viernes, 5 de mayo de 2017

El libro de la almohada de la dama Sei Shônagon


   Sei Shônagon fue dama de compañía de la emperatriz del Japón Sadako, allá por el año 1000. No se sabe cuál fue su nombre real, porque Sei Shônagon significa "Consejera menor Sei". Pertenecía a la noble familia Kiyowara y su padre fue poeta y gobernador de una provincia. En un ambiente cultural refinado ella desarrolló su inteligencia y llegó a ser una mujer muy culta, admirada por ello. En estos años en Japón se vive la era Heian, que ocupa desde 794 hasta 1192. La sede imperial era la preciosa ciudad de Kioto, entonces llamada Heiankyo, que mantuvo esta condición hasta 1867.

  El libro de la almohada o Makura no Sôshi, no es solamente  un texto que relata con detalle minucioso y esa elegancia propia de los orientales, todo lo que acontece en la vida de la corte, incluyendo aspectos relativos a la naturaleza, las comidas, las costumbres... Es más que eso, primero por la espontaneidad y verdad con la que está escrito, ya que su autora no pretendía hacerlo público. Segundo, porque trasciende el género del diario o nikki, para convertirse en el inicio de un género nuevo, el zuihitsu, o ensayo misceláneo. No solamente cuenta lo que pasa, sino lo que piensa. Todo lo que en la cabeza de la dama Sei tenía alguna relevancia aparece incluido en el texto. El libro tiene, en su original, 301 anotaciones, divididas en misceláneas, diario propiamente dicho y ensayos. 


  El libro incluye aforismos, ensayos sobre algunos temas, catálogos de plantas, pájaros, y también listas. Hacer listas de las cosas que te gustan o te disgustan, de las cosas buenas o malas, es una tendencia que comparto. Sei Shônagon añade estas listas a su diario de una forma natural y muy comprensible. Formaban parte de su juicio acerca de la vida de la que ella era protagonista dentro de la corte imperial. Son apuntes, visiones instantáneas, con un estilo directo pero depurado, lleno de imágenes literarias. Hay que decir que estamos en el momento histórico en que el japonés se convierte en lengua de uso para la prosa, ya que antes solamente se usaba el chino (el idioma del saber entonces, como el latín para nosotros) y el japonés se reservaba para pequeños poemas sin mayor trascendencia.

   El tercer día de la tercera luna me gusta que el sol luzca brillante y calmo en el cielo de primavera. Entonces es el tiempo en que los durazneros florecen y ! qué espectáculo! Los sauces también son más atractivos durante esta estación, con sus tiernos brotes aún entornados, cual gusanos de seda en sus capullos. Luego de que las hojas se han abierto, las encuentro sin donaire; en realidad, todos los árboles pierden su encanto una vez que sus flores empiezan a dispersarse. (3. Mitsuki Tsuitachi Wa)


   Junto a este libro, cumbre de la literatura clásica japonesa, está otro también escrito por una mujer. Se trata de Genji Monogatari, o El relato de Genji, de Murasaki Shikibu. Su visión de la vida de las mujeres es muy crítica y exenta de ese aire pacífico y nimbado de claridad que aparece en la obra de la dama Sei. Ambos se complementan y constituyen hitos en la literatura japonesa. El papel de las mujeres en este tiempo es fundamental. Ellas son los lazos más ciertos con la cultura, la poesía, el arte de las flores o la observación de la realidad. Se educaban de una forma esmerada para emparentar con la familia real y a través de este gineceo es como la familia de los Fujiwara dominaba el organigrama del poder. Eran intermediarios del poder real, el efectivo poder, a modo de validos poderosos. Y lo conseguían a través de uniones en las que la belleza y la cultura de la mujer tenían papel esencial.

   Encuentro odiosos a los hombres que creen que las mujeres que sirven en el palacio están condenadas a ser frívolas o perversas. Sin embargo, supongo que su prejuicio es comprensible. Después de todo, las mujeres de la corte no pasan el tiempo ocultas modestamente, detrás de abanicos y biombos, sino que salen y miran abiertamente a la gente que tienen oportunidad de conocer. Sí, ellas miran a cada uno, cara a cara, no sólo a las damas de compañía, sus iguales, sino que incluso a Sus Majestades imperiales, cuyos augustos nombres no oso mencionar siquiera; a los altos nobles de la corte, a los cortesanos mayores, y a otros personajes de alto rango. (20. Seiryôden no ushitora no sumi no)

   Una de las aportaciones más interesantes del libro se refiere a las opiniones de la autora sobre hechos, conductas y personas. Las organiza en función de sus preferencias, aquellas que le parecen detestables, que le llegan al corazón, que le producen ternura. También intercala poemas propios, al hilo de la narración:

   Si bien pedís que retorne,
¿cómo abandonar estos
lotos bañados de rocío
y regresar a un mundo
de pesares tan lleno?

(Poema sobre un pétalo de loto. 31. Bodai To Iu Tera Ni)

  La editorial Alianza publicó en 2015 una versión del texto, con prólogo de María Kodama y traducción de María Kodama y Borges. El interés de Borges por el mundo japonés quedó patente desde siempre. Ambos seleccionaron los pasajes significativos del libro y así se presentó en la edición castellana. La propia María Kodama en el prólogo explicaba el sentido del libro, que incluía, en el original, multitud de aspectos que podían hacernos entender la vida de la corte, pero también otros de estilo más intimista, más anecdótico. Nada se escapaba a la aguda observación de Sei Shônagon.

 (Textos del libro extraídos de la traducción de Iván A. Pinto Román, Oswaldo Gaviria Cannon e Hiroko Izumi Shimano, de la Pontificia Universidad Católica del Perú, Fondo editorial, 2002)

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