miércoles, 16 de mayo de 2018

"Detectives victorianas. Las pioneras de la novela policíaca" Edición de Michael Sims

Con un criterio estricto la época victoriana ocupa los años del reinado de Victoria I, que subió al trono con 18 años en 1837 y murió en 1901, después de reinar durante más de 63 años. Sin embargo, algunos historiadores sitúan el comienzo de este importante período histórico unos años antes, al principio de los años 30 del siglo XIX, por la serie de cambios que ya se iban anunciando. 

Victoria I llegó al reinado de carambola y nunca el azar fue más fructífero. Tuvieron que morir varios tíos, su padre y su abuelo, el rey Jorge III, para que ella se coronara como monarca del Reino Unido y, en 1877, emperatriz de la India. Su madre era una princesa alemana de la casa Sajonia y su matrimonio con un primo de la misma dinastía dio lugar al comienzo de los Sajonia en el trono británico, ya que ella fue la última Hannover en reinar. Tuvo 9 hijos y 42 nietos, la mayoría de los cuales emparentaron con casas reinantes europeas, haciendo una política de alianzas que perdura aún en muchos sentidos. Se puede decir que toda la realeza europea tiene lazos con la reina Victoria. 

El período victoriano es enormemente interesante en todos los aspectos. Significó el cambio de una economía (y por tanto, un modo de vida) rural a la transformación industrial que, junto con el ferrocarril, la expansión del imperio y la citada política de alianzas, convirtió al Reino Unido en el centro del mundo moderno. También las artes y la cultura en general, la literatura por supuesto, dieron enormes frutos y he aquí que este libro, cuya edición se debe al experto Michael Sims, nos trae un conjunto de historias cortas que sirven como antecedente de lo que será la gran novela policíaca de filiación británica. 

Aclaremos primero una pequeña confusión que se produce con este libro: no se trata de rescatar a las escritoras de novela negra que primero incursionaron en este campo, sino a los personajes creados por escritores y escritoras cuyo papel de detectives se constituyen como el primer eslabón de los futuros y famosísimos investigadores del crimen. Así hay autores como W. S. Hayward, Andrew Forrester hijo, C. L. Pirkis, Mary E. Wilkins, Anna Katherine Green, George R. Sims, Grant Allen, N. McDonell Bodkin, Richard Marsh y Hugh C. Weir. Los relatos van desde el año 1864 hasta el 1915. 

Previamente Michael Sims escribe un texto llamado "Vigilancia en la intimidad" en el que pone de relieve el trabajo que va a presentar así como las líneas generales del mismo. El texto lleva una cita de la obra The Female Detective, de 1864, en la que se pone de manifiesto la mayor facilidad de una mujer para vigilar y encontrar pistas en los ambientes domésticos, que son los que conoce y sigue de cerca. No es mala reflexión esta, desde luego, porque la han hecho suyas, en la teoría y en la práctica, grandes damas de la novela negra, comenzando por Agatha Christie. 


El Londres victoriano era, probablemente, muy sucio, abigarrado, lleno de movimiento y en el que convergían personas de muy distinta condición y ocupación. Gente venida del campo en busca de trabajo en los nuevos oficios relacionados con la industria, familias burguesas de clase media, aristócratas que rezongaban acerca de cómo estaba todo cambiando, un paraíso para los carteristas, afanadores, delincuentes de poca monta y de muchísima monta. La escasa iluminación, los callejones adyacentes a las casas, la proliferación de habitaciones alquiladas a cuyos moradores no se les exigía apenas nada, todo eso suponía un plus de peligrosidad. Los delitos eran muchos y muy variados y Michael Sims destaca los desvalijamientos, robos, asaltos, asesinatos, infanticidios, violencia conyugal, odio racial, sobre todo. 


La mayoría de las historias de este libro se desarrollan en Londres, aunque hay alguna también en Nueva York. Las ciudades eran el centro del crimen y los primeros cuerpos policiales estructurados se formaron precisamente en estos contextos. En 1829 se había creado la policía metropolitana en Londres, tipos altos, vestidos con sombrero de copa azul y frac, armados con una porra, unas esposas y un silbato para avisarse entre sí. Se llamaron peelers en Irlanda y bobbies en Inglaterra, porque el impulsor de esta fuerza policial fue el ministro de Interior Robert Peel. 

Antes de ellos existieron los Bow Street Runners una especie de agentes judiciales impulsados por el autor de "Tom Jones", Henry Fielding, que ejercía de magistrado en Londres. Por cierto, esa era una novela muy apreciada por Jane Austen, a pesar de que no estaba bien visto que la leyera una señorita. Los runners tenían el aire de detectives privados y desaparecieron unos años después de que se creara la policía metropolitana. El departamento de detectives como tal se creó en 1842 y asumían la novedosa tarea de la investigación. Las protagonistas de estas historias que componen el libro son eso, detectives, que llegan a este trabajo por rutas diversas y que ejercen un trabajo que podíamos definir como "poco femenino". 


(Mary Eleanor Wilkins Freeman)

Dado que los personajes femeninos detectivescos son anteriores a las mujeres detectives en la vida real, bien puede calificarse este hecho de anticipación, futurismo o adivinación, viene a proponernos Sims en sus explicaciones sobre el contenido del libro. Observa una especie de toque femenino a la hora de proponer la solución de un crimen, basado en el instinto o en la mirada diferente, que se fija en detalles pequeños o en cuestiones aparentemente adyacentes. Algunas veces esas detectives se disfrazan, lo que facilita las pesquisas. Y, en todo caso, hay algo que yo añado de mi propia cosecha: las mujeres despiertan menos sospechas a la hora de preguntar o de buscar conversación que un hombre, precisamente por el hecho reconocido por todos de que las mujeres hablamos más y somos más curiosas en general. Lo que, a mi juicio, es un auténtico lujo, un placer y una suerte. El hermetismo masculino es un problema para ellos y para los demás, y, desde luego, no garantiza una vida más feliz ni más tranquila, sino, en todo caso, menos llena de emociones y exenta de eso tan entretenido y agradable que algunos escritores han destacado y que es el poder de la observación. 

Las historias de detectives como estas que aquí aparecen ponen el punto de mira no en el crimen o en el criminal sino en los investigadores, las pistas y la forma de resolver los casos. Son crucigramas, juegos de artificio, puzzles que hay que solucionar. Ese es el sentido principal que tienen y lo que diferencia a las historias policíacas de las novelas negras o los thrillers. 

Ellas son Amelia Lutterworth, Dora Myrl, Violet Strange, la señora Pascal, Loveday Brooke, Sarah Fairbanks, la primera de las cuales antecede con toda claridad a la futura señorita Marple de Agatha Christie, la autora policíaca que más detectives inventó: Poirot, Marple, Tuppence y Tommy, Parker Pyne, Ariadne Oliver e, incluso, Hastings. 

Sims considera a Edgar Allan Poe como el padre de la historia detectivesca. En 1841 había escrito "Los crímenes de la calle Trianon" que luego sería la calle Morgue, donde aparece un detective aficionado francés (luego Agatha Christie haría belga a su detective, aunque no era un aficionado sino un antiguo policía), llamado C. Auguste Dupin. También Arthur Conan Doyle cogió algunas características de Dupin para su egocéntrico Sherlock Holmes, tan estirado y compuesto siempre, algo que debería ser propio de los detectives famosos habida cuenta de que este prototipo es muy usual. 

Los medios de transporte tienen un papel central en los relatos y también en la época, pasándose de los caballos al ferrocarril y de ahí al automóvil. Cambios sustanciales que se reflejan también en el vestuario femenino, porque, dentro de esto, surgió la revolución de las bicicletas y los monociclos. Las bicicletas son, dice Sims, el emblema de la nueva mujer. Esto preocupaba a las mentes conservadoras que veían toda clase de males en este cambio. Y tuvieron mucha razón, porque desaparecieron los volantes y los encajes y empezaron a insinuarse los pantalones. Todo un cambio.

"Detectives victorianas. Las pioneras de la novela policíaca" es un libro encantador. Lleno de pequeños y grandes detalles, de situaciones pintorescas, de mujeres atrevidas y provistas de una mentalidad abierta y de un ingenio descomunal. El ensayo introductorio es tan interesante como la bibliografía que añade a continuación. En realidad, no es solo una colección de historias, es un tratado sobre el tema y el tema es, en sí mismo, inabordable por lo amplio que resulta y las implicaciones que tiene. Como añadido, un elemento que me ha parecido esclarecedor. Al inicio de cada historia aparece una reseña biográfica del autor o autora y, sobre todo, de la mujer detective que la protagoniza. Esta parte es sumamente importante. Se trata, pues, de una galería de escritores que dedicaron su obra a crear una pasarela de mujeres detectives, de singular atractivo y encantadoras disposiciones. Una delicia.

Detectives victorianas. Las pioneras de la novela policíaca. Edición de Michael Sims. Traducción del inglés de Laura Salas Rodríguez. Editorial Siruela. Libros del Tiempo. Biblioteca de Clásicos Policíacos. Segunda edición 2018. 



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