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Entradas

Una mirada atrás (III)

Despedirse sin despedidas es muy difícil. Toda mi vida ha sido así. Así me despedí de algunos amores. Así me despedí de mis padres. Así me despedí de ti. Así me despedí de mi casa. Despedirse de una casa sin el rito de la despedida te condena a no olvidarla. En tus sueños siempre estará esa casa. La verás con toda clase de detalles y no distinguirás si es realidad o fantasía. Cuando despiertes, buscarás en algún lado de la habitación un detalle familiar, pero no lograrás encontrarlo. Será el vacío lo que encuentres y entonces habrá alguna lágrima.  Ahí está el portón de entrada pintado de rojo inglés. Es muy grande y tiene a su lado la puerta del garaje, del mismo color. Ella eligió el color porque leía mucho a Agatha Christie y le parecía que el rojo inglés merecía la pena tenerlo cerca. Entre las dos puertas hay un buzón hecho de cerámica amarilla y azul. La casa está encalada en la parte superior y la inferior lleva un zócalo de piedra ostiones y un remate arriba en color al

Una mirada atrás (II)

El segundo tramo de la calle estaba plagado de tiendas. Si tuviera que enumerarlas todas no podría pero tengo clara la imagen de algunas de ellas. La más pequeña era una tienda de juguetes. El centro de atracción de todos los niños, porque estaba pintada de azul y tenía una puerta con móviles de colores que se ponían a bailar al abrirla. También sonaba una música de algo clásico que yo no sabía reconocer. La tienda de Celestino era la de los ultramarinos y allí se vendía de todo lo que hacía falta en una casa para alimentar una familia. A ella solo acudían las mujeres y estaba siempre muy concurrida. Había luego un refino con una señora muy compuesta sentada en una mesa de camilla que era muy lenta en despachar y que desesperaba a todo el mundo. Ibas a por seis botones de camisa y te pasabas allí la mañana. A veces te ibas sin el encargo, porque la señora miraba a los niños con bastante desprecio y atendía siempre primero a los mayores. Casi al lado, un bar pequeñito en el que des

Una mirada atrás

La calle era un muestrario de seres humanos. Un enorme escaparate con caracteres, apariencias y sentimientos distintos. El paso del tiempo ha enturbiado los recuerdos pero, si hago un esfuerzo de memoria, puedo volver a revivir mucho más de lo que creía. Anoche soñé que volvía a Manderley...El universo era la calle. El barrio existía levemente y la ciudad era invisible. Hasta los diez años no hubo más espacio vital que ese y luego siguió siendo la reserva de los afectos. Cuando dejé atrás la calle para no regresar, el pueblo se desdibujó. Perder la casa de la infancia es un camino sin retorno. Un hueco mortal. Era una calle muy larga y ancha. Al menos así es como permanece en mi memoria. Si hoy volviera, quizá me llevaba la gran sorpresa: ni era demasiado ancha, ni demasiado larga. Por contra, yo era demasiado pequeña. Entonces tenía tres tramos diferentes que comenzaban en una plazoleta y terminaban en un cruce de caminos. Los caminos conducían a lugares que yo apenas pisaba

"Esencia" de Efi Cubero

"Esencia" Autora: Efi Cubero Editorial: La isla de Siltolá. Colección Levante, 2019. 202 páginas Fotografía de Germán F. Huete Cita inicial: Esther Meynell sobre Bach Texto de la contraportada: Juan Manuel Macías Sobre la autora (nota editorial):  Efi Cubero nació en Granja de Torrehermosa (Badajoz), pero vivió en Barcelona durante muchos años y allí estudió y comenzó a dedicarse a la literatura y el arte. Ha publicado libros de poesía, entre otros, Fragmentos del exilio, Altano, Borrando márgenes, La mirada en el limo, Estados sucesivos, Ultramar, Condición del extraño. También ha escrito ensayos, narrativa y ha entrevistado a personajes pertenecientes al mundo del arte, el pensamiento, la ciencia y la literatura. Colabora en diversas revistas de España y América. "Esencia" representa el diálogo que Efi Cubero mantiene, de tú a tú, con artistas, obras de arte, lugares en los que el arte tiene presencia, momentos especiales de esa his

Los diez de Hollywood

Es muy frecuente la confusión entre la House Un-American Activities Committee (Comité de Actividades Antiamericanas) y la Subcomisión del Senado para Asuntos Internacionales o de Seguridad Nacional. Sin embargo hay diferencias sustanciales entre ambas. La primera emanaba de la Cámara de Representantes y existió desde 1934 hasta 1975. Su punto de mira estuvo tanto en los nazis, como en el Ku-Kux-Klan o el comunismo. Fue este Comité el que interrogó en 1947 a los productores, actores, guionistas y directores de Hollywood en relación con su pertenencia al Partido Comunista. El senador McCarthy estaba entonces en otra cosa, aunque muy en esa línea de buscar enemigos de América. Como presidente de la Subcomisión del Senado dio a conocer en 1950 una lista de 205 supuestos espías que estaban, nada menos, que en el Departamento de Estado. Su objetivo era, pues, demostrar que el propio Gobierno y las instituciones americanas estaban plagadas de agentes que hacían un doble juego, suminis

Diarios

Hay un extraño placer en comenzar un cuaderno. Hojas blancas y dispuestas a recibir tus confidencias. Sé que no soy la única. Conozco a mucha gente que colecciona cuadernos y que los rellena de escritura. Escribir a mano es una sensación maravillosa.  Hacer listas, esquemas, anotar cosas pendientes, pensamientos inmediatos, penas, números de teléfono, claves, una frase que no quieres olvidar... Se podría construir una vida a través de los cuadernos. Seguir el hilo de los amigos y de los amores. Las conversaciones en las casapuertas o en las azoteas. Los encuentros en la calle Real y los malentendidos que te separaron de alguna gente que fue importante en su día. Los enfados y las quejas. Las malas artes, la envidia. Esas horas frente a los libros que no siempre decían lo que querías leer.  La primera página contiene siempre la fecha, el sitio, algún dibujo que añades a pesar de que no sabes dibujar, también una frase importante, quizá un nombre. Y, a partir de ahí, como un torr

Tres candidatos y un verso suelto

Dana Andrews es el protagonista de esta película, a medio camino entre el género periodístico y el noir. El argumento es, sencillamente, genial. Un grupo de comunicación pierde a su magnate y a este le sucede su hijo, un tipo bastante impresentable, vago, sin carisma, que decide sacar "a concurso" un nuevo puesto en la empresa: el de director ejecutivo. Se trata de alguien que le haga el trabajo y le saque las castañas del fuego. De esa forma él puede seguir disfrutando de la vida y de su guapa esposa, con quien se casó intercambiando belleza por dinero.  Walter Kyne (Vincent Price) es el dueño de todo esto. Y los candidatos tienen carisma y capacidad de liarla. Está George Sanders, inconmensurable jefe de la agencia de noticias. Está Thomas Mitchell, en el papel de Griffith, el editor del New York Sentinel, el periódico de la cadena. Está un mandamás de la fotografía que, curiosamente, mantiene un lío bastante interesado con la esposa de Kyne. La esposa, a la que t

De poesía y poetas

(Fotografía de Nina Leen) El verano es el tiempo de la poesía. Las horas tersas de la mañana, luminosas y displicentes, sin nada que hacer, holgazaneando por la casa o el patio, veían a la niña encaramada a las obras completas de algún poeta o a un librito pequeño que contenía una antología de algún otro. A veces, se organizaban en la casa curiosos torneos, justas poéticas hechas de recitados espontáneos, con un fondo de flores, una colcha ya usada, que se sujetaba de ventana a ventana, y se convertía en improvisado fotocall. Allí se decían los poemas y se movían las manos al mismo compás. Con diez cañones por banda, qué tengo yo que mi amistad procuras, es la casa un palomar y la cama un jazminero, esta mañana, amor, tenemos veinte años, quisiera estar solo en el sur, las barcas de dos en dos, la aurora de Nueva York... Altolaguirre, Cernuda, Machado, Lorca, Santa Teresa, Borges, Alberti, Neruda, Lope de Vega, Espronceda,  los sonetos de Shakespeare , el teatro en verso,

De la urgente soledad

The Long Leg, 1930. Galería de la Biblioteca Huntington, California La sencilla verticalidad del edificio se rompe con las velas que, casi a la deriva, se arquean incomprensiblemente. El cielo despejado no puede competir con los azules del océano y la tierra se remueve como si un viento desconocido tuviera que impulsarla sin remedio. Esta es la naturaleza de Hopper y esta la forma en la que concibe la inmensidad del mar, sin habitantes, sin ruidos, sin prisas. Nadie sabe qué ojos humanos contemplan el paisaje. Nadie conoce qué ocurre en esa construcción blanca con tejado a dos aguas, o quién está dirigiendo el barco hacia ninguna parte. La ausencia de la figura humana llama la atención tantas veces en la obra de Hopper que termina siendo un aviso y una presencia imposible de olvidar.  Light at Two Lights, 1927. Museo Whitney de Arte Estadounidense, New York Los faros son esos edificios solitarios que ves a lo  lejos  pero que nunca cruzas, que no conoces por dentro.

Mentiras por amor

La personalidad de Hitchcock era tan potente, tan cuidadosamente agresiva, que sus propias opiniones acerca de las películas que dirigió son capaces de influir al público de una forma muy decisiva. Si lees en cualquier libro o página dedicada al cine las opiniones sobre esta película, encontrarás que muchas de ellas se dejan llevar por la propia inquina que el director inglés le tenía. Una inquina que no tenía que ver con la película en sí sino con algunas circunstancias que rodearon su filmación. En concreto, con el choque de trenes entre dos personalidades de carácter: el productor David O´Selznick y el propio Hitchcock.  O´Selznick era un productor que seguía al milímetro el producto. Intervenía con mano dura en la elección de actores y en todos los asuntos que podían afectar al resultado final. Eso para Hitchcock era demasiado. No sabemos si por convicción o por llevar la contraria en este caso se lió a cuenta del casting masculino. Ninguno de los tres pilares de la pelícu

El retrato de Jane Austen

Parece que el boceto que Cassandra Austen hizo de su hermana Jane se dibujó en unas vacaciones en el mar, concretamente en la localidad de Lyme Regis. Esta es una de las ciudades que la escritora trasladó a su obra, en la que hay pueblos inventados pero también otras localidades que son reales, como el propio Londres o la ciudad romana de Bath, la de los balnearios. Lyme Regis es uno de los telones de fondo de "Persuasión" y por eso forma parte del itinerario geográfico de Austen. En el boceto, mucho más simple de lo que la imagen que ilustra esta entrada pueda sugerir, aparece la escritora de espaldas, o mejor, de lado, con su vestido y su abrigo de corte imperio, además de con su cofia, que tiene, a modo de curiosidad, las cintas desatadas, como si viviera un momento de plena libertad. Seguramente estaba mirando al mar, que se observaba con facilidad desde muchos puntos de la naturaleza que rodea la población.  Lyme Regis está junto al Canal de la Mancha, al oeste

Como una isla

(Fotografía de Nina Leen) Has guardado los lápices de colores, los cuadernos, la goma de borrar y el bocadillo. Lo has colocado todo a buen recaudo, en una de esas bolsas transparentes, cuajadas de bolitas, que recuerdan otros tiempos, otras modas, otros usos. Has recorrido un espacio indeterminado, un camino inhóspito, un mundo que antes no existía y allí has esperado que el tiempo pase, que los días se acorten y las noches amanezcan a las seis de la tarde. Eres una isla de silencio y no quieres que estorbe tu serena inquietud nada que sea, otra vez, peligroso o inexacto. No tienes nada que decir, ni preguntas que hacer, ni huella que seguir. Evitas todo lo que suponga volver a ilusionar cualquier segundo, volver a cruzar la ciudad o el pueblo con la cabeza erguida en busca de una voz que suena hueca. Así, en tu isla, has vuelto la cabeza a todo lo que era un dramático sueño convertido en ironía sin nombre. Has encontrado una postura cómoda: nada que comprender, nada que odiar

Conversaciones

Éramos un montón de chicas y siempre había algo de lo que hablar. No solamente de vestidos, zapatos, adornos para el pelo o rebajas. También manteníamos sesudas charlas sobre el futuro, los amores contrariados, los pensamientos lúgubres y nuestras madres. Todas teníamos madres con mucha personalidad, de esas que nunca se callan si llega el momento, de las que te dicen a la cara lo que piensan de esa ropa que te has puesto: "No entiendo cómo piensas salir así a la calle". O reparan en el maquillaje que llevas: "¿De verdad te ves guapa con ese aspecto de actriz en alfombra roja?". Así eran nuestras madres. Veloces a la hora de reñir, perspicaces para adivinar que esa falda antes no era "tan corta". Dispuestas a saltarse las normas si era preciso para lograr enterarse de nuestras conversaciones. Animosas en los momentos más difíciles.  La única forma que teníamos de entendernos a nosotras mismas en ese tiempo tan difícil de la adolescencia era la char