. El boca a boca es una increíble manera de acercarte a un libro. Eso te lleva a confiar en algunas personas cuyos gustos ya has testado en algún momento. Y la confianza es una cualidad que resulta muy importante en estos días. En las redes sociales se recomiendan libros y películas de modo que ya sabes, de antemano, quién es fiable para ti y quién no. Cuestión de gustos, sí, de coincidencia en gustos y en afición. Los lectores formamos una comunidad que encuentra pronto lazos y los conserva. Es una cuestión que ayuda a salvaguar...

Todo lo que existió estaba en sus manos

(Jeanne Hebuterne. Amedeo Modigliani) Un día el sol quemaba y, al día siguiente, las nubes habían arrebatado el aire y ya no existía sino un frío polar, un viento desapacible, un anuncio cierto de tiempos más oscuros.  En la mecedora, el balanceo de su cuerpo era imperceptible. Las fuerzas se concentraban solamente en sus manos. Manos aladas, manos llenas de dolor, manos ancladas en el paso de las horas. Las manos se movían cada vez menos y eso era el final. Todos lo sabían.  También ella lo supo. Amaneció con la esperanza de un milagro. Pero los milagros no existen. Y, si existen, son milagros piadosos que recortan el eco de sufrir y no se convierten en minutos de vida, sino en duelo sin remedio.  Lo supo y anduvo despacio, sin hacer ruido, cuidando de que la escasa sonrisa se mantuviera al menos. No hablaban de la muerte, esperaban la vida. No se dijeron cosas. No ajustaron las cuentas. Todo quedó en el limbo de lo que no se dice, de lo ...

Claro sol de octubre

  (Uta Barth, fotografía) Había un sol. Un sol de octubre, avaricioso y espléndido. Y era la calle. La intersección de tres calles dejaba el horizonte despejado. Yo, en la calle. Yo, de niña, saltando charcos, subiendo y bajando la calle. La calle, mi reino. La calle, el espacio sideral, virgen, imposible, impredecible. Un hueco entre las espadañas, las azoteas, los balcones y los tejados se abría paso para que la luz cruzara sin tasa. En esa intersección de los caminos, en ese cruce, estaba yo y llevaba unos zapatos de color rosa y unos vaqueros grises y una gabardina, fina y etérea, malva, del color de las lilas aún no nacidas. Era la resurrección. Volaba.  Era mediodía, era viernes, las clases habían terminado por esa semana, ya no había nada que hacer salvo, quizá, sentarse a disfrutar de ese rayo de sol, pasear por la calle con los zapatos rosas, moverse de un lado a otro, hablar, hablar, reírse. Por vez primera en años fui feliz, no tuve miedo, ni dolor, mis pies se moví...

La tintorería

En medio de la calle, inopinadamente, se alzaba la tintorería. El paso del tiempo ha borrado de mi mente su imagen. Además, ahora nos cuesta entender su presencia contaminante dentro de una calle habitada. Porque no era una tintorería como las actuales, modernas, eficaces, pulcras, sin olores. No era un establecimiento con grandes máquinas y un cómodo mostrador, no era solamente un lugar para limpiar en seco o para planchar los trajes, de fiesta, de novia, de comunión o de madrina...La tintorería tenía como principal función la de teñir. Se teñían de azul marino las ropas de color estropeadas que había que reutilizar y darle nuevo lustre, se teñían de negro las ropas para el luto, se limpiaban al seco y se planchaban al vapor los trajes de militares y las túnicas para la Semana Santa... La gran sala interior parecía un laboratorio y estaba llena de barreños y calderas colmadas de tinte, que despedían un olor intenso, fortísimo, que daba dolor de cabeza. En un almacén perma...

'The Old Man & the Gun' : Robert Redford dice adiós al cine

  Como suelen hacer los realmente grandes, llega un momento en que deciden decir adiós y lo hacen a su modo, en este caso dejando una cinta encantadora, representativa, en la que Robert Redford es un ladrón y un "verdadero caballero". Su decisión de marcharse fue cierta, dejando al lado un episódico papel en  Avengers: Endgame y su intervención en un documental de 2020 sobre Natalie Wood. Estoy segura que pequeños papeles salpicarán todavía su trayectoria. Es muy difícil dejar de fumar.  La película es The Old Man & the Gun y se rodó en 2018, dirigida por David Lowery, que también participa en el guion. Los otros dos actores principales del film son Sissi Spacek y Casey Affleck. Se narra la historia real de Forrest Tucker, ladrón de bancos, que se pasó toda la vida en la cárcel y entre atraco y atraco. Tucker cometió su último atraco en el año 2000, cuando tenía ochenta años.  A Sissi Spacek la conoce casualmente pero se convierte en alguien muy importante en su...

En el calor de la noche

  “Los negros mienten” parece pensar el jefe de policía de Sparta (Mississippi), el rudo y terco Bill Gillespie. No lleva un buen día. El asesinato de Colbert, poderoso industrial del norte, le ha contrariado. Tiene que solucionarlo de la forma más rápida posible. Y he aquí que su ayudante, el visceral Sam Wood, le trae la respuesta en bandeja. Ahí está Virgil Tibbs, negro, que estaba en la estación del tren durante la madrugada de este caluroso día de septiembre. Cómo un culpable de asesinato y robo (doscientos dólares exactos) se sienta luego a esperar tranquilamente que pase un tren es algo que excede de la inteligencia de Woods y del temperamento de Gillespie. He aquí un sospechoso y ya está.  Bueno. No tan rápido. El señor Tibbs, el negro de la estación, alto, guapo, bien vestido y muy sereno dadas las circunstancias, asegura que estaba esperando el tren de las cuatro y cinco que circula las madrugadas de los martes en dirección a Memphis, donde tiene a su madre. Y afirma...

Tenemos que hablar de Kevin

  En el fondo de armario de mis películas, esas que eres capaz de ver una y otra vez sin despeinarte, sin que te aburran, y siempre encontrando algo bueno que ver, algo nuevo, algo distinto, hay algunas de Kevin Costner . La causa por la que un actor te llega es desconocida para mí. Tiene mucho que ver con la química, con la atracción, incluso con el sentimiento amoroso. Es así y punto. Kevin Costner es californiano de la cosecha de 1955, así que acaba de cumplir, hoy precisamente, sesenta y siete años. En su trayectoria hay algunas películas que tienen tantas bondades que forman parte de la historia del cine. Kevin es sólido, atractivo, con aire de bueno, duro cuando es necesario, tierno en ocasiones, audaz y también prudente. Una joya. Sabe elegir los papeles, sabe dirigir, hace buena pareja con la mayoría de sus partenaires y está envejeciendo con sutileza y encanto. No se puede pedir más.  "No hay salida", 1987. Roger Donaldson Aquí es un malo que no lo parece. El tánde...

Voyeurs

(Este vestido de Edith Heath, vestido maravillosamente por Grace Kelly, ha pasado a la historia de la moda) Cualquiera que haya tenido alguna vez una pierna enyesada sabe lo que es eso. Yo he pasado en dos ocasiones por esa experiencia. La primera vez fue en diciembre y me dediqué a ver trescientas veces “Doce hombres sin piedad”, la segunda, en verano, y escribí, o casi, mi libro sobre Manolo Caracol. Las noches eran lo peor. Todo el mundo durmiendo y tú intentando aliviar el picor de la pierna con una aguja de hacer punto, ay.  El patio de vecinos, la casa de apartamentos, es un espacio estrecho, saturado, desde el que no se ve la calle, salvo un pequeño resquicio. La claustrofobia que genera su pequeñez se une al hecho de que el hombre está sentado en una silla porque no puede moverse a causa de su pierna. El hombre es un fotógrafo, tiene calor, suda, padece de picores en la pierna y su única arma, su distracción, es mirar a través del teleobjetivo de su cámara de f...

Rizos y un mapa de España

(Fotograma de "Sentido y Sensibilidad" de Ang Lee)  Es la música, en primer lugar, lo que hace de esta versión de Ang Lee del libro de Jane Austen "Sentido y Sensibilidad" una pequeña maravilla. Un tributo eficaz, diáfano, exacto, al genio de la escritora, a su creación de personajes y ambientes, a su estilo, a su ingenio e inteligencia. La música crea el tono especial que la distingue y, entre todos los libros de Austen, en los que la música siempre tiene un importante papel, es aquí donde expresa el dolor y la alegría con mayor lucidez. Lo mismo ocurre con los versos, las palabras, los poemas que se recitan, el consuelo de la lírica en los momentos difíciles. Shakespeare y sus sonetos que invitan al amor, aunque sea, como sabes, un amor aureolado de triste cobardía.  Entre todas las imágenes hay una evocadora, imposible de pasar por alto, una imagen en la que me detengo y en la que observo cosas que quizá otros no ven. Al fin nuestros ojos siempre vue...