jueves, 21 de marzo de 2019

Elefantes, martinis y canciones de amor


(Claudine Longet, la chica dulce del guateque)

Imagino la cara que debió quedársele a Hrundi V. Bakski cuando, después de ser expulsado del rodaje de una película que supuestamente tenía lugar en el desierto  (que es un sitio lejano, con mucha arena, donde no se usan relojes de pulsera), recibe una invitación del productor de la misma para un party en su mansión de las afueras de Hollywood. No lo he hecho tan mal, pensaría. Al fin y al cabo, cualquier puede cometer un error…o dos. En este caso el error era la voladura anticipada de los estudios donde se rodaba la película en cuestión. Miles de dólares gastados en humo. Los estudios son, por supuesto, los de la Warner Bros. la productora de la película que se está rodando y la de “The Party”, que es la película de la que escribo. Cine dentro del cine, como se dice. Cine cómico dentro de cine histórico. 

El caso es que Bakski, con un enorme parecido a Peter Sellers pero con el rostro maquillado en el tono más oscuro que L´Oreal tenía en su despensa ese año de 1968, mientras en Francia Dany el Rojo y otros cuántos hacían la revolución y se convertían al flower power, decide aceptar la invitación y disfrutar del encanto de una fiesta nocturna en una casa maravillosa, con piscina interior, grandes habitaciones en torno a complicadas escaleras, camareros que pimplan más de lo debido y toda clase de personajes que rulan en torno a los canapés y las bebidas. Una mansión al estilo de las que pueblan la Meca del Cine en la que todo el mundo busca hacer negocio. Las starlettes quieren una oportunidad. Los actores de segunda, asegurarse un papel. Los productores, ganar dinero. Y los directores conseguir el sueño de hacer la película de su vida. Nada de esto es fácil si, merodeando por allí, está Bakski-Sellers. 

El anfitrión del evento es Fred Cutterbuck un productor de películas como lo son todos: ansioso por prosperar y poco respetuoso del trabajo de actores y directores. Su mimada esposa es Molly. Por allí anda con cara angelical y una guitarra que ella tañe con delicadeza, la chica más guapa de la fiesta, Michele, que se pone de parte de ese actor patoso, risueño, educado y sencillo que comienza a liarla desde que entra en la casa y termina desencadenando una catarata de catástrofes. 

El papel de Sellers es delicioso. En el doblaje en español se aprecia ese acento oriental que convierte su dicción en algo suave y melodioso. Es un tímido en medio de un acontecimiento social cuyo alcance desconoce. En realidad, lo desconoce todo de ese mundo, pues él es una persona insignificante, que nunca hubiera llegado a un sitio así y a un festejo así salvo por error. Y es que el error es el inicio de todo. Y la explicación máxima de lo que allí ocurre. 

La película tiene una evolución muy estudiada en cuanto al desarrollo de los gags. Comienza suavemente y termina en plena ebullición. Es, desde luego, un gran homenaje a los genios del cine mudo, todos ellos llenos de bondad, ternura y de una risa contagiosa y sencilla. El gran Charlot, el Gordo y el Flaco, todos son modelos. Las confusiones inocentes son la base de ese torbellino de problemas que el actor indio va provocando. Y hay momentos grandiosos, como el del surtidor, inspirado en una preciosa película de Jacques Tati (Mon oncle ) de 1958. 

El romance existe en este paraíso del disparate, aunque modulado, elegante y sin estridencias. Con suavidad propia del director, Blake Edwards. Con estilo. El amor surge entre Michele, la guapa aspirante a actriz, francesa por más señas, cantante y guitarrista, que entona con una voz susurrante una canción que desarme a Sellers y que le confirma que su corazón, esta vez sí, no se ha equivocado. 


Sinopsis:

Hundí V. Bakski es un actor de origen hindú, una especie de educado gafe, que, después de crear un enorme revuelo en el rodaje de una película debido a un error, se encuentra invitado, también por error, a una fiesta en casa del productor. La forma de ser del actor y su encuentro en un medio hostil desencadenará toda una serie de situaciones cómicas. 

Algunos detalles de interés:

“The Party”, estrenada en España como “El Guateque” es una película estadounidense de 1968, de solo 99 minutos de duración (un metraje muy corto para una película de esa época), dirigida por Blake Edwards con guión del propio Edwards y de Tom y Frank Waldman. 

La música, extraordinaria, genuina, genial, es del gran Henry Mancini, asiduo colaborador de Edwards en la saga de “La Pantera Rosa”. La fotografía es de Lucien Ballard. 

El reparto está formado por Peter Sellers, Claudine Longet, Marge Champion, J. Edward McKinley, Natalia Borisova, Fay McKenzie, Jean Carson, Al Checco, Corinne Cole, Dick Crockett. 

Peter Sellers, el protagonista principal, es un actor inglés que nació en 1925 y murió en 1980. Perteneciente a una familia de actores de teatro cómico, debutó muy joven en las tablas y trabajó también en la radio. Participó en un gran número de películas en el Reino Unido, donde se hizo de fama y de prestigio como actor. Su participación en “Lolita” (1962) fue el comienzo de la mejor etapa de su carrera. A ella le siguieron importantes títulos como “Teléfono Rojo: Volamos hacia Moscú”, de 1964, dirigida por Kubrick, la saga de la Pantera Rosa en el papel de Inspector Clouseau, con Blake Edwards de director, desde 1964, “Qué tal Pussycat”, de 1965 dirigida por Clive Donner, entre otros muchos títulos. 

Su última gran película, en la que hacía un papel con cierto parecido al del actor de “El Guateque”, en cuanto a su inocencia e ingenuidad, es “Bienvenido, Mr. Chance” de 1979, del director Hal Ashby, un año antes de morir, en la que hacía un precioso papel encarnando a un jardinero que solo conocía el mundo a través de la televisión pero que, sin embargo, poseía un notable sentido común. 

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