domingo, 2 de septiembre de 2018

El hermano perdido de Jane Austen



Cuesta trabajo encontrarle la pista. Incluso algunas noticias sobre ella hablan de que fueron siete hermanos. Y, si citan ocho, hay siempre un nombre que falta. Te pones a contar y no lo encuentras. En la edición, por otra parte muy buena, que edita Cátedra. Letras Universales, con edición y traducción de Juani Guerra, se relacionan los miembros de la familia Austen-Leigh: "El hermano mayor, John (1765-1819) era muy estudioso". Y sigue: "A John le seguía Edward (1769-1852), persona muy constante y trabajadora". Continúa la explicación de este modo: "Luego venía Henry (1771-1850), el hermano favorito de Jane Austen: era ingenioso y muy vital" . Guerra añade unas páginas después: "Y llegamos a Cassandra Elizabeth (1773-1845), su única hermana y mejor amiga"
Para concluir: "Por último, Frank (1774-1865) y Charles (1779-1852) acuden a la Royal Naval Academy de Portsmouth...y llegarán a ser almirantes". 

Vamos a contar: uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete si contamos a Jane (1775-1817). ¿Dónde está el octavo hermano? Para empezar, en el texto de Juani Guerra hay un error: El hermano mayor se llamaba James, no John. Y, por otro lado, el padre tenía por nombre George. ¿Cómo es posible que ninguno de los hijos hubiera recibido el nombre de su padre? La primera hija se llamó como su madre, Cassandra, Cassy en la intimidad, pero ¿no había ningún hijo que llevara el nombre de George? 

Pero sí lo había y su historia es muy trágica. Es el hermano perdido de Jane Austen. Para encontrar huellas de él nos tenemos que ir a la biografía que escribe Lucy Worsley y que se publica en la editorial Indicios en 2017 con traducción de Victoria Simó. "La historia de los Austen en la rectoría de Steventon da comienzo a finales del verano de 1768 cuando un carro cargado de enseres domésticos recorría los caminos de Hampshire desde la cercana aldea de Deane..." Allí van, George Austen, de treinta y ocho años; Cassandra Leigh, su esposa, de veintinueve, la madre de ella, Jane Leigh, y los tres hijos de la pareja: James (Jemmy), George y Edward (Neddy). He aquí, por tanto, que el segundo hijo de la familia era George y que llegó con sus otros dos hermanos, sus padres y su abuela, a la rectoría de Steventon. George tuvo que nacer entre 1765 y 1769, espacio de cuatro años suficiente como para haber tenido otro hijo. Sin embargo, en la vida cotidiana de Jane no se hace referencia a este hermano, ni hay noticia de profesión, boda o similar con respecto a él. 

¿Por qué? Como dice Worsley "George ya no vivía en casa. Cuando se hizo patente que nunca superaría su propensión a los "ataques", sus padres decidieron enviarlo a vivir a una familia de acogida permanente. Ya existía un precedente en este aspecto, porque la propia señora Austen tenía un hermano mayor discapacitado que había recibido un trato parecido. Los dos, tío y sobrino, acabaron viviendo juntos con la misma familia de cuidadores, los Callum, en un pueblo situado al norte de Basingstoke llamado Montk Sherborne"

Este olvido del hermano discapacitado, cuya deficiencia o enfermedad no conocemos con detalle, salvo esa alusión a sus ataques, cundió en toda la familia para la posteridad. Los Austen, tras la muerte de Jane, y cuando se vieron situados en el centro del foco de atención, ocultaron muchas cosas. Trastocaron el estilo de vida de Jane, taparon sus amores y quemaron (lo hizo Cassandra) las cartas íntimas en las que ella hablaba de los suyos. La información que se nos ofrece, por tanto, ha de ser puesta en cuarentena y solo las investigaciones posteriores han podido arrojar alguna luz. Los sobrinos de Jane que escribieron sobre ella siempre hablaron de siete hijos y no de ocho. Se saltaron al segundo, literalmente. George fue "el niño defectuoso al que facturaron lejos", primero y luego "el hermano olvidado", que llevaba sobre sí el estigma de la enfermedad mental. 

Hay apariciones intermitentes de George en la vida de la familia, alguna visita, por ejemplo, y alusiones del padre a su estado de salud y a la recurrencia o apaciguamiento de sus ataques (epilepsia, probablemente). Su apartamiento de la familia ha generado indignación en los investigadores. También el hecho de que la señora Austen mandara a sus hijos a ser criados por amas fuera del entorno familiar. Los médicos tenían opiniones muy duras al respecto de los epilépticos y no había datos científicos que ayudaran a un tratamiento más humanitario. Con el alejamiento a un lugar distante podían intentar evitar el contagio a sus hermanos. Y el hecho de que no fuera el único caso en la familia, apunta Worsley, podría hacer pensar a futuros pretendientes de las chicas que era algo fácil de reproducirse en caso de matrimonio. 

Todas estas circunstancias tuvieron que ver con el hecho de que el segundo hermano, George Austen, nombrado como su padre, desapareciera del mapa y viviera al cuidado de otros, no de una institución, sino de una familia y con la compañía de su tío, también enfermo. Los secretos de las familias son tan grandes que no es posible ahondar en todos ellos, pero aquí hay una causa más para tener claro que lo que sabemos de los Austen es solo lo que han querido mostrarnos y que todavía queda mucho trecho de investigación para terminar de ahondar en esas vidas. 

Lo que sí es seguro es que, cuando contaba cuatro años, George Austen, con un tipo de discapacidad cuyo detalle desconocemos, fue marginado del grupo familiar y enviado lejos. El contacto de Jane, la hija séptima, con este hermano, fue mínimo, si acaso en alguna visita que él hiciera a la familia, en contadas ocasiones. 

(Imagen: juego de mesa inspirado en las historias de Jane Austen) 


2 comentarios:

  1. Es impresionante. Vivimos tiempos de relectura permanente de hechos y personas, a luz de la aparición constante de nuevos datos, nuevas opiniones, prismas distintos a través de los cuales contemplarlos. Por un lado, resulta fascinante, apasionante; pero también puede llegar a ser angustioso, y agotador. En fin... Un abrazo y buen domingo.

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  2. Es cierto. No paramos de saber cosas nuevas, que te dan cierto vértigo. Un saludo.

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