martes, 7 de mayo de 2019

"La edad del desconsuelo" de Jane Smiley

Dana, Dave y tres hijas. Vida cotidiana. Las cosas que a todos nos ocurren. Una clínica dental que prospera. Un matrimonio de larga duración. Una duda. "Nunca volveré a ser feliz" piensa Dana en voz alta. Dave guarda silencio. El silencio de Dave esconde el deseo de que nada cambie, de que todo permanezca como está, de que su matrimonio no sucumba al desamor, la rutina o el cambio. A ellos no puede pasarles, se hundiría todo. 

Dave es un ser vulnerable y Dana necesita ser feliz. Ni él puede imaginar la vida de otra forma ni ella quiere seguir imaginando la vida que vive. Es el eterno vaivén de las parejas, de las relaciones sentimentales, de los matrimonios. Pasan los años y una multitud de ritos compartidos sustituye a la pasión, al encuentro breve, al fascinante deseo, al cruce de miradas. Pasan los años y se contraen deudas, se tienen hijos, se compran casas, se firman hipotecas, se comparte el cartel del buzón, se celebran efemérides, se amplía la familia por uno y otro lado. Pero el corazón sigue su propio ritmo. 

¿Se ha enamorado Dana de otro hombre? Y, ante eso ¿qué puede hacer Dave si quiere que su vida continúa en esa conmovedora rutina que él necesita y que él ansía conservar? El silencio es la única respuesta. Por eso callará. Por eso hará como que no sospecha, como que no tiembla ante la duda, como que no ocurre nada, como que las cosas que suceden no suceden. Este es el punto central de esta novela corta en extensión, pero pujante en intensidad. Pocas páginas, una conversación y, en medio, la decepcionante actitud de quienes sobreviven después de los años y las diferentes formas de abordar la evolución de cada miembro del matrimonio. Uno es un hombre vulnerable y otra es una mujer que aún sueña. Los sueños son dañinos si de lo que se trata es mantenerse firme en el alambre. La vulnerabilidad crea culpables e inocentes y se acaba volviendo contra todos. Quizá es un imposible pretender que la vida se escriba con los mismos renglones desde la universidad, donde ambos coinciden, hasta el final, hasta la muerte. Pero los imposibles forman parte también de la existencia. 

Jane Smiley (Los Ángeles, California, USA, 1949) es una novelista poco conocida en España. Por eso hay que agradecer iniciativas como el de la editorial Sexto Piso que ha traducido esta obra publicada originalmente en 1987 y que ha salido a la luz en español en abril de 2019. Solo las editoriales comprometidas con los lectores son capaces de realizar esta función: evitar que se pierdan, se olviden o se desconozcan, pequeñas obras maestras que merecen ser leídas. Smiley tuvo una formación académica muy extensa y recibió el prestigioso Pulitzer por una de sus novelas. Otras han sido llevadas al cine. 

La traducción del texto ha corrido a cargo de Francisco González López y tiene una preciosa portada a cargo del fotógrafo Erik Herrera que ha plasmado, con inspiración hopperiana, un interior de cafetería solitaria con un único vaso para beber a pesar de que hay dos asientos que están esperando a ser ocupados. Un símbolo de la soledad, de la falta de interlocución, que refleja muy bien el contenido del libro. Las portadas de los libros son un elemento más de atracción a la hora de comprarlos y esta es excelente. 

Hay que leer estas obras. Hay que acercarse a estas joyas con interés y expectativas. Nunca serán publicitadas a base de enormes carteles, premios acordados o publicidad insistente. Pero tienen algo que es insustituible: autenticidad, verdad, escritura en estado puro. 

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