lunes, 1 de agosto de 2016

"El libro y la hermandad" de Iris Murdoch

Hay un momento al principio del libro en el que Lily Boyne y Rose Curtland se tropiezan en medio del jolgorio bullicioso y casi aristocrático de una fiesta de antiguos alumnos en Oxford. 

Las fiestas de antiguos alumnos tienen todas el mismo aire de nostálgica pesadumbre pero, en esta ocasión, también goza de un sí es no elitista, cuajado de promesas incumplidas, de brillantez venida a menos y de conflictos sin resolver. 

Lily y Rose no son amigas ni lo han sido nunca y por eso no se conocen lo suficiente como para saber, en realidad, lo que piensa la una de la otra y viceversa. Así que, lógicamente, malpiensan. Aventuran adjetivos que no existen y manejan conceptos que no son exactos. 

Este fragmento en el que se describe cómo se conocieron, cuánto se conocían y qué opinan y qué no opinan Lily de Rose y Rose de Lily, es de una genialidad que, por sí solo, bastaría para justificar el nombre de Iris Murdoch como escritora. No es la suya esa típica mirada, que se considera femenina por muchos críticos, en la que se pone el acento en detalles sentimentales, sino una fría disección de caracteres, con el telón de fondo de la lucha personal de cada una por llegar a ser alguien, a ser algo, a ser consideradas en sí mismas, como entes únicos y separados de los demás. 

Por supuesto, detrás de una turba de pensamientos entremezclados en la que ambas son sinceras consigo mismas, llega el diálogo que refleja el encuentro y, con él, la impostura, el disimulo, la inhibición. Es así como solemos relacionarnos, salvo esas raras excepciones en las que alguien, por algún motivo, se convierte en la persona a la que tienes que entregar tu verdad sin dilación y sin remedio. 

Deliciosa, perfecta, sencilla, encantadora….adjetivos que cruzarán el aire. Antes y después de eso, el encuentro entre antiguos compañeros de aula, la vuelta a los recuerdos que los años de estudiante les dejaron, el contacto tardío con profesores que todavía permanecen como testigos de una época que murió aunque no quieran verlo….Hay mucha frustración, muchos malos sentimientos que se ocultan en la frivolidad y en la cortesía. Hay pérdidas, amores no correspondidos, gente que deja cosas por decir, ideas en el aire, proyectos sin realizar. Es la vida, en realidad, la que aparece en este entorno reducido de personas, la que se escribe a partir de un acontecimiento social tan lleno de posibilidades retrospectivas. 

Gulliver Ashe, Gerard Hernshaw, Conrad Lomas, Jenkin Riderhood, Duncan y Jean Cambus, David Crimond, Tamar Hernshaw, Levsquit, el desaparecido Sinclair, las citadas Lily Boyne y Rose Curtland, son personajes y, al tiempo, personas, con una biografía y unos lazos que a veces se atan y se desatan, con experiencias que se cruzan, con insatisfacciones que dan lugar a esa frustración que impide las relaciones sanas. En ellos recae el peso de la historia y la obligación de hacernos sentir dentro de ella, como observadores privilegiados de una clase social que tiene en el parecer tanto como en el ser. 

El amor cruza el aire. En esa noche de fiesta hay sentimientos que no se verán nunca correspondidos y otros que se ocultan. El baile será el momento en que algunos logren hallar esa especie de comunión que los acerca. Pero estará vedado para otros. Rose siempre quiso a Gerard, pero este amaba a Sinclair, el hermano de Rose prematuramente muerto. Duncan y Jean se han unido. Gulliver aparece sin pareja. Tamar tiene un aire de total desamparo. Lily Boyne querrá dejar de bailar sola y ofrecerse a Gulliver…

En esta bulliciosa kermesse los fantasmas del pasado no estarán ausentes. Como suele ocurrir, salta a las primeras de cambio, se reflejan en los ojos y en las palabras dichas y las que se guardan. Los antiguos miembros de la hermandad han conservado algunas cosas, pero no todas ellas son buenas ni merecía la pena que se conservaran. ¿Son tan amigos como parecen? Esta es una de las preguntas a las que el libro da respuestas. Y, al hacerla, podemos trasladarla a nosotros mismos, interrogarnos acerca de nuestros propios afectos, de lo que somos y de lo que nos rodea, ese mapa sentimental que se va enhebrando con el paso del tiempo. 

El libro y la hermandad. Iris Murdoch. Traducción de Jon Bilbao. Postfacio de Rodrigo Fresán. Editorial Impedimenta, 2016.  

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