jueves, 29 de noviembre de 2018

El tiempo de los abrazos


Miradla, está en el centro de la foto. La niña quiere ser buena pero no consigue que su mirada se centre en el libro que está leyendo. No consigue que se detenga ahí, que se convierta en el motivo principal de su interés. No. Mira más allá, se despliega, se lanza a un universo desconocido, se zambulle en un mar de olas peligrosas y sin fin. Ella, la niña de la foto, se pregunta por algo más que los libros no enseñan. Y esa pregunta es el motivo principal de sus dudas. Y será así siempre, toda la vida, todos los años venideros, toda la gente que va a conocer, representará esa pregunta sin respuesta. 

La niña de la foto no sonríe. No tiene el gesto concentrado de la compañera del jersey geométrico, que parece buscar en el libro de al lado algo que en el suyo no existe. Esos ojos fruncidos indican un sentimiento de malestar porque ese otro libro es más interesante que el suyo, más grande, con menos hojas. Tampoco se parece a la niña rubia del vestido bordeado de piquillos. Esta niña se sonríe y detiene su sonrisa sobre el libro que hojea y todo está en orden, dispuesto, terminado. 

La niña del centro de la foto es una niña sin abrazos. Parece enfadada pero está a punto de llorar. La niña del centro de la foto siempre estará a punto de llorar, incluso cuando sea una adolescente, una muchacha o una mujer. Será una niña al borde de un ataque de llanto. Y pasará por encima del libro y no se detendrá, siempre habrá algo que la impulse hacia delante. Hará tonterías y perderá el tiempo. Dejará pasar oportunidades y no sabrá expresar los afectos de la forma debida. Sufrirá inútilmente y será engañada mil veces. No entenderá el modo de expresar los enfados y, un día, quizá lejano pero cierto, sabrá que los abrazos que no existieron ya nunca van a regresar del país perdido. Y que todos los minutos de las horas tendrá esa misma mirada errante, esa búsqueda del hogar inexistente, ese exilio, esa perdida oportunidad de dejarse llevar entre las paredes cálidas de la emoción más pura. 

1 comentario:

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