Se incorpora un poco, coge a la niña en brazos; el aire, saturado de olores, el de los lirios del valle que se abren en el jarrón, el de la madera de los muebles, el de las telas, le acaricia las fosas nasales al bebé, y las dos manos de su madre le acarician las mejillas, y el calor de su madre, en las horas del amanecer, impregna su cuerpo, y el sol le acaricia el cabello, y el tiempo terrenal le desarruga las manos. Mi preciosa hijita, éste es tu primer día. (Fragmento del libro) Madeleine Bourdouxhe (1906-1996), la autora, es una escritora excepcional, llena de delicadeza, elegancia y valentía. Valentía por el tiempo en que vivió y quizá esa valentía también haga falta hoy. Nos parece que hablar hoy del nazismo no conlleva peligro, al contrario, todo lo que sea denunciar esa atrocidad lo vemos bien. Pero este libro es de 1944, un tiempo peligroso, en el que decir ciertas cosas te ponía en el punto de mira del horror. Había nacido en Lieja, pero tuvo que huir hacia París donde...
/Una promoción de RBA que se vende ahora online/ Si me preguntas por momentos felices tengo que contarte mi relación con los quioscos. Me gustan esos grandes, que tienen mercancía dentro y fuera, repartida por el suelo incluso, y que venden de todo, libros, chucherías, estampas de los álbumes de los niños, muñequitos, cosas que no sirven para nada, promociones, por supuesto prensa, revistas, periódicos, suplementos, un universo extraordinario. Hay otros quioscos de distinta naturaleza, como los de churros que yo frecuentaba en la playa de Valdelagrana , que da gusto pasar junto a ellos por lo bien que huelen, incluso los que venden comida preparada, pero yo de estos solo he disfrutado en el extranjero, porque en España te vas a un bar de tapas y es lo mismo pero mucho mejor. Sin embargo, el quiosco de prensa , que es la forma general por la que se conoce a los auténticos quioscos de lectura, es el rey. Me veo a mí misma, husmeando de chica por algún de estos quioscos...