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Mostrando las entradas etiquetadas como Enrique Montiel

Camarón de mi isla

  ¡Salinas de San Fernando! Agua quieta en los esteros ¡Cómo huele a yodo cuando se van los charcos secando con los calores primeros! (José María Pemán) Y ya estarán los esteros rezumando azul de mar dejadme ser, salineros, granito del salinar. (Rafael Alberti) ********** Antonio José y Miguel Poveda cantan uno de esos temas de Dúos increíbles. A mí me gustan muchísimo los dos. Poveda acaba de sacar disco con temas de Lorca y Antonio José tiene carisma y voz. Mientras que los escucho cantar escribo esta entrada de mi blog en una mañana gris de verano, la clase de mañana fresca y neblinosa que a mí no me gustan nada y que nos traslada a París. Esto no es París, no tenemos segunda vuelta de elecciones legislativas el domingo, no somos tampoco Londres, ni hay un primer ministro nuevo, no, esto es Triana y mi terraza está abierta hacia la plaza. Una plaza que la desidia ha convertido en un secarral: los mecanismos del riego no funcionaban y nadie de parques y jardines se ha dado cuenta...

Los tres golpes de Tomás de Perrate

  Mi viejo amigo Enrique Montiel me envía noticia del disco. Enrique podía haber sido actor de cine por atractivo y locutor de radio por la calidad de la voz. Pero escribe y escribe, cosa que no tiene arreglo y que es un veneno agradable que lleva disfrutando hace mucho tiempo. Su biografía de Camarón de la Isla sentó cátedra y sus libros de relatos o poemas completan una arquitectura basada en las palabras, su medio de expresión más feliz. Ahora que se cumplen los treinta años de su muerte me viene a la memoria un encuentro en San Fernando donde Montiel sentó las bases del futuro: Camarón no morirá y su escuela terminará ganando la partida. ¿Quién puede negarlo?  Dice que "está como loco". No me fío mucho de las interjecciones ni de las comillas, pero, en este caso, se despierta mi curiosidad y, a palo seco, escucho medio tema y le doy la razón a mi paisano. Ese viejo concepto del "escalofrío" flamenco bien puede aplicarse a Tomás Perrate y a este disco. Inexplicab...