viernes, 16 de agosto de 2019

No todos son iguales en Connecticut


"Lejos del cielo" es un melodrama de los buenos. De esos que te hacen llorar al final. No le sobra nada y no le falta nada. Douglas Sirk lo rodó antes, pero esta versión no se queda atrás en belleza y en fortaleza. La música de Elmer Bernstein acompaña cada escena y eso son palabras mayores. Y los intérpretes están geniales. Dennis Quaid, con un gesto torcido y culpable, es Frank Witaker, el marido perfecto, el ejecutivo envidiado; Julianne Moore, es Cathy Whitaker, la esposa de Frank y madre de sus dos hijos, niño y niña, la parejita, un ama de casa modélica, que lo mismo lleva la casa, que organiza un cóctel o ayuda a la comunidad en sus necesidades; Dennis Haysbert es Raymond Deagan, un hombre de raza negra hecho a sí mismo, titulado universitario, viudo y padre de una niña de once años; Viola Davis, es Sybil, la sirvienta que sostiene la casa y la vida doméstica y Patricia Clarkson es la amiga íntima de Cathy, Eleanor Fine, una mujer casi perfecta. 


Todd Haynes dirigió la película y logró convertirla en una obra maestra en su género. Dos asuntos golpean la pequeña sociedad en la que viven los protagonistas y cambia su existencia para siempre. Frank, el marido, tiene que terminar aceptando que es homosexual y que su lucha por ser alguien "normal" (esa es la expresión que usa) ha acabado en fracaso. Esa lucha tambalea su vida y la de su esposa, pero permanece oculta al resto de sus amigos y de sus vecinos. Cuando se divorcien, él seguirá siendo el hombre perfecto porque la superficie está limpia y en el fondo se concentra lo oscuro. Por el contrario, la amistad sincera, natural y llena de química entre Cathy y Raymond no pasará el examen colectivo. Los negros en la sociedad de los años cincuenta todavía sufrían una atroz discriminación. En el pueblo donde viven los dos grupos étnicos viven sin cruzarse. No hay entre ellos relaciones de igualdad y la forma afable en la que estas dos personas se tratan no es entendida ni por blancos ni por negros. Este salto sin red se volverá contra los dos. 


Enorme delicadeza es lo que usa el director para poner sobre la mesa la absurda lucha de un hombre contra sus inclinaciones sexuales y lo terrible y también absurdo que es la segregación racial. A nuestros ojos actuales ambas discriminaciones nos parecen incompatibles con la libertad y los derechos de las personas pero entonces suponía un claro reto al que todos se plegaban si querían seguir existiendo. La película muestra de forma extraordinaria todo esto y lo hace con los mejores recursos posibles, una ambientación increíble, unos intérpretes fuera de serie, una música maravillosa y un argumento narrado con maestría. No deberíamos pensar, al verla, que todo esto que denuncia de forma sencilla y directa está ya superado. Si fuera así el mundo sería diferente. 


En realidad, todos sufren. Los deseos no satisfechos, el amoldarse a las convenciones sociales, la necesidad de mantener un estatus en el que uno no cree, los sentimientos sofocados...Todo se conjura para propiciar el sufrimiento. Y es un sufrimiento bastante inútil, nada purificador, más bien absurdo. Porque no tiene razón de ser. El marido ha vivido una ficción obligándose a sí mismo a actuar como se debe. La esposa no ha tenido un marido tal y como ella hubiera deseado. Esa insatisfacción se le trasluce en todo. El jardinero tiene que luchar contra su raza y su situación social que le impide querer en todo su sentido a una mujer que le ha producido los mejores sentimientos de su vida. La amiga no lo es tanto, solo hasta que puede soportar la transgresión. Y los niños son también víctimas. Niños que no comparten cosas con sus padres, niños atados a las normas y a los prejuicios, niñas que son apedreadas...Toda la película expresa a cada fotograma cómo vivir de acuerdo con normas que no tienen sentido le quita todo el sentido a la vida.


Julianne Moore es una actriz encantadora. No solo por su belleza física, su precioso pelo y su sonrisa única, sino por los matices que siempre aporta a su personaje. Por su parte Dennis Haysbert es un extraordinario actor. En la serie "24" incorporó el papel del presidente Palmer, el primer presidente negro de EEUU, mucho antes de Obama y ya puso de manifiesto su estilo, elegancia, gesto delicado y todo ello sin estridencia alguna. "Lejos del cielo" es un magnífico melodrama. Y un buen melodrama siempre nos hace disfrutar. Esto es cine, cine clásico hecho en los dos mil.

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