domingo, 7 de mayo de 2017

"Correspondencia" Gustave Flaubert y George Sand


Las cartas que se cruzaron durante años Gustave Flaubert (1821-1880) y George Sand (1804-1876), recogidas en un volumen titulado Correspondencia. 1866-1876 por Marbot ediciones,  son un ejemplo claro de lo que nos deja como legado la correspondencia entre escritores. Opiniones sobre el mundillo literario, sobre libros y autores, pero también sobre la vida, los sentimientos y la cotidianeidad. George Sand, que se casó y divorció del Barón Dudevant y tuvo varios amantes, entre ellos Alfred de Musset y Chopin, mantuvo sin embargo con Flaubert una relación casi fraternal, en la última recta de la vida de ambos. 



(Gustave Flaubert)

Flaubert era un tipo raro. Misántropo, lleno de manías, aferrado a su necesidad de alcanzar la perfección como escritor. Solitario, había sufrido mucho con su enfermedad, la epilepsia, y con la muerte de sus seres más allegados, sobre todo la de su madre, a la que estaba muy unido y en cuya casa familiar de la Baja Normandía, en Croisset, vivió y murió. También él había tenido escarceos amorosos con una escritora, Louise Colet, poeta, con la que cruzó numerosas cartas durante diez años, pero esa relación no se plasmó en matrimonio. Flaubert era un sacerdote de la palabra, casi un anacoreta. Sus dos obras más reconocidas Madame Bovary y La Educación Sentimental, destilan esa extraña melancolía, ese pesimismo básico que deja mal sabor de boca. 

George Sand, en cambio, era una mujer vitalista, a quien le encantaba viajar, conocer gente, hablar y compartir opiniones. Su presencia en los salones de París era frecuente y, mucho más desenvuelta y menos perfeccionista a la hora de escribir, ha dejado multitud de libros y una existencia mucho más rica en acontecimientos. 


(George Sand)

Su originalísima costumbre de "vestir de hombre", un adelanto de lo que el futuro traería en cuanto a atuendos femeninos, adoptada a partir de su divorcio, hizo posible que se moviera en ambientes diversos, algunos de los cuales no eran fáciles de ser traspasados por las mujeres. Ella disfrutó de esa transgresión y así conoció de cerca la vida y sus protagonistas desde muchos puntos de vista. 


(Castillo de Nohant)

Al igual que Croisset y la casa familiar eran un templo para Flaubert, para ella su territorio más amado estaba en el departamento de Indre, cerca de Ruán, donde llegó a tener un castillo situado en Nohant. Allí vivió sus últimos años. Ese apego a la tierra y a la madre lo comparte sin duda con Flaubert y bastantes más cosas habrá de compartir cuando su correspondencia era tan continua y cuando la confianza entre ambos era muy importante en sus vidas. Un hombre desconfiado y una mujer que había pasado por diversos avatares se encuentran y logran forjar una relación especial y llena de matices que les hicieron disfrutar de lo que tenían en común y aún de las diferencias de opinión. 

Yo soy de la vieja escuela, me meto en la piel de mis personajes. Me lo reprochan, me da igual. Usted, no sé si por método o por instinto, sigue otro camino. Lo que usted hace le funciona; Por eso me pregunto si diferimos en la cuestión de las luchas interiores, si el hombre-novela las debe tener o si no hace falta que las conozca. Me sorprende usted siempre con su trabajo penoso. ¿Es una coquetería?

(Carta de George Sand a Gustave Flaubert

No me sorprende del todo que no entienda usted mis angustias literarias. Yo mismo no las entiendo. Pero existen, y son violentas. Ya no sé cómo hay que hacer para escribir, y apenas llego a expresar una centésima parte de mis ideas después de infinitas tentativas. No tiene demasiado arrojo, su amigo de usted. En absoluto. Llevo dos días enteros dando vueltas a un párrafo sin lograr acabarlo. Me dan ganas de llorar. ¿Le doy pena? Pues imagínese a mí mismo. 

(Carta de Gustave Flaubert a George Sand

En este ejemplo de un cruce de cartas entre ambos escritores se puede apreciar con claridad la diferencia literaria entre ambos. La facilidad que tenía Sand para ponerse "en la piel" de sus personajes y, a partir de ahí, dejar fluir la narración. Esto hizo que escribiera mucho más que su amigo. La novelista se "sorprende" con el sufrimiento que le causa escribir a Flaubert y así se lo deja de manifiesto. No logra entenderlo. La respuesta de Flaubert abunda en esa dificultad dolorosa que siente el novelista a la hora de escribir. "Me dan ganas de llorar" dice, como si fuera un niño. Son dos modelos diferentes, dos resultados diferentes y, no cabe duda, dos personalidades casi opuestas, que, sin embargo, lograron encontrar un punto de afinidad que les llevó a entenderse incluso en los terrenos en los que ambos tenían más disparidad, esto es, la creación literaria, el proceso que lleva intrínseco la escritura.

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