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Versos, cobardía y lágrimas amargas


Me he resistido a escribir de esta película. La historia del cine no se ha puesto de acuerdo sobre ella. Hay quien considera que “Esplendor en la hierba” es un drama mediocre con un puñado de magníficos versos. Otros la estiman porque supuso un repulsivo contra la estereotipada visión de los jóvenes que ofrecía el cine en esos años. Es una película de adolescentes que no deja un poso de suave inconsciencia, sino la seguridad del fracaso. De ahí su aire de tragedia. Sabes que todo eso va a terminar mal desde el minuto uno. 

Aún hoy me parece cercano el estremecimiento que sentí en la última escena. El conformismo del adiós resulta tan triste…Dos seres abocados a vivir alejados, aunque sus corazones suspiran el uno por el otro. La primera vez que la vi fue en uno de esos pases televisivos que conseguía arrancar a la cerrazón de las películas para mayores de mi casa. Aquella película era tabú y no te dejaban verla. Así que la vi con un aire de transgresión que siempre me acompaña al visionarla. 

Desde el principio pensé que la historia narraba una injusticia. Que no era lógico dejar pasar la vida, inútilmente, orillando aquello que más se quiere. Poco me importaba que el chico fuera guapo, si resultaba un maldito cobarde sin paliativos. Pasados estos ardores mentales de la adolescencia, he visto algunas cosas y la vida me ha confirmado que existen, que hay esplendores que se aparcan, que se marchan sencillamente o que no llegan a aflorar al exterior en otros casos.

El protagonismo de la poesía. Los versos de William Wordsworth te persiguen todo el tiempo, son el leit motiv, la melodía encadenada, que resuelve el telón de fondo. Incluso aquellos que no aman la película, recuerdan los versos como un reclamo indiscutible. Cuántos lectores se acercaron al poeta desde ellos…

“Aunque mis ojos ya no puedan ver ese puro destello 
que en mi juventud me deslumbraba.
Aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor en la hierba, 
de la gloria en las flores,
no hay que afligirse, 
porque la belleza siempre subsiste en el recuerdo” 


El tiempo cronológico de la Gran Depresión sirve para ambientar un drama calificado de romántico y que tiene momentos de especial lirismo y otros de carga social, de crítica ante la represión sexual, por un lado, y de la intromisión en la vida de los hijos, por otro. El mismo cine tuvo, en esos años posteriores al crack, un significado especial de reconocimiento de los errores y de vuelta a la vida inocente, antes del desastre. Hablaron los maestros. Frank Capra lo dijo en “Qué bello es vivir” y John Ford en “Las uvas de la ira”, primero y en “Qué verde era mi valle”, después. 

Los jóvenes Bud Stamper y Deanie Loomis son como hojas al viento, balanceadas sin piedad por los padres, los mayores en general y por sus propios instintos. Los instintos amorosos conducen al desastre cuando ese amor no se canaliza y se construye sobre una sana relación humana, sino que se sublima, se esconde y se convierte en un tabú, en algo irrealizable. La mente de Deanie no soportará la ausencia. Bud no aguantará la presión de su padre, porque es un joven débil y por eso mismo será un hombre desgraciado. 

En la tragedia hay distintos papeles. La cobardía de Bud, su cambio de actitud con la chica a la que dice amar y quizá ama (aunque de poco sirve amar si no es como tú quieres), produce compasión. Pero es el gesto perdido de Deanie, su pregunta incesante, por qué, por qué te has ido, por qué, después de todo, me has dejado, por qué, continuamente, esa pregunta, ese ruego primero, ese deseo después, esa lucha final, la que me llega, la que conozco, la que entiendo, la que resulta más terrible. Ajena al cambio de su amado, se debate en una duda absurda, que no tiene respuesta. Su corazón estalla al tiempo que su mente. Ella es la víctima. Ella es la traicionada. 

La hipocresía y el puritanismo de aquella sociedad producen dos seres muy distintos. Alguien libre de prevenciones y llena de deseos y alguien sujeto al vaivén de los demás, falto de iniciativa y de coraje.La historia tiene un final triste y realista. Después de muchos tumbos, psiquiatras incluidos, ella parece resignarse a ser alguien medianamente feliz, en un mundo mediano, con afectos medianos y vida resguardada. Y él se engaña a si mismo rodeado de niños, de animales de granja y de una pareja que parece entender que él es un dios sin pies de barro. ¿Él se engaña a sí mismo? Quizá no. 


Sinopsis: 

La acción transcurre en una localidad rural del estado norteamericano de Kansas. Allí dos jóvenes de ambientes sociales muy diferentes, se enamoran en el Instituto y juran seguir juntos toda la vida. Sin embargo, tienen que enfrentarse con la desaprobación familiar y con toda una serie de prejuicios de diverso signo, ante los cuales ambos tendrán respuestas que no conducirán sino a las tragedias personales y a la separación de los amantes. 

Algunos detalles de interés: 

Los actores principales tienen, ellos mismos, ese aire desvalido que tan bien encaja en la trama. Natalie Wood fue una bellísima actriz, irregular y de tristísimo final, aun sumido en investigaciones. En ese tiempo era ya una estrella. Por su parte, Warren Beatty, hermano pequeño de la grandísima Shirley McLaine, ha tenido más suerte y, tras este su debut, tras encarnar papeles de distinto rango (estupendo el de “Reds”, por ejemplo), de ser Clyde el de Bonnie y luego un Dick Tracy con gabardina amarilla y con Madonna, logró encontrar su estabilidad personal y, quizá artística, cuando se encontró con esa actriz versátil e inteligente llamada Annette Bening, veinte años y veinte centímetros menos que él, con la que tiene cuatro hijos. 

“Esplendor en la hierba” que respetó en España el título original “Splendor in the grass”, es una película de Elia Kazan, rodada en 1961, diez años después de su obra maestra “Un tranvía llamado deseo”. La película tiene un guión del excelente William Inge

La música es de David Amran y la fotografía de Boris Kaufman, ambos reputados en sus respectivos campos. En cuanto al reparto, además de los protagonistas ya citados, están allí Pat Hingle, Audrey Christie, Bárbara Loden (en el papel de hermana ligera de cascos de Bud), Zohra Lampert, Sandy Dennis, Phyllis Dillier y Gary Lockwood. 

La película obtuvo tres nominaciones a los Oscar y consiguió uno, al mejor guión original. En los Globos de Oro las nominaciones fueron tres, incluida la de mejor película. 


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