domingo, 22 de octubre de 2017

La librería de Penelope



A ti, en ese último día 

La última librería que visitamos juntos tenía los anaqueles atestados de libros. Se aproximaba el verano y todo el mundo sabe que es un tiempo de lectura. Los libros de verano, dicen, han de ser ligeros y contrarrestar con fuerza el calor y la tarde. Deben convertirse en refrescantes motivos para soñar o para ser felices, sumidos en esa otra dimensión de las páginas que acarician la cara al susurrar. 

Fue la última vez que salimos a la calle y yo miré al cielo y lo vi azul y supe que así era y que tendría que comprar algunos libros para hacer más liviana la espera. No sabía qué esperaba exactamente pero no era nada bueno. Al contrario. Una nube negra se cernía sobre nosotros, un viento negro, como decía Juan Ramón. Los libros que me llevé a casa deben estar escondidos en cualquier estantería, guardados y sin terminar de leerse. No hubo tiempo porque las horas pasaron demasiado deprisa. 

Esta librería de ahora ya la había yo visto con antelación. Es la de Penelope Fitzgerald y en ella está Florence Green y es el año 1959. Cuando Florence llega a un pequeño pueblo de Suffolk para hacerse cargo de una librería con fantasmas, todos se levantan para evitar que allí pueda sucederse un sacrilegio. El sacrilegio tiene nombre de mujer. Qué subversivo puede ser vender libros. Escribir libros. En estos días mi máxima rebeldía consiste en escribir las páginas de un libro que anda por ahí en mi cabeza y que se resiste a aparecer con palabras concretas. Es un acto de rebeldía y no consigo realizarlo. Cuando todo se cumplió las palabras volaron. Durante mucho tiempo estuvieron ausentes, igual que tú. Pero la ausencia de ellas ha sido provisional y la tuya es definitiva. Una ausencia sin matices. Por eso debería escribir ese libro y escribir en él todas las cosas que olvidarse pueden si el tiempo no lo remedia y la vida continúa su transcurso sin detenerse casi.

La librería cuenta la historia de Florence Green y su empeño en conseguir que ese negocio, la librería que ha heredado, funcione. Los vientos soplan en contra y los aliados serán pocos: un anciano y una extraña niña. El huracán se convertirá en terremoto cuando alguien le sugiera que ponga a la venta la polémica edición que Olympia Press hace de la Lolita de Nabokov. Hablando de Nabokov, cuando yo era actriz y pertenecía al grupo Silepsis, hice de Viola Trance en una obra de este escritor que se llamaba Vals y su invención. O quizá era Vals o su invención. Periodista intrépida y un teatro muy comprometido, con su poquito de Stanislawski y todo.

Ahora me ha alegrado saber que la película que Isabel Coixet ha rodado sobre el libro está teniendo éxito. Dicen que es un film tierno, delicado y con sus gotas de humor. Así es el libro. El descubrimiento de Penelope Fitzgerald fue uno más de los que he hecho estos años en forma de autoras desconocidas. Narrar con la emoción y no solo con las palabras. No son libros absurdos, como dice alguien que no lee estas cosas, sino libros colmados de sensaciones que podríamos reconocer si nos paramos a ello. Sin crueldad ni  sadismo. Literatura para gozar de la vida.


Sobre la película: 

Ambientada en una tranquila ciudad inglesa de los años 50, LA LIBRERÍA cuenta la historia de Florence Green, una mujer alegre y resueltamente decidida a llevar a cabo el sueño que ella y su fallecido marido concibieron desde que se conocieron: abrir una librería en Hardborourgh, un tranquilo pueblo inglés, alejado de las revoluciones sociales y sexuales que tenían lugar en los lejanos grandes centros urbanos.
Para ello, con la apoyo de Christine, la niña a la que ha contratado como ayudante, decide rehabilitar una vieja y emblemática casa del pueblo, lo que agitará los sentimientos soterrados de la gente. Entre otros, el de la controladora y vengativa Mrs. Violet Gamart, una decana social de la localidad que se sentirá celosamente ofendida por los cambios que el proyecto de nuestra heroína representa. Florence entablará una singular relación con el solitario Mr. Brundish, quien se convierte en el más fiel lector de los libros que Florence trae al pueblo, entre otros “Fahrenheit 451”, de Ray Bradbury, y la escandalosa novela “Lolita”, de Vladimir Nabokov, cuya venta en la librería provoca un enorme revuelo entre la gente del pueblo.

Sobre Penelope Fitzgerald (Impedimenta): 
Penelope Fitzgerald, de soltera Knox, nació en 1916. Era la hija del editor de Punch, Edmund Knox, y sobrina del teólogo y novelista Ronald Knox, del criptógrafo Dilly Knox y del estudioso de la Biblia Wilfred Knox. Fue educada en caros colegios de Oxford. Durante la segunda guerra mundial trabajó para la BBC. En 1941 se casó con Desmond Fitzgerald, un soldado irlandés, con el que tuvo tres hijos. Durante algunos años vivió en una casa flotante en el Támesis. 

Autora tardía, Penelope Fitzgerald publicó su primer libro en 1975, a los cincuenta y ocho años, una biografía del pintor prerrafaelita Edward Burne-Jones. En 1977 publicó su primera novela, The Golden Child, una historia cómica de misterio ambientada en el mundo de los museos. 

A lo largo de los siguientes cinco años publicó cuatro novelas vagamente autobiográficas, que la consagraron como una de las figuras más importantes de la nueva narrativa inglesa, comparable a Iris Murdoch o A. S. Byatt. Con La librería (1978) fue finalista del Booker Prize, premio que finalmente consiguió con su siguiente novela, A la deriva (1979, Mondadori, 2000). Siguieron Human Voices (1980) y At Freddie’s (1982). 

En este punto, Fitzgerald declaró que ya estaba cansada de escribir sobre su propia vida, y se decantó por la novela que desvelaba hechos y acontecimientos del pasado, desde un punto de vista histórico. La primera de ellas sería Innocence (1986), desarrollada en la Italia de los años 50 y que narraba la historia de amor entre la hija de un aristócrata arruinado y un médico comunista. En 1988 publicó El comienzo de la primavera (próximamente en Impedimenta), que tiene lugar en el Moscú de 1913, protagonizada por un pequeño impresor inglés perdido en los albores de la Revolución rusa. Siguieron The Gate of Angels (1990) y La flor azul (1995, Mondadori, 1998), centrada en la vida del poeta alemán Novalis. Penelope Fitzgerald murió en Londres en abril del año 2000. ´
(Imágenes: fotogramas de La Librería de Isabel Coixet y portada del libro de Impedimenta) 

sábado, 21 de octubre de 2017

Hoy el silencio agitaba los árboles


Callé durante mucho tiempo porque el sonido de mis palabras molestaba al silencio. Se convertía en rugido de león, en arduo incendio invocado, en lucha constante, en manantial que no cesa. Así callé, para que los ojos pudieran mirar tranquilos, sin dolores ni reservas, en un ejercicio puro de belleza sin mancillar. Callé en los días venideros y en el pasado, al latir del corazón y en las penumbras. Doblé el hueco de las palabras sobre las manos quietas y me convertí en humo, una palabra sin color y sin brillo. 

Creí así que el amor o quizá la amistad que también es su nombre, redoblaría sus hojas y se unirían, en un esfuerzo causal y conmovido, con esa otra parte de la vida que se escribe en la sombra. Creí así que conseguiría una mirada tuya, un espacio escondido pero tierno, abierto en cualquier parte, sin seudónimos. Soy yo, dirías y ahí estás tú, sé lo que eres. Creía así que ese juego de las revelaciones tendrían un sentido único que no se acabaría al caer la noche, que no se enjugaría con las lágrimas. 

Ahora ya sabes, sé, que equivoqué el silencio, que equivoqué el sonido, que perdí la palabra y que, en lugar de ella, no quedó sino oscura soledad, mentira y una suplantación de lo que fui una vez y terminó. Ahora ya sé que no existe blancura sino sucia apertura sin música ni sueños. Que no hay vestidos largos ni equipajes, que no hay veloces coches cruzando el pavimento. Nada sé, nada soy, nada queda, la palabra voló como todo el hechizo. Las hadas se marcharon. Solo quedan las brujas. Esas vivirán siempre. Acariciando un gato por toda epifanía. Con los ojos oblicuos y la piel al acecho.