domingo, 1 de julio de 2018

Seremos olvido





Quiero que pase el día de hoy y que con él termine este dolor que siento. Si alguien te hace daño debería desaparecer de la faz de tu tierra, caer fulminado del fondo de ti y no tener ningún hueco en tus pensamientos. Pero la vida me enseña a cada instante que eso solo es posible para algunas personas y que otras, sin quererlo, quizá porque somos más inseguras o menos racionales, sufrimos demasiado y demasiado a menudo. 

Cuando caiga la noche estará a punto de empezar una historia nueva. Hay veces en que no se sabe cómo cerrar capítulos de un libro y cómo iniciar otros. Los venideros no llegan a escribirse sin hacer un balance de todo lo anterior. Tienes que reconocer que mentiste, que te engañaste a ti misma y que convertiste tu vida en una incógnita pesada. Entonces, tras ello, se abrirá ante ti una posibilidad, la de estar en paz, la de la serenidad que ansias desde hace tanto tiempo. 

El engaño es el maestro del dolor. La mentira se conjura para hacerte infeliz. La ausencia no es tan mala como el juego. La manipulación es aquello que te deja inerme ante la duda. Y la duda te ahoga, te convierte en alguien que no eres, que no quieres ser y que no quieres ver en el espejo. Así, mirando la naturaleza que se abre ante mí, las hojas tersas de los árboles, el aire que mueve las ramas, así soy capaz de encontrar el fallo, el hueco, el error, la falsedad y mi propia desolación. 

No habrá horas como estas de hoy cuando acierte a poner fin a una mentira que me ha dejado exhausta. La maldad existe y no he podido reconocerla hasta ahora. Han tenido que conjugarse circunstancias y verbos para poder escribirla con todo su sentido. No esperaba que se cumpliera este pronóstico pero, si no queda otra salida, habré de reconocer a pesar mío, que erré, perdí y dejé en el camino tanto bagaje que ahora no sé si tendré fuerzas para llenar de nuevo mis alforjas. 

Media tarde de sol y una sombra que avanza para traer la noche. En el escaparate fluctúan las ventanas como si fuera un cuadro hiperrealista. No estás llegando al sitio donde el amor espera. No hay autobuses que circulan en dirección al odio. Esperas que el tiempo pase con la tranquilidad de que quedan pocas esquirlas que clavar en las manos que extendiste con increíble anhelo. 

Nunca tuvimos nada, la nada fuimos. No fuimos nada que pueda contarse. Por eso no hay llanto que poner sobre la mesa. Nada fuimos. Seremos olvido. 



(Pinturas de Matthew W. Cornell)

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