sábado, 25 de febrero de 2017

La alfombra roja


(Kim Basinger)

Desde que la ceremonia de los Oscar se retransmite por un canal de televisión de pago ya no puedo seguirla en directo. Eso me disgusta. Me gustaba verla entera, a pesar de que al día siguiente estaba hecha polvo, con sueño, los ojos llorosos y un aire de cansancio demoledor. Pero todo lo suplía la sensación emocionante de seguirla de primera mano. La alfombra roja, con su desfile de celebridades, las entrevistas a pie de entrada, la cámara enfocando a los nominados, los números musicales, los homenajes, el In Memorian y, por fin, la entrega de los premios. Politizados o no, los Oscar son el acontecimiento del cine, y por eso ahora echo de menos verlos. No es lo mismo Internet, las redes sociales o los resúmenes. Tampoco la radio. Así que recuerdo con especial nostalgia las noches de Oscar, entre palomitas, chocolate, cocacola y risas en directo. Algo que se fue. 


(Colin Firth)

El cine me da vida. En los peores momentos, en las pérdidas dolorosas, en las tristezas profundas, en la desgana más sombría, las películas han realizado el milagro de hacerme olvidar, siquiera por un raro, los pozos hondos en los que a veces la vida nos sepulta sin que podamos salir de ellos por mucho que queramos. Ha sido el cine el que, cuando nada parecía importar, cuando todo estaba perdido, ha mantenido el hilo con la realidad perdida, ha escrito páginas de esperanza cuando nada parecía importar, ha suscrito un contrato de ilusión somera con los sentimientos más oscuros. Ni siquiera los libros han logrado el milagro. 


(Susan Sarandon)

Todo tiene un motivo, todo tiene una historia. Esta historia comienza hace años, cuando una niña acudía cada tarde al Teatro que estaba junto a su casa que pasaba películas antes de la hora de la función. La niña se colaba con el permiso distraído del portero y allí veía una tras otras las proyecciones. Llegó a conocer a todos los artistas, a soñar con todos los argumentos, a vivir todos los amores. Cuando fue mayor, transmitió con detalle y mimo esas vivencias a todos sus hijos y así ellos, atesoraron en su memoria incluso las escenas que no habían visto, las películas en blanco y negro del pasado, el color del presente y del futuro. Es el cine, el cine, la magia del silencio en la oscuridad de la sala, la explosión de la palabra, el brillo de los ojos. Y, recuérdalo, ahora que ya no eres la niña que seguía las lecciones de una madre cinéfila: el cine no es la vida y junto a ti, en el cine, nunca tendrás la presencia de quien no teje el ardor de la sangre sino la amargura de quien no sabe amar. 


(Denzel Washington)


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