domingo, 19 de noviembre de 2017

"Asesinato en el Orient Express" de Agatha Christie


Los agathistas sabemos que Asesinato en el Orient Express no es la mejor de sus novelas ni tampoco la que muestra mejor el estilo de la escritora. Sin embargo, las versiones cinematográficas se suceden y algunas de ellas gastan dólares por todo lo alto. Como la última, la que ha dirigido en este año de 2017 Kenneth Branagh, genial actor y meritorio director, recitador de Shakespeare, exmarido de la grandísima Elinor Dashwood, perdón, Emma Thompson. 

Las críticas, en esta ocasión, han sido contradictorias. Y hay que decir, para ser exactos, que ninguna de las versiones de novelas de Agatha Christie ha sido capaz de trasladar mínimamente ni la intención elegante, ni el detalle minucioso pero no estereotipado, ni el sabor de los personajes que inventó la genial escritora. Con una honrosa excepción: la versión de Testigo de Cargo, un relato que Billy Wilder llevó a la pantalla en 1957, con guión de él mismo y un elenco de actores y actrices de primerísima fila: Tyrone Power,  Marlene Dietrich,  Charles Laughton,  Elsa Lanchester,  John Williams, Una O'Connor,  Henry Daniel,  Norma Varden,  Torin Thatcher,  Ian Wolfe, Francis Compton. 


Testigo de cargo es un drama judicial cuya trama esconde un juego de espejos, de apariencias, de errores que, a simple vista, no pueden apreciarse. El casting no podía ser más adecuado ni el enfoque de la película más lógico si se quería transmitir la esencia del texto. 

Por su parte, Asesinato en el Orient Express un juego de malabares, un thriller rocambolesco e itinerante, en el que el pasado está tan presente como si no hubiera transcurrido el tiempo. Una venganza colectiva, dando así lugar al primer crimen de Christie en el que los autores son varias personas. La claustrofobia de estar en un tren en medio de una nevada (por tanto, detenido y sin poder apurar los tiempos que todos habían previsto) añade tensión al libro y genera una particular atmósfera. Sin embargo, ninguna de sus versiones fílmicas ha logrado captarla y transmitirla. 

El problema está en que en las versiones cinematográficas o en las series de televisión, predominan el cartón piedra,  el amaneramiento y un detallismo que resulta absurdo. Los personajes se estilizan hasta convertirlos en autómatas y todo parece teatral. Incluso si fuera una obra de teatro resultaría estereotipada. No basta, por tanto, con respetar la letra si no se respeta el espíritu. 

La lectura del libro, cuando es la primera vez y aún no sabes quién es el asesino, te deja una sensación amarga, como si se escapara algo. La alusión a hechos del pasado es truculenta y tiene olor a periódico de sucesos. Sin embargo, el desfile de personajes es demasiado largo y quizá es lo que nos hace trastabillar, dudar de hasta qué punto estamos ante un crimen real o ante el simulacro de un crimen. 


Kenneth Branagh,  Penélope Cruz,  Willem Dafoe,  Judi Dench,  Johnny Depp, Michelle Pfeiffer,  Daisy Ridley,  Josh Gad,  Derek Jacobi,  Leslie Odom Jr., Lucy Boynton,  Sergei Polunin,  Tom Bateman,  Olivia Colman,  Miranda Raison, Chico Kenzari,  Manuel García-Rulfo intentan hacernos creíble la historia, este crimen itinerante en el que la aparente frialdad con la que se comete el asesinato oculta, en realidad, un laberinto de pasiones sin cerrar. 

Porque el crimen no es sino el telón que culmina otros crímenes, directos o indirectos, anteriores. Es esta sensación de justicia a largo plazo, o de venganza, lo que produce escalofríos y lo que debería transmitirse a los espectadores para ser justos con el argumento del libro. La gran duda es, siempre que se lleva a la pantalla un libro de Christie, si Poirot estará o no acertado. Y eso es algo de vital importancia. 



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