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Entradas

Tus lazos son mi libertad

(Pintura. Mary Jane Ansell) Hay días azules de frialdad indiferente. Días más oscuros aún, de silencios incomprendidos. Hay días rojos flagrantemente inútiles. Y hay días dorados, con un aviso previo de felicidad compartida. En esos días, el lazo que nos une se estrecha y se convierte en una cinta perfumada, de tonalidad cambiante, pero siempre cálida. Cálida es tu voz al otro lado del teléfono y cálido tu verbo cuando escribes que mis manos son tu mejor refugio. Tú mismo expresas esa calidez a través de una sonrisa escasa pero tierna. Y un aire casi tórrido nos envuelve, como un perfume intenso y lleno de esencias florales, cuando el abrazo reina entre nosotros.  Así los días tienen tu compás. Es tu presencia la que los colorea o los oscurece. Por eso no tengo sino el reflejo de tus ojos. Por eso camino a la par que tus pasos dibujan en el pavimento ejércitos de rosas. El trasiego diario de la vida está lleno de señales luminosas, semáforos de la emoción, luces que a...

Revelación

Ella releyó sus cartas y tuvo una revelación: Aquello era absurdo. Definitivamente absurdo. Y rompió las cartas una a una, de forma delicada pero certera. Al momento dejó de existir. Un montoncito informe de papeles en el suelo era todo lo que quedaba de él. ( Leyendo una carta. Pintura de Thomas Benjamin Kennington)

No sientas pena por mí

Es verdad que las noches son un territorio desierto. Que hay una oquedad que no se cubre, una mancha invisible y permanente. Es cierto que los días de sol son más oscuros y que el nublado es un presagio de la infelicidad. Es una realidad que todo se reduce a un papel en blanco, a un tic-tac imposible o una fórmula vacía... Todo eso es innegable ¿cómo podría mentir? Ella sabe que una fina gasa la convierte en humo, que nunca florecerá como antaño, que nada hará de ella una luz a punto de encenderse, que las horas del reloj marcarán un tiempo incierto... Es verdad que las calles aparecen hostiles, que recorrerlas es una obligación. Que nunca, ningún sol, por mucho que amanezca, será capaz de limpiar con sus rayos la huella de la pena. Es innegable que ya no hay salida, que todo se termina sin apenas notarlo. Es cierto que está sola. Es cierto que lo oculta. Es cierto que lo teme.  Pero entre los sonidos ajados de un tiempo no vivido, de una playa de aristas, su voz des...

Dime que no fue un sueño

(Mujer durmiendo. Tamara de Lempicka. 1935) Toda la pesadumbre en su postura. La hilera de personas sentadas lo precedía. Al final, su figura se hundía como si no pudiera erguirse, de tanto pesar como soportaba. Llevaba un traje oscuro y, al acercarse ella, la tomó para sí, la abrazó fuertemente. El abrazo duró muchos minutos. Ella tenía su mano derecha en el cabello del hombre, un pelo reconocible y denso. Oscuro y mezclado con hebras plateadas, hermoso, sencillo, acogedor. La otra mano oscilaba en su espalda queriendo decirle, quizá, estoy aquí, o, tal vez, simplemente, te quiero.  Tan fuerte fue el abrazo, tanto tiempo duró que, por momentos, parecía realidad. Podía sentir su presión en la espalda, podía notar su olor, su respirar cansado, su tristeza. Era una tristeza con nombre, con sonido y con una espesa nube a su alrededor. Él no podía evitarlo, aunque lo había intentado mucho tiempo. Pero en el abrazo de ella encontró la forma de descansar, de depositar, siqui...

Sólo un día para amar

Te sientas entre páginas en blanco y deslizas el lápiz con cuidado, como si describirte fuera un acto ajeno, algo que hace un tercero, alguien que no conoces. Allí, entre tus libros, hallando tu horizonte verdadero, conoces la verdad de lo que sientes. Lo escribes y lo callas. Es algo que no existe si no observas. La risa lo sepulta y lo convierte en un sueño pesado que has de obviar para poder vivir.  La huella de los días se aparece como un reto. Andar sin pausa, dejar que el tiempo escriba sus sonidos sin otro fin que el verso cotidiano, sin otra fuerza que esa forma de amar. Es el amor tan sólo y sólo buscarías, sin otro compromiso ni luz ni circunstancia, un único momento para convertirlo en una realidad tan pasajera que nada descubriera qué ha pasado.  Ay, el amor. Cómo decirle que no espero palabras, que pueden convertirse en una losa fría que nada tenga. Cómo decirle que, en realidad, sólo quieres el calor de su cuerpo, el alma de su cuerpo, su latido. El fi...

Madre

Quiero guardar en la cocina un kilo y medio de ternura, adobada con libros de misterio y con música de copla o de piano. En el estante alto, allí donde se esconden los pasteles, el dulce de zanahoria y el arroz con leche, dejaremos estar las risas cómplices y ese borboteo incesante de la charla mientras la olla cuece con esmero la comida del día.  En el salón la tele traerá noticia cierta de los héroes, de hombres viriles y mujeres hermosas, películas de amor y sueños vivos; y unas conversaciones a deshora te dirán que en la calle ocurren las historias más difíciles, los engaños, los odios, las mentiras, como si todo fuera un gran teatro, The Globe en pleno, en sus grises aceras.  Luego, los dormitorios, que tú llamas alcobas, con ese hablar plagado de palabras que riman, moverán las cortinas desde el suelo y por sus ventanales correrá suavemente la brisa del levante, el fresco del poniente y la lluvia del sur. Un olor a manzana desprenden los espejos y e...

"La modista de Dover Street" de Mary Chamberlain

Los libros con modistas son encantadores. Hay algunos de ellos circulando por ahí que son prueba de lo que digo. En general, el mundo de la costura es sugestivo, lleno de posibilidades, no solo literarias sino humanas. Quizá sean lo mismo en el fondo. Hace poco hablaba de "La modista" de Rosalie Ham, convertida también en una película de éxito y de aceptable factura protagonizada por la siempre interesante Kate Winslett. Antes de eso, el enorme suceso que supuso "El tiempo entre costuras" de María Dueñas, puso de actualidad, al menos en España, las tramas narrativas en torno a los talleres de costura, bien es verdad que con un trasfondo histórico importante. Recordadme, hablando de esto, que un día reflexione sobre lo que gusta en nuestro país la novela histórica o construidas al menos sobre un telón histórico importante. Para Rosalie Ham su modista tenía que cumplir una misión y resarcirse del pasado. Para María Dueñas, Sira Quiroga o su alter ego Agoriuq Aris...

"El cine según Hitchcock" de François Truffaut

El cine por dentro, el cine desde dentro. Descorrer la cortinilla negra que oculta el rodaje, los trucos del montaje, la selección de los actores y las historias, todo aquello que existe en la fábrica de las ilusiones y que no ves a simple vista. Los magos del cine se guardan en la chistera muchas palomas y muchos conejos, no todos ellos blancos, como los que tomaban el té con la reina de Alicia. Un director de cine francés entrevista a un director de cine inglés que hace de americano, que convierte al cine americano de suspense en "el cine".  Este libro forma parte de la edición conmemorativa de los cincuenta años de Alianza Editorial, efemérides que todos los lectores deberíamos celebrar ampliamente. Los libros de Alianza nos han parecido sólidos, bien dispuestos, magníficamente traducidos en su mayoría y diversos, con esa diversidad que va de un extremo a otro del universo literario.  Las cosas de Hitchcock, que aquí aparecen reflejadas a modo de conversación fl...

En otro orden de rosas...

(Emile Vernon. Pintura) El olor de las rosas te salpica. Ha llegado de nuevo, de improviso, de fiesta, desde lejos, a través del milagro de la técnica. Las rosas han convertido en un invernadero todo el lugar que habitas. Allí, sobre las aguas transparentes de un jarrón francés y de cristal, se posan quietas, sin llamar la atención pero lanzando rayos con su tono rosado y sus hojas tan verdes. Las rosas hoy se llenan de sentido, anuncian la efemérides, saludan el momento en que viste la luz, en que un hombre y una mujer callados, a la espera de verte, se miraron por fin con la mirada cómplice de quien sabe que existes y que eres. El calor de sus besos se mezcla con las rosas todavía. Existen porque sientes. 

Pero no serás tú

(Mujer. Diego Rivera)  Habrá un amanecer de sábanas revueltas, de olor a café fuerte en la cocina. Un aire clandestino cruzará el cuarto y sabremos que el amor ha regresado. Se asomará desnudo a la ventana y en su espalda escribiré la historia de un tiempo inesperado que se ha clavado a fuego entre mis ojos. Y no habrá más miradas oscuras, sino ese batallón de claridades que precede a la lucha de los cuerpos y que la continúa sin tregua. Estaremos seguros de las cosas, tanto como en el mundo esto es posible. Y aunque el miedo a la muerte seguirá estando al lado, parecerá más tenue, más ligero, más perdido en el tiempo, menos vivo.  Pero no serás tú....

"La presa" de Iréne Némirovsky

Me reconozco lectora de Némirovsky desde que leí, hace ya algún tiempo, ese librito tan lleno de resabios autobiográficos y adolescentes: "El baile". Después leí "David Golder" y "Suite Francesa", los tres libros iniciales de la bibliografía de la autora. De los tres, sigue siendo "El baile" el que plasma mejor esa sensación de inevitabilidad que la define. Es como si la tormenta estuviera a punto de descargar a pesar de que amanece un día radiante. Como si hubiera una amenaza latente, algo por venir que fuera oscuro y dramático.  Después de estos libros la editorial Salamandra ha hecho una enorme difusión de todos los demás que van apareciendo y llenando la estantería Némirovsky . Entre ellos, "El ardor de la sangre" y "El malentendido" ocupan para mí un lugar de honor. Seguramente porque expresan esa sensación trágica de que algo está a punto de pasar y porque no se hace ilusiones acerca de la naturaleza hu...

Ella se ha equivocado

(The good live. Mike Savad. Fotografía) Una vez ella tuvo la certeza de que había hablado de más. Tenía uno de esos momentos de tristeza incierta que cuesta trabajo definir y cometió el error de comentarlo. Deberías saber que es el silencio lo que importa en esos casos- le dije cuando tuve ocasión. Pero ella no había aprendido aún que callarse es un valor porque el consuelo no llega de quien quieres, sino de quien puede o sabe.  En el fondo- advertí- no existe sino el lento transcurrir de las horas, el paso cotidiano de los días, como forma de encontrar un pequeño descanso, una tregua, a la vida agitada, a estos tiempos convulsos en los que todo se va en encontrar porqués que nunca existen. Pero ella se empeñaba en creer que las palabras tejen un paraguas de bondad en torno a las cosas. Así, las usa demasiado y en demasiadas ocasiones, yerra.  Contemplando la vida paso a paso está cuando percibe que el transcurrir del tiempo tiene que ver con la suma de un ins...

Un secreto

(Fotografía de Jesús Vela Ortega. Lisboa)  Aunque no te lo he dicho, he atravesado mares para volver a verte. He recorrido espacios que antes desconocía. He grabado mi tenso caminar en muchas olas. Y, en todos los puertos, al abrigo de tantas sensaciones, he podido escribir la frase exacta, la que explica las cosas que no cuento, la que dice por ti lo que no he dicho. Te quiero, es la verdad que está grabada a fuego en mis amaneceres, cuando la luna apenas se ha escondido y yo quiero encontrarte pese a todo. La bruma de la tarde recrudece el deseo y al llegar en la noche la oscuridad perenne yo presiento que, al fin, sobre todas las cosas, este tiempo de ahora tendrá final un día.  Dorado corazón inmerso en hojas de firmes primaveras presentidas. 

Si hablamos de Shakespeare...

(Fotograma de la película "Shakespeare in love", John Madden, 1998) Lo he contado alguna vez. Era tan pequeña cuando oí hablar de Shakespeare, que, cuando algo después leí el primer libro suyo, la primera de las obras de teatro que conocí directamente de las que escribió, pensé que había dos personas distintas. Uno era Chespir y el otro era Sakesper. Qué delicioso error...Me resulta una confusión encantadora, derivada de que no sabía inglés y de que aún no había cumplido diez años. Una niña de piernas largas y risa pronta que se sentaba en el suelo de la azotea, orientada al levante, para recibir el oceánico regalo de la brisa de las tardes de verano, enmedio de libros y de cuadernos por escribir... No podría explicar por qué, desde entonces, me resulta mucho más familiar la peripecia del Bardo, sus textos, sus personajes, que el eminentemente hispano de Cervantes y su hijo, El Quijote. O quizá sí, quizá haya una explicación que debiera convencernos. La forma en la...

Esos días azules...

(Fotografía de Jesús Vela Ortega) Lo recuerdas ¿verdad? Podía ser una tarde de caluroso agosto o una mañana de septiembre, cuando aún las obligaciones escolares estaban a una distancia prudente. Incluso un atardecer del indeciso junio, cambiante y duradero a partes iguales. Momentos que hoy reescribes con el fuego de la distancia, con el ardor del tiempo transcurrido, con la seguridad de que estuviste a punto de perderlo todo pero que, en el último instante, algo rescató tu memoria, seguramente porque no podía ocultarse en ella tanta dicha.  Así, los pies descalzos encontraban la dureza del agua, la firme convicción de la piedra, el desahogo de las voces que se elevaban a un aire incombustible. En la lejanía, engañosamente perdidas en una bruma que ahora no comprendes, estaban los sonidos de la vida diaria, el eco de los sueños, el resplandor de lo que poseías en esos años. Todo era bello con esa belleza ingenua de la primera juventud, de la adolescencia presentid...