domingo, 29 de abril de 2018

La íntima elegancia de Nina Leen


   El 26 de marzo de 2015 se inauguró en la galería Daniel Cooney de Nueva York la exposición "Lendslady", dedicada a la obra fotográfica de Nina Leen. El 15 de enero de 1951 la revista Life publicó una foto de Los Irascibles. Quince de ellos, todos artistas dedicados, en su mayoría, al expresionismo abstracto, habían posado para Nina Leen en lo que significó una postura colectiva contra la política expositiva del Metropolitan Museum de Nueva York, porque consideraban que no se exponía de forma suficiente obra de arte americano. En la foto aparecen, entre otros, De Kooning, Pollock, Rothko, Still, Newman y la única mujer, Edda Sterne. 

   No fue esta la única ocasión en que las fotos de Nina Leen reclamaron una enorme atención del público y de los medios especializados. Antes de eso, en 1940, había comenzado a colaborar con la revista Life con imágenes de animales. Los animales eran para ella más fiables que las personas y las peripecias del perrito Lucky, al que había adoptado y a quien dedicó una serie, tuvieron enorme éxito. Parecía que los animales en el objetivo de Leen se transformaban y se humanizaban. Ella, que nunca se consideró fotógrafa, sino fotoperiodista, cumplía con la condición esencial para ello: sus fotos representan historias que no acaban en la imagen ni terminan allí. De animales escribió 15 libros, aunque no fueron solo ellos el foco de su interés. 


   La moda, el mundo del cine, los clubs de jazz y sus ambientes, el mar y el ocio asociado a los baños, todo eso formaba parte de su visión de la vida cotidiana. Y, sobre todo, la mujer, retratada de mil formas: sofisticada, sugerente, ambigua, en animada conversación con sus amigas, en total silencio, acompañada de libros o revistas, en tareas domésticas. Siempre con una especie de ternura inquieta, de violencia soterrada, de tensión oculta, de elegancia íntima. Es un mundo femenino que parece guardar claves desconocidas para todos y que ella se empeña en desvelar, en traducir en gestos, en actitudes, en sombras, en vestidos y poses. 


   Su propia biografía es diferente y sugerente. No se sabe a ciencia cierta dónde aprendió a fotografiar pero su cámara Rolleiflex la acompañaba desde siempre. Había nacido en Rusia, en una fecha imprecisa pues siempre se negó a revelar su edad, aproximadamente entre 1909 y 1914, y su familia huyó de la revolución, viajando por Europa, como luego huyó de la segunda guerra mundial, marchándose a América. Desde 1940 aparece en Life con una serie de fotos sobre tortugas. En esos años se casó con un compatriota emigrado, también fotógrafo, Serge Balkin, comenzando una serie de espectaculares portadas que le valieron el conocimiento y el reconocimiento. Los últimos años de su vida los dedicó a escribir libros sobre animales. 

   Dentro de la nómina de espléndidas fotógrafas que empezaron a desarrollar su obra en los años iniciales y mediados del siglo XX, la figura de Nina Leen se antoja superdotada. Dueña de una sensibilidad especial, de una visión propia, la poesía que destila su obra está llena de paradojas, llena de contradicciones y de efectos tangibles. No es posible mirar sus fotos sin que una historia surja de ellas, sin que se cubran de palabras que se conviertan en la segunda piel de la imagen. Las luces y las sombras escriben aquí una historia imparable, del modo en que ella misma lo había concebido. Historias de triunfo o fracaso, dentro de un mundo que emergía lleno de novedades y que Leen presenció como una privilegiada espectadora. 

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