sábado, 10 de noviembre de 2018

Novelar la vida, escribir la muerte. El caso de Joan Didion


La primera imagen de Joan Didion (Sacramento, California, 1934) es la de una lectora voraz, que leía libros y libros, muchos de ellos de mayores, desde que era una niña. Esa afición a la lectura marcaría su destino, su vida entera. Pero la historia de esa vida tiene tanto sabor, destila tanto interés como sus propios libros. No es una novelista al uso, sino que incursionó en el periodismo, comenzando por la revista "Vogue", ese vivero de buenos escritores, y también escribió para otras más. Hizo guiones de cine, adaptó biografías, se preocupó de temas políticos o geográficos, dio su opinión sobre los asuntos candentes del tiempo en el que le tocó participar activamente en la creación de pensamientos globales. Hizo muchas cosas, incluso enamorarse y compartir su vida durante casi cuarenta años con otro escritor, John Gregory Dunne, y con una hija, Quintana Roo. A ambos los perdió en un corto espacio de tiempo. Y fue capaz de escribir sobre la muerte, la pérdida, la soledad y el desamparo. 


La suya es, al tiempo, una imagen familiar y una imagen comprometida, la de alguien que formó parte con toda convicción de los acontecimientos más destacados de su época y para quien la comunicación verbal era toda una enorme posibilidad por la que tenía que transitar. El dolor por la muerte de su marido y por la pérdida de su hija, fue también convertido en palabras, de la forma en que lo hacen los que no hallan a mano otro bálsamo que ese, otra inagotable fuente de consuelo, si es que puede llamarse así. No tenía más remedio, diría Joan Didion, si pudiera explicarlo hoy, desde el silencio de sus últimos años en los que observa reediciones de sus obras, compilaciones y, sobre todo, reconocimiento. 


Ella es una de esas mujeres poderosas, vivas, llenas de intuición y talento, que las traducciones de las editoriales independientes que se están realizando últimamente, nos pone al alcance de los lectores. Sus libros tienen el poso de la genialidad. En el primero que publicó (en 1963) y que ha rescatado la editorial Gatopardo en marzo de 2018, "Río revuelto", el comienzo es tan genial como otros que la gran literatura ha ido aportando durante siglos: "Lily oyó el disparo a la una menos diecisiete. Supo qué hora era con exactitud porque, en vez de mirar por la ventana la oscuridad donde el disparo todavía reverberaba, siguió abrochándose el cierre del reloj de pulsera de diamantes que Everett le había regalado hacía dos años, para su decimoséptimo aniversario; se quedó mirando la esfera un largo rato y luego, sentada ya en el borde de la cama, se puso a darle cuerda"


Pocos comienzos más inquietantes. Pocas imágenes más llenas de desasosiego que la de esta mujer que sabe que algo ha ocurrido y algo grave, y se mantiene impertérrita, arreglándose en su habitación, mientras el exterior esconde una tragedia. Después de perfumarse con un perfume caro, su pensamiento nos sigue dejando atónitos, con ese fondo de incertidumbre que arrasa: "En las páginas despreocupadas de aquellas revisas en las que Joy era proclamado periódicamente el Perfume más Caro del Mundo, no salía ninguna mujer que, estando sentada en su dormitorio, oyese disparos en su embarcadero". Inquietante, como toda su obra, como ella misma, mezcla de cotidianeidad sencilla y de sofisticación inexplicable. 


Joan Didion y John Dunne formaron una feliz asociación. Demasiadas veces conocemos casos muy diferentes. Maridos y mujeres que terminan odiándose porque uno de los dos es más brillante, o porque triunfa más o porque obtiene más reconocimientos. No parece ser el caso de este matrimonio que perduró más allá de lo que suele ser usual entre artistas o entre escritores. Y es esa permanencia la que imprime aún más interés a su obra, teñida de una extraña duda, de un escepticismo radiante. Didion es la escritora de la indecisión. La historia que se narra en "Río revuelto" tiene lugar entre los años treinta y sesenta de California y su detalle es también la evidencia de los cambios que cubrieron la faz del mundo occidental durante estos años cruciales. Es la observación directa, la intuición felizmente proclamada y aceptada por todos los que han estudiado su obra, la que lleva a Didion a retratar tan certeramente un tipo que ya se estaba esfumando y para ello parte de la vida diaria, cotidiana y en aparente armonía de un matrimonio, el formado por Everett y Lily McClellan, gente corriente, pero cuya vida sentirá el mazazo de la sinrazón y de lo oculto. 


Además de sus novelas, guiones de cine y sus numerosos artículos en revistas con las que ha colaborado largo tiempo, también la no ficción ha presidido su obra, ensayos que en España se han recopilado con el título "Los que sueñan el sueño dorado" (2012). En 2006 obtuvo el National Book Award con una obra autobiográfica escrita a raíz de la muerte de su marido, "El año del pensamiento mágico", que quedó finalista del Premio Pulitzer y, más tarde, en 2011, publicó "Noches azules", libro en el que recreaba la muerte de su hija a los 39 años. Su trayectoria es muy larga pero es en estos momentos cuando se ha reconocido en cierto modo ese valor de convertirse en una persona que anticipa acontecimientos que sucederán tarde o temprano, en alguien que se da cuenta cómo el mundo está cambiando y con ese mundo también los seres humanos. Las relaciones entre las parejas, la amistad, la familia, todo ese ámbito casi doméstico pero que excede las paredes de cualquier casa son elementos que le interesan profundamente, al tiempo que otros temas que tienen quizá repercusiones aparentes mayores, aunque no siempre esa repercusión es tan señalada como la íntima revolución de la letra pequeña. 

Río revuelto. Joan Didion. Publicada en castellano por Gatopardo ediciones, primera edición en marzo de 2018. 

Traducción de Javier Calvo. Título original Run river. 

Diseño de la colección y cubierta: Rosa Lladó. 

Imagen de la cubierta: Bobby and Betty, 1953

Texto de la contraportada: Anne Tyler, New Republic. 

Sinopsis de la editorial: En un caluroso verano de 1959, el matrimonio formado por Everett McClellan y su esposa Lily, bisnietos de una larga línea de pioneros californianos, ven cómo se derrumba su vida bajo el peso acumulado de falsas apariencias, errores y traiciones. La historia comienza y termina con un disparo, cuya detonación lanza al lector veinte años atrás. Tomando el pretexto de un drama doméstico aparentemente inofensivo, Didion traza, con precisión quirúrgica, un fiel retrato de la clase media californiana de la época y retuerce los clichés románticos para retratar como un visionario la imagen de una América que se halla al final de los sueños y se adentra en una temporada crepuscular de la que parece ya no resurgirá. 

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