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Mostrando las entradas etiquetadas como Uta Barth

Amable transparencia

 /Fotografías de Uta Barth/ Entra un rayo de sol. Cruza la calle. Se sube al árbol más cercano y trepa. Se detiene en un banco. Un niño se levanta, se marcha, se lleva la pelota, se despide de otro, se aleja, su madre está esperando en una esquina. El sol no ha pedido permiso. El sol se mueve sin que nadie lo pare. No hay sonido, no hay voces, no hay ecos, no hay montañas. Todo es tranquilidad, todo es silencio, todo es bruma, todo es el sol naciente. Un leve impresionismo atraviesa la plaza, la convierte en plató, puro teatro, gestos de actor de Shakespeare, diálogos y monólogos, expresiones, la palabra, muchas palabras, todas caen en el borde de una papelera azul, colocada en la orilla de la plaza, vacía, sin el recuerdo de los niños y sus bolsas de papel pintadas de dinosaurios. Hay cuatro naranjos que desgranan azahar. Han perdido las naranjas amargas. Los operarios llegaron una mañana y las sacudieron con sus enormes ganchos y las naranjas volaron por el suelo, recubriero...

La grieta luminosa

 /Fotografía de Uta Barth ) Los días nublados como este se prestan a la nostalgia y al sentimentalismo. Pero, en realidad, todo depende del ánimo y de la ilusión que en cada momento te mueva. Si está la cosa baja en esa medida de la vitalidad que se llama de muchas formas, entonces se nota más el gris, se nota más la ausencia de sol. En Oviedo , hace años, una vendedora de fruta me dijo que echaba de menos el cielo cubierto cuando el sol alumbraba varios días seguidos. El norte y el sur son distintos en eso. Si te acostumbras a que el sol forme parte del decorado, entonces todo se puede convertir en un ocaso triste si no aparece. Hay quien dice que los días nublados son buenos para la poesía, para los libros pesarosos, pero yo no lo creo. Más bien me parece que lo suyo es adornarlos con vídeos de youtubers que estén salseando, discutiendo entre sí o echándose la culpa de todo. Vídeo contra vídeo de Javi Oliveira y de Juanjovlog , mejor que un achicharrante libro que te rompa la ...

Claro sol de octubre

  (Uta Barth, fotografía) Había un sol. Un sol de octubre, avaricioso y espléndido. Y era la calle. La intersección de tres calles dejaba el horizonte despejado. Yo, en la calle. Yo, de niña, saltando charcos, subiendo y bajando la calle. La calle, mi reino. La calle, el espacio sideral, virgen, imposible, impredecible. Un hueco entre las espadañas, las azoteas, los balcones y los tejados se abría paso para que la luz cruzara sin tasa. En esa intersección de los caminos, en ese cruce, estaba yo y llevaba unos zapatos de color rosa y unos vaqueros grises y una gabardina, fina y etérea, malva, del color de las lilas aún no nacidas. Era la resurrección. Volaba.  Era mediodía, era viernes, las clases habían terminado por esa semana, ya no había nada que hacer salvo, quizá, sentarse a disfrutar de ese rayo de sol, pasear por la calle con los zapatos rosas, moverse de un lado a otro, hablar, hablar, reírse. Por vez primera en años fui feliz, no tuve miedo, ni dolor, mis pies se moví...

Oscuros pétalos

/Fotografías de Uta Barth/ De cualquier forma siempre esperamos algo. Incluso cuando miramos a través de la ventana, la intensa claridad de fuera nos confunde. Estamos solos. Algo en la naturaleza nos intimida. La forma en que se mueven las ramas de los árboles. El suelo cubierto de un tapiz de pétalos oscuros. Una sombra tan etérea como firme que sigue nuestros pasos. Estamos solos. No hay sonidos que estorben. El tiempo que vivimos en esa latitud es un instante. Las flores comparten nuestro miedo. Hay veces en que el silencio es grito. Otras veces tiene un eco de austera compasión. No queremos temer, pero el miedo es esa línea de fuego que avanza hacia nosotros. Ya vemos que las cosas se llaman muchos nombres.  Si te ha gustado esta entrada, ya sabes, comenta, opina y suscríbete al blog. Puedes difundirlo también. Gracias. 

Ese fulgor efímero del verano que calla...

El frescor de tus labios seguro oasis en una isla desierta... Por ejemplo, algo así escribiría si la cosa fuera de un poema amoroso. Amoroso significa aquí dramático, porque el amor es un drama que a veces se escribe en comedia, otras en tragedia y algunas en chanza. Una aventura medieval sin yelmo ni coraza, un estupendo recorrido en barco sobre las aguas bravas del Mississippi. Lo contaría Mark Twain con su deje sureño y su fastidio ante las novelas de mujeres que hablan de hombres interesantes. Amoroso significa también que el corazón anda apabullado, en busca de un secreto que descifrar. Muchas veces el amor es solo una cortina de humo, una manera de olvidar los problemas. Se esconden detrás del sentimiento porque son ellos los que nos abruman. Incluso el desamor, que es el amor en negativo, es un espléndido sistema para que la vida diaria no nos sacuda. Si estoy desvencijada por el miedo puedo pensar en él y sentir su desprecio y entonces ese miedo se conjura y se c...

Despedidas

/Uta Barth, fotografía/ Si te amanece una mañana fría, con densa niebla a tu alrededor, con la humedad prendida hasta los huesos, con un palpitante deseo de que aparezca el sol y este no llega, si te amanece así tendrás que echar mano de los cuentos de hadas para saber que, antes de su final, hay siempre un tiempo de desolación, de búsqueda, de camino sin vuelta, de colores baldíos.  Aprende a despedirte de los sueños que no tienen retorno, que no se comunican con tus sueños, que no tienen la vida incrustada en las manos. Aprende a despedirte de aquello que no escribiste tú, de las letras de otros, de las viejas mentiras que escuchaste porque estabas cansada y no había tiempo de cambiar la canción. Aprende que las despedidas no siempre significan adiós, y que algunos adioses te traen hasta ti misma la esperanza.

La tristeza de las mujeres

 /Uta Barth, fotografía/ Una vez en la calle descubrió que hacía calor. El tiempo había cambiado de un día para otro. Era un calor seco porque seguramente el levante hacía de las suyas en la costa. Y, a pesar de eso, la gente estaba sentada en los bares de alrededor, en las cafeterías con toldos negros y en los veladores del restaurante de abajo. No tenían prisa, era domingo y poco les importaba el paso de las horas. Las conversaciones se convertían en un murmullo silbante, como si fueran las aguas de un río. El río, por otro lado, iba a lo suyo, allá en la dársena y en el brazo vivo, a poca distancia.  Había salido a despejarse la cabeza después de varios días sin hacerlo, leyendo y tomando notas de los libros que leía. Era una tarea voluntaria, nadie le obligaba y nada se obtendría de esa minuciosa lectura. Pero le absorbía horas y horas era lo que más tenía en su vida. Horas vacías de conversación, horas sin risas, sin gente, horas solitarias.  Pensó en su soledad. O, ...

Hay que detener este absurdo

  No estamos siendo conscientes, pero quizá habría que pararse y pensar. Ya no basta con que escribas un libro, malo, regular, bueno o muy bueno. No basta con que te lo publique una editorial. A partir de ahí se abre una brecha entre los promocionados y los no promocionados. Y empieza la loca carrera por darlo a conocer, la frustración de las reseñas no escritas, de las escritas pero insuficientes, en enfado con los supuestos amigos que no escriben de tu libro, las librerías en las que no está, los eventos en los que no participas, las presentaciones medio vacías, las ventas escasas. Y las comparaciones con aquellos otros que tienen más suerte, más apoyo o mejores libros. Y entonces toda esa "delicia de la vida" que es escribir se convierte en un problema. Porque ya no basta con escribir, ni siquiera con publicar. Si tu libro no es convenientemente leído, alabado, reconocido, entonces es barbecho. No sirve de nada lo que has logrado. Un peligro que hay que sortear y detener. ...

Descubierta vanidad

  En el catálogo de personas están las que siempre salen victoriosas a la hora de "ponerse bien puestas". Utilizo esta frase antigua, la forma en que antes se vinculaba la vanidad a determinada gente. Gente que sabe resguardarse y que, hasta cuando parece que se critica a sí misma, se alaba. Es, si no un arte, una estrategia. Es fácil reconocerlos. Cualquier conversación termina conduciendo a ellos mismos con lo que a la vanidad se une ese egocentrismo sin remedio que lo marca todo. Da igual lo que les cuentes, les preguntes o les digas, siempre terminan por soltar algo referente a ellos, algo que han hecho, dicho, escrito o vivido. Son resistentes a las miradas furtivas, a la buena educación y a la paciencia. Solo son pacientes con ellos mismos y se consideran siempre a salvo. Están a salvo porque lo merecen. Creen merecerlo todo. Piensan que ocupan un lugar propio e inalienable. Usan un vocabulario rebuscado y se sienten divinos pese a todo.  Lo que antes se deslizaba en un...

Hermosa tecnología

  (Foto: Uta Barth) He tenido la suerte de estar veintidós años con una persona que sabía mucho de educación. En realidad, es la persona que más sabía de educación de todas las que he conocido y conozco todavía. Muchas veces pienso qué pensaría, si estuviera vivo, de esto y de aquello. El no tener respuesta a esas preguntas es muy difícil de sobrellevar, pues su luz era la mía y su perspectiva de las cosas no tenía tacha. Jamás se dejaba arrastrar por la corriente, llevaba su independencia intelectual de forma natural y nunca buscaba el cobijo del grupo para contemplar y contemplarse, sino que la soledad que propicia la reflexión y el pensamiento original fue una de sus compañeras.  Sabía mucho de educación porque, además de su experiencia en todos los puestos de trabajo que en este sector existen, tenía una formación fastuosa, formada por lecturas e investigaciones que fueron pioneras en muchos aspectos y eso se notaba enseguida. Nunca le ocurría como a tanta otra gente, que ...

No pintamos nada

  (Uta Barth, 2017) Todas las controversias se reducen a lo mismo. Alguien lo ha dicho antes, seguramente, aunque a los "alguien" que tienen poder de convocatoria no les interesa que se sepa. A todos los que están en una posición de privilegio, de modo que nunca hacen cola para nada y no tienen dudas, a todos esos no les interesa que nos demos cuenta que todo, al fin y al cabo todo, se divide en dos partes: los que tienen dinero y los que no. Los que tienen poder y los que no. Ellos y nosotros. Sencillamente. Clara-mente. 

Milagros

  A mí me gusta mucho Rodrigo Cortés. Lo sigo en "Todopoderosos", ese canal de cine en el que hablan de películas, actores y cosas parecidas. Leí su referencia biográfica un día por casualidad y también lo vi en una entrevista en Youtube, una entrevista muy bien hecha y llena de sosiego. Me enteré entonces que en su casa había muchos libros y que su padre era cinéfilo. Su padre, ingeniero; su madre, bióloga. ¿Dónde está entonces la rareza de que en su casa hubiera libros o se hablara de cine? Pensé entonces en mi propia familia y en lo que yo llamo "el milagro". Una familia de padres trabajadores, hijos de padres trabajadores y en la que sobre todo había "familia", como le dice Julia Roberts a Richard Gere en "Pretty woman". Que esos padres trabajadores, con muchos hijos y poco sueldo, tuvieran como máximas aficiones leer libros, leer el periódico todos los días y el cine, es algo que sí merece ser destacado como el milagro de la cultura. Si no h...

La tarde estaba llena de un mar de tonterías

Todas las estaciones tenían las mismas letras. Escribíamos renglones casi sin darnos cuenta. Y la vida seguía su ritmo sin cansarse, tardes, las madrugadas, los otoños, los fríos. El gris ámbar del cielo en los amaneceres. El tibio sol que entraba por la ventana a secas. Y el jardín que se abría como un mar de amapolas. Escribíamos la dicha y yo no lo sabía.  Una vez estuvimos al borde del abrazo. En las tristes noticias contábamos a solas que los sueños se sueñan pero nunca se cumplen. Y aún así era glorioso pasear las alamedas, confiar en que las horas tenían sabor a instantes y que todo se estaba formando sin quererlo, porque éramos tan difíciles de ubicar por la suerte, que la suerte llegó y no supimos verla.  Si pudiera contarte cómo el sol se estremece cuando cruza el umbral de la ventana abierta...Si pudiera enseñarte cómo el engaño vibra y nos hace más pobres, nos encuentra más fríos...Si pudieras mirar con esos ojos tuyos cómo se desenvuelve al borde de la...

Las palabras son alas de mariposa

  Los que escriben no saben el motivo. No me refiero a los escritores de fama y éxito, que escriben para publicar, saben que sus libros aparecerán en las estanterías de las librerías, obtendrán premios y reseñas, verán la luz y agradarán a sus lectores. Me refiero a los otros. Me refiero a nosotros, escritores sin público, sin editoriales, sin premios, sin lectores. Me refiero a los que escriben palabras sin saber el motivo, salvo que siempre han escrito, salvo que no pueden dejar de hacerlo, salvo que esa es su forma de estar en el mundo.  Los escritores sin público escriben todos los días, no por disciplina sino porque tienen que hacerlo. Si no escribieran sentirían que hay algo que pugna por salir dentro de ellos, como si una botella de gaseosa nunca dejara salir el aire y explotara hacia el interior. Resulta una tarea ardua porque todas esas palabras, todos esos textos, incluso todos esos libros enteros, parece que no cumplen su misión si alguien no los lee. Y nadie los le...

Alejandra Pizarnik: Hace tanta soledad

Pero hace tanta soledad que las palabras se suicidan. Flora Alejandra Pizarnik, argentina de origen ruso, nacida en abril de 1936 y muerta a los 36 años en Buenos Aires. Poeta. Desclasada. Outsider. Fuera de la realidad. Distinta. Niña rebelde. Niña sin autoestima. Niña problemática. La niña que los padres no quieren tener como hija.  Al fondo del paisaje de su vida, el nazismo, miedo en la familia, azote de Europa, amenaza. La guerra y la muerte en su identidad. Diferencias en la vida y diferencias en el origen. Y una búsqueda. Qué quiero hacer conmigo misma. La meta: llegar a la literatura. Primero, la lectura y luego, la escritura. O las dos a la vez.  Recuerdo mi niñez cuando yo era una anciana. El descubrimiento de los poetas malditos, del surrealismo, del existencialismo, del psicoanálisis. El deseo de hallar una paz interior que solo era un presentimiento, nunca una verdad. La escritura a modo de relato de vida. Los versos, como manantiales inca...

Hoy...

Hoy he cerrado todas las puertas He apagado las luces al salir He borrado su nombre del teléfono He roto puentes y zanjado esperanzas. He arrojado con ira su pequeño afecto, Un simple, diminuto, insignificante afecto, En un contenedor lleno de suciedades Para que nada suyo se mezcle con la vida. Al fin, si no te aman como tú deseas, Llamarse amor no puede, es solo frustración. Una mentira que cuentas por si cuela, Una estupidez que se repite en sueños . He terminado una larga aventura En la que quise hallar perdido un paraíso, Una forma del agua que llevara mi eco, Que estuviera cuajada de abrazos sin medida. Pero al fin, si los cuerpos no se reconocen, Si no hay piel o si la piel no tiembla Ya nada puedo hacer que no sea arrepentirme Acunar el vacío, pero este es yermo y terco. De nada sirve que el calor te corrompa Que la huella del sol nos amanezca Tal vez tenga que convertirme en aire En surco de levante, en brisa de poniente. No he vuelto la cabe...

Microrrelato del amor olvidado

Así que eso era todo: decir adiós sin más, sin otra explicación que el cansancio del tiempo. Nada de aquella chica rubia, nada de aquellos ojos verdes, nada de mi mirada triste, nada de mi cansancio, nada de mí...No tuviste piedad y tuve que marcharme, oírte era un imposible sufrimiento. Dejar atrás el mar, dejar la infancia, dejar la casa, dejar el corazón, dejarlo todo… Ahora sé que mi cura no vino únicamente por las voces amigas o por la edad (tan sólo veinte años). Fue la quietud del campo, las luces de neón abandonadas, el suelo, tenso y tibio, el calor, las noches bañadas por un silencio fijo. Baeza me recibió como si yo misma fuera Machado, como si hubiera perdido a Leonor, como si tuviera que marcharme al exilio, como si mi madre preguntara entrando en la ciudad: "¿Llegaremos pronto a Sevilla?". Baeza abrió los brazos y entendió que llorara una semana entera, los siete días primeros de mi estancia, porque el amor se iba y yo no lo entendía.  Luego, vino...

"Independencia" otro cuento de Edith Pearlman

Cornelia Fitch ha trabajo de médico especialista en digestivo hasta su jubilación. Cuando esta llegó se compró una casa en New Hampshire, junto a un lago que recibe su agua de un manantial. La casa, el lago y el manantial son los tres elementos de la vida de Cornelia en ese retiro deseado en el que, sin embargo, no está sola. Hay vecinos, hay otros jubilados, hay gente que vende en la tienda que tiene de todo. Cornelia Fitch es viuda y tiene una pierna más larga que la otra. También tiene hijas que no entienden muy bien por qué esa marcha de la ciudad, aunque Cornelia ha sido precavida y conserva su piso urbano, pequeño pero bien situado, tres habitaciones, para entrar a vivir.  Cornelia sabe lo suficiente de medicina como para estar casi segura que esa casa del lago será su última casa. Nada tranquilamente, se imagina que es más grácil y ligera que nunca. Sueña sin dormirse en que es joven, es torpe y comete inutilidades. Eso que tanto rejuvenece llegado el momento. Su viud...

Seremos olvido

Quiero que pase el día de hoy y que con él termine este dolor que siento. Si alguien te hace daño debería desaparecer de la faz de tu tierra, caer fulminado del fondo de ti y no tener ningún hueco en tus pensamientos. Pero la vida me enseña a cada instante que eso solo es posible para algunas personas y que otras, sin quererlo, quizá porque somos más inseguras o menos racionales, sufrimos demasiado y demasiado a menudo.  Cuando caiga la noche estará a punto de empezar una historia nueva. Hay veces en que no se sabe cómo cerrar capítulos de un libro y cómo iniciar otros. Los venideros no llegan a escribirse sin hacer un balance de todo lo anterior. Tienes que reconocer que mentiste, que te engañaste a ti misma y que convertiste tu vida en una incógnita pesada. Entonces, tras ello, se abrirá ante ti una posibilidad, la de estar en paz, la de la serenidad que ansias desde hace tanto tiempo.  El engaño es el maestro del dolor. La mentira se conjura para hacerte infeliz...

Suelos de barro, perdón sin lágrimas

Las niñas soñadoras, que viven con los libros y bosquejan en su cabeza aventuras en las que hay siempre un tanto por ciento de alegría y otro de nostalgia, siempre terminan siendo mujeres equivocadas, mujeres que miran hacia donde no deben, que son presa fácil para cualquiera que sepa decir dos palabras seguidas con suave acento. No deberías olvidarlo. Quizá a ti te ha ocurrido algunas veces y puede que esta sea la primera. Pero el corazón se gasta de esperar la nada y las manos se curvan y entonces llega el último tramo de la vida y abres el grifo de la desilusión, que nadie puede cerrar. No importa la música que suene, ni siquiera que a través de la ventana una lluvia fina te traiga el hueco de un paraíso perdido. Lo que vale es sentir. Sientes que te han engañado una vez más, que cada una de las veces el engaño es mayor y que nadie, nadie, puede entenderlo sino tú misma, porque te ha ocurrido algunas veces o puede que esta sea la primera.  Tampoco entiendes, lo sé, qué g...