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Mostrando las entradas etiquetadas como Fotografía de moda

Louise Dahl-Wolfe, primera mirada

En el apartado "Mis fotógrafas" escribo hoy de Louise Dahl-Wolfe. Como suele ocurrirme, a veces surge una fotografía que me impresiona y entonces me pregunto quién la hizo. Así he llegado a conocer, de una manera autodidacta, a muchos fotógrafos y fotógrafas, tantos que nunca creí que la fuerza de la fotografía en el siglo XX fuera tanta. En este caso, las imágenes de Louise tienen un encanto especialísimo y por eso ahora indago sobre ella. Fue una revolucionaria de la fotografía de moda, a la que sacó de los estudios y llevó al aire libre, al modo aventura, recorriendo así países y lugares alejados de la comodidad tradicional. Louise había nacido en San Francisco, California, en 1895 y después de estudiar pintura y diseño se dedicó a la fotografía. En su carrera tuvo mucha importancia el apoyo de su marido, también artista, Meyer Wolfe, al que había conocido, precisamente, viajando por África tras la muerte de sus padres. Louisa estuvo veinte años , desde 1936 hasta 1...

La tela de araña

 Suena la música y se apaga el teléfono. No hay nada que pueda traerte ese sonido, ninguna ilusión, ninguna buena noticia, ningún estremecimiento. La canción se eleva por encima del aire y cubre la habitación como si fuera una cúpula, un lugar extraño, nacido para eso, para entenderse en los peores momentos y en los buenos instantes. Suena la música y no queda otra cosa que esperar, entender y sentir los latidos de las voces, inflamadas del misterio que atrae, desde siempre, a la gente que se ama. Falta el amor y el amor se aloja en cualquier sitio, fuera de tu alcance, fuera de ti misma, fuera de todo, tan lejos. No en un país exótico, no a miles de kilómetros, a solo diez minutos la inmensa realidad de sus mentiras. Así que deja ahora la música sonar, que la música guarda un secreto que nadie más conoce y no olvides que, ante todo, si te has vuelto a engañar no ha sido cosa tuya. Es que, seguramente, hay cosas imposibles que te nublan la vista y logran que te envuelvas en la tela...

Lo que nunca existió

 /Foto: Patrick Demarchelier/ Lo difícil no es inventarte una historia sino escribir una historia basada en hechos reales. Los hechos reales casi nunca son bonitos, la mayoría de las veces tienen una parte de sordidez y nueve de agua, de levísimo interés, de aburrimiento pleno. A nadie le interesa leer cosas rutinarias y pararse en un escaparate cotidiano que no presenta nada de extraordinario ni de sublime. La vida real siempre te desengaña, siempre te hace caer en la decepción. Esperas más de casi todo y de casi todos. Por eso la gente que inventa historias tira la casa por la ventana. No es raro que a los niños les guste tanto la fantasía y que sean capaces de creerse que hay gentecilla tan pequeña como Pulgarcito y que el sastrecillo valiente se cargó él solo a siete gigantes, que quizá fueran moscas, pero, como es fantasía, uno puede convertirlo en lo que le dé la gana. Pensándolo bien, inventar compensa. Y no tienes atadura alguna a fechas ni a datos. Si no coinciden, es lo n...