lunes, 27 de agosto de 2018

Tormenta de verano


(Fotografía: Tamara Lichtenstein) 

A "La, la, land" le faltó una escena de lluvia. Un momento mágico en el que Ryan Goslings y Emma Stone danzaran abrazados, empuñando cada uno de ellos un paraguas rojo. Me gustan los paraguas rojos y el rojo de los bolsos. Si quieres hacerme feliz, no lo dudes, regálame un Kelly de Hermés, de ese rojo intenso que te acompaña en los días más oscuros. "La, la, land" fue la banda sonora de mi invierno pasado. Veía las imágenes e imaginaba que en una esquina de ellas había un hueco para mí, un pequeño lugar escondido, un papel sin importancia, una camarera en patines o una ascensorista con uniforme. 

La tormenta de cada verano ha llegado envuelta en la música de la conversación. El final del verano siempre se escribe con unas gotas de agua, unas pocas lágrimas y unas risas compartidas. Hemos vertido junto al café el tarro de los secretos y ahora nos sentimos más ligeras. El día tormentoso es una anticipación del otoño y hacemos planes con la secreta seguridad de que cambiarán las estaciones pero que, si no hacemos un enorme esfuerzo, seguiremos siendo las mismas. No queremos seguir estando en un cuarto oscuro, en un lugar donde las corrientes de aire te dejan temblando, sino recorrer paisajes que nos devuelvan la alegría. 

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