lunes, 26 de febrero de 2018

No conozco tu nombre


(Woman in Street. Vivian Maier) 

No conozco tu nombre. No sé quién eres. Estás sentado frente a mí en esta noche de febrero en la que las calles rezuman humedad y anuncian lluvia. He cruzado la ciudad para verte y aquí estoy pero tú no existes. En tu lugar ha aparecido un hombre del que no percibo para nada la esencia. Me mira con desprecio, con lástima, nunca con gratitud ni con cariño. Es un autómata. Lanza a la cara palabras difíciles, lleva un gesto inhumano y me hace daño. No conozco tu nombre, le repito, no sé quién eres, por qué estás aquí, cómo has usurpado su sitio. En la noche, los bares se van llenando de gente feliz, que sonríe en color y mueve las manos. Yo estoy frente a él, en una mesa estrecha, con la botella de agua apenas empezada, los ojos fijos, y una expresión desolada, porque no entiendo, no sé quién es el tipo que me mira desde el otro lado, con una mirada aterradora, como si quisiera partirme en dos. No conozco tu nombre, me repito, no sé quién eres, no sé por qué usurpas el lugar de un hombre bueno, no sé por qué me juzgas, no sé por qué me has condenado. Traduces al odio cualquier sentimiento, conviertes en basura lo que tocas y ocupas una silla que no es tuya. No deberías estar aquí, ni de azul, ni de negro, cualquier color te sobra. Un hilo de maldad se desliza, cruza el mantel y llega hasta mis manos y entonces me levanto y no miro hacia atrás y corro por la calle y busco un taxi y lo llamo y no viene y no alcanzo a coger el autobús y entonces tú te has ido y me miras y veo que fuiste tú. Ese hombre, ese hombre que me aplasta, eres tú. Me he dejado vencer y eres tú. No conozco tu nombre, pero algo me dice que es barro todo lo que pisas. 

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