jueves, 1 de noviembre de 2018

"Bassett" de Stella Gibbons


Stella Gibbons (1902-1989), en la imagen, es una escritora imprescindible. Lo que no deja de resultar paradójico si tenemos en cuenta la fecha tan reciente de sus traducciones al castellano. Los cinco libros que he leído de ella han sido publicados en España por la editorial Impedimenta, responsable de la recuperación para los lectores españoles de una buena cantidad de escritores casi desconocidos, la mayoría de ellos en la franja de los siglos XIX y XX. En el caso de Stella Gibbons su vida es casi tan entretenida y original como las historias que cuenta. Nació en la ciudad de Londres y su familia tenía, en sí misma, elementos suficientes de inspiración como para escribir varios libros.  Excéntricos y complicados. Ella misma se puso a estudiar periodismo, algo no habitual en las jóvenes de la época, y se quedó huérfana muy joven, pues ambos progenitores murieron en 1926. En las fotografías que se conservan de ella tiene ese aire tan inglés, de persona discreta y elegante, que tan poco casa con las locuras de las que escribe. La cara y la cruz de un personaje fascinante. 


(Las traductores de Bassett fueron Laura Naranjo y Carmen Torres García)

Su primera publicación, al margen de sus artículos periodísticos, fue un libro de poemas "The Mountain Beast" y enseguida vio la luz el libro que le dio reconocimiento y le permitió convertirse en una escritora de pies a cabeza. Se trata de "La hija de Robert Poste" divertidísima novela, tan cómica y disparatada que era una rara avis en la literatura de entonces. Flora Poste vivió su propia secuela "Flora Poste y los artistas", con una sátira descarada del mundo del arte y sus exquisitos protagonistas. Además de estos libros iniciales llegó a completar hasta veinticinco novelas, de las que Impedimenta ha publicado algunas en castellano, como "La segunda vida de Viola Wither", "Westwood" o esta "Bassett", entre otras. En todas ellas se mantiene la mirada original, irónica, divertida y llena de pequeñas travesuras literarias que tuvo Gibbons. Lejos de centrarse en exclusiva en el mundo femenino desde el punto de vista de los sentimientos amorosos, algo que era común entre la escritura de su época, se lanza a observar el tiempo que la rodea, las circunstancias a veces dramáticas de esas mujeres y la forma en la que estas sobreviven a miles de peripecias que, aunque resultan cómicas en ocasiones, no dejan de ser piedras de toque para la resistencia al miedo y la cobardía. 


(La imagen de Stella Gibbons, al otro lado de la ventana, bien podría ser la de una Flora Poste en la madurez)

En "Bassett" contrapone dos ambientes diferentes y cuya colisión entraña comparaciones que nos hacen pensar y reír. Por un lado están dos mujeres de sólida estructura mental, la señorita Baker, que viene de Londres, y la señorita Padsoe, que vive en una casa rural que luego lo será de huéspedes, en una unión comercial que tiene malos augurios desde el comienzo. En el otro lado de la cuerda están los habitantes de la mansión de los Shelling, sin mayores problemas que organizar juegos, fiestas, reuniones alocadas y momentos de expansión. El romanticismo está asegurado en las personas de George Shelling y la señorita Catton, una dama de compañía cuya belleza no dejará indiferente a George. La mezcla de clases sociales, algo que en toda la literatura inglesa aparece reflejado con profusión, es uno de los temas que trata Gibbons


(Old Farm es la granja imaginada en la que Flora Poste desarrolla sus aventuras)

"El amor la había transformado. Allí sentada, con la vida clavada en el suelo y mascando su brizna de hierba como si le fuera la vida en ello, se la veía tan indefensa como una flor. Se había desprendido de la armadura de ironía, sentido común y decoro que dos meses antes la había protegido y en su lugar solo llevaba las vendas cegadoras del amor sobre los ojos" 

"Ya no pensaba en George como lo hacía antes de enamorarse de él: ahora, su cansancio nervioso, sus arrebatos de indignación ante el sinsentido de la vida tal como él la veía, su malestar..., todo aquello le provocaba lástima y ansiedad. Su fragilidad física le cautivaba y alarmaba a partes iguales: le encantaba que apoyara tranquilamente la cabeza en su pecho y acariciarle la frente con sus dedillos firmes y delicados...Quería crear un estrecho círculo de amor y confort alrededor de ambos, y estrecharlo cada vez más hasta dejar fuera al mundo entero, en toda su aterradora inmensidad"

Los pensamientos de la señorita Catton revelan la forma en la que percibe el amor, las relaciones con los hombres y la vida de las emociones amorosas en general. Ese detalle, esos matices, esa pequeña disección de aspectos tan aparentemente triviales es propio de la manera en que las mujeres observan la existencia. Una mirada interior. Una reflexión propia. Una forma de estar en el mundo más vívida, más llena de intensidad. 

La personalidad de Stella Gibbons no casaba muy bien con frecuentar el mundo literario, siempre lleno de claves internas que no resultaban fáciles. Sus obras, irónicas, descreídas, satíricas, tampoco se avenían con el gusto del público y por eso se publicaron, salvo la primera, muy tarde. La vida personal de Stella Dorothea Gibbons es un elemento básico que ha de ser tenido en cuenta, como ocurre siempre con la literatura. Su padre era violento, bebedor, problemático e infiel. El mundo del periodismo la puso en contacto con la literatura de una forma temprana y tuvo que capear con el enorme éxito de su primer libro, algo que tiene luces y sombras. 

Stella Gibbons no pertenece al stablishment literario ni se considera una escritora de culto, quizá porque sus libros no contienen escenas atormentadas ni convulsas. Fue una gran admiradora de Jane Austen y de Keats. A la primera la cita en "La hija de Robert Post" y al segundo en "Bassett". Su matrimonio con el actor y cantante Allan Webb y el nacimiento de su única hija, Laura, aportaron serenidad y tranquilidad a una vida cotidiana exenta ya de las alteraciones que la forma de ser de su padre confirió a su infancia y a su adolescencia. Quizá en su excelente vis cómica estuvo la salida natural a esas vivencias complicadas y que se canalizaron con la risa y el esperpento mejor que por la tragedia o el dolor. Los personajes astracanados de sus libros tienen mucho de reflejo de sus seres cercanos pero también de válvula de escape. Ambos elementos suelen confluir en la literatura.

La obra de Stella Gibbons no ha sido traducida al castellano salvo excepciones y esas traducciones son todas muy recientes: 

"Cold Comfort Farm" de 1932 se publicó en 2009 con el título de "La hija de Robert Poste"

"Nightingale Wood" de 1938 fue publicado en 2013 como "La segunda vida de Viola Wither"

"Christmas at Cold Comfort Farm" colección de cuentos de 1940, salió en castellano en 2012 con el título de "Navidades en Cold Comfort Farm"

"Westwood" de 1946, conservó su nombre original en su publicación en castellano de 2012. 

"Conference at Cold Comfort Farm" de 1949, secuela del primero, se publicó como "Flora Poste y los artistas" en 2011, con lo que fue el segundo libro que salió traducido al castellano.

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