lunes, 8 de mayo de 2017

"Lady Macbeth" de William Oldroyd.


(Anna, la criada, trenza las cintas del corsé de Katherine, a modo de símbolo de una vida resguardada)

Lady Macbeth, la ópera prima del cortometrajista William Oldroyd en el mundo del gran cine, no es una apología del empoderamiento femenino, ni tampoco un relato de costumbres, ni un romance novecentista, ni tiene nada que ver con las historias de amor desgraciado de Emma Bovary, Ana Ozores o la Karenina. No. Es una película de cine negro, camuflado en un tiempo, 1865, en el que todavía no se había inventado la gabardina. Un argumento que comienza mostrando la indefensión de una muchacha, cuya familia la ha vendido (junto con una parcela que no sirve ni para alimento de vacas, según su marido) en un matrimonio desigual. Su esposo no solo es un hombre mayor, sino un hombre impotente, un presunto incapacitado sexual. La escena que arranca la película lo dice todo: noche de bodas, camisón blanco, mujer desnuda, hombre que se mete en la cama y se da la vuelta. 


(La soledad de la alcoba es el elemento inicial que impulsa el comportamiento de la protagonista)

Será precisamente esa actitud de su marido lo que a Katherine la haga pensar. Su poder físico consiste en lograr que los hombres la deseen. Y por eso va a desobedecer a su suegro, que quiere tenerla en casa y con la pata quebrada; y saldrá al aire libre, a los paisajes románticos que envuelven una casa minimalista, blanca y sin adornos, una casa fría, muy fría, donde ella no tiene otra cosa que hacer que sentarse con la espalda recta en un sofá de madera dura. El corsé que asfixia la vida de Katherine se aliviará cuando su marido y su suegro se ausenten de la casa. Entonces ella recorrerá los campos que rodean la casa y, sobre todo, experimentará la pasión con uno de los criados de la casa, un mozo de cuadra, el escalón más ínfimo entre la servidumbre, Sebastian, con quien tendrá encuentros en la cama matrimonial y a quien, desde entonces, colocará el yugo de pertenecerle para siempre. 


(Katherine y Sebastian comienzan viviendo una historia de amor que se transforma en posesión y en pérdida de la libertad)

El descubrimiento de la pasión amorosa tiene para Katherine un efecto de convulsión personal. Es una suerte de venganza, un derecho que cree natural y una situación que abrirá la puerta a lo que, quizá, se nos había escapado a todos. Y por eso tratará por todos los medios, incluidos los menos lícitos, de mantener esa valiosa posesión. Contra la voluntad de Sebastian, que asiste, atónito, a esa enorme manipulación de su situación personal, a esa impostura. Otros personajes tienen en la trama un papel crucial, como Anna, la criada, un personaje fastuoso, con una mirada única, que es, quizá, la persona a la que Sebastian debería haber tendido en una circunstancia lógica. Esos paseos clandestinos de Sebastian, siguiendo a Anna, por el exterior de la casa, son la antesala del paseo final, este lleno de desgracia y oprobio. 

El desenlace es, como no podía ser menos en una tragedia que comienza como un drama de costumbres y sigue en forma de thriller, espantoso, extraño e impensable. Como si el mago de Aladino hubiera dejado escapar toda la fuerza del tesoro oculto en la lámpara y luego no hubiera forma humana de volver a guardarlo. 

FICHA TÉCNICA:

Lady Macbeth
Director: William Oldroyd
Basada en la novela de Nikolai Leskov, ambientada en la Rusia zarista. Aquí la guionista la sitúa en el sur de Inglaterra en el año 1865. 
Guión: Alice Birch
Música: Dan Jones
Fotografía: Ari Wegner
Productoras: Protagonist Picture, Sixty Six Pictures

Reparto: Florence Pugh, Christopher Fairbank, Cosmo Jarvis, Naomi Ackie, Bill Follows, Ian Conningham, Paul Hilton, Golda Rosheuvel, Rebeca Manley. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Realiza tu comentario dentro del respeto y la corrección.