lunes, 14 de mayo de 2018

"Cranford" de Elizabeth Gaskell

Elizabeth Gaskell (1810-1865) es la escritora en lengua inglesa de carácter más social de todas las que vivieron en el siglo XIX que son muchas. Nació siete años antes de que muriera Jane Austen (1775-1817) y conoció en primera persona las tensiones provocadas por la Revolución Industrial ya que, al casarse, se fue a vivir a Manchester. El contraste entre la vida en esa ciudad y su infancia en el pueblecito de Knutsford, en el que vivió tras la muerte de su madre, es brutal. Por eso los aspectos sociales tienen en ella una fuerza especial, por eso no deja de lado la situación de clases desfavorecidas que se ven abocadas a dejar las campiñas para ir a trabajar a las grandes fábricas textiles en esos años de cambio económico. 

Sus preocupaciones morales, una visión costumbrista que se plasmó en algunas obras, el género fantástico, la vida doméstica y sus avatares, las novelas sentimentales o las biografías (magistral la de Charlotte Brontë), son las temáticas que ocupan sus obras. Variadas, diversas, distintas y llenas de matices. Elizabeth Gaskell es una escritora de amplio registro, dueña de una prosa sencilla y contundente, nada remilgada, nada excesiva ni prolija.

Es precisamente su pueblecito de la infancia el que inspira este libro, Cranford, y su telón de fondo. Es en este pueblo en el que la autora se fija para dejar constancia de los cambios que produce el motor económico que estaba surgiendo con enorme fuerza. Por eso tiene también un carácter de crónica, de semblanza de épocas pasadas, de circunstancias que se estaban perdiendo. La fisonomía de los pueblos sufrió un indudable cambio con el nacimiento de las industrias textiles y con las nuevas fórmulas de relación social y económica, que tuvieron clara influencia en la vida familiar y personal. La humanización que lleva consigo la vida rural contra la máquina y su nefasta influencia, a juicio de aquellos primeros que vivieron en primera persona la transformación. 

En Cranford, nombre imaginario de una sociedad cierta, la historia transcurre a través de unas hermanas solteras (me resisto a escribir solteronas, de igual modo que nunca diría solterones). Ellas observan con distinto estado de ánimo las cosas que pasan. Llegan vecinos nuevos, escriben desde el otro lado del océano los que se fueron, hay muertes, bodas y dificultades económicas. La vida es difícil pero, quizá, hay una tasa de humor, de cariño y de ternura, con los que la autora ve los acontecimientos. Esto le quita solemnidad, rebaja la tensión y acerca la realidad a los lectores con mayor fluidez y generosidad. 

Leyendo el libro tenemos la impresión de que estamos en una salita de recibir de una casa de buena sociedad de Cranford y que allí, unas educadas damas, nos susurran en voz discreta los hechos, los pensamientos y las dudas, que las asaltan. Nos transmiten sus preocupaciones y sus dichas. Somos testigos privilegiados de un mundo que se tambalea. Y todo eso en buen tono, sin elevar la voz, en la mejor intimidad posible. Eso es Cranford. Así escribe Elizabeth Gaskell

Cranford se publicó en capítulos como era costumbre de la época. Los dos primeros, en la revista Household Words, dirigida por Dickens (que fue quien la animó a escribir esta historia), en diciembre de 1851. Continuaron episodios que aparecieron de forma irregular durante los años 1852 y 1853. 

Hay un maravilloso arranque en el capítulo I denominado "Nuestra sociedad": "Cranford, en primer lugar, está en poder de las Amazonas; los inquilinos de todas las casas que sobrepasan cierto alquiler son mujeres. Cuando un matrimonio viene a establecerse a la ciudad, de una manera u otra el marido desaparece, bien por el miedo cerval que el causa ser el único hombre en las veladas de Cranford, bien porque debe permanecer con su regimiento o en su buque, o los negocios que le ocupan le retienen toda la semana en la gran ciudad comercial vecina de Drumble..."

Baste este ejemplo para dejar constancia del delicioso sentido del humor de Gaskell, lejos de las solemnidades que a veces se achacan a esta literatura, algo falso y que se desmonta en cuanto se lee. Sesudas reflexiones dichas con la mayor naturalidad, con ingenio, talento y un estilo plagado de detalles que nos hacen disfrutar, sonreír y vibrar con Cranford y sus gentes. 

Cranford. Elizabeth Gaskell. Alba Minus. 2012. Traducción de María Faidella. 

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