miércoles, 29 de junio de 2016

Click


(Francine van Hove)

Nunca lo hubiera hecho. Jamás. Si pudiera volver atrás y borrar ese acto. Ese simple gesto, ese sonido tenue, ese momento en el que el pasado volvió para convertirse en un presente tenso y sin futuro. Ojalá nunca lo hubiera hecho. Nunca hubiera escrito las primeras palabras, nunca hubiera abierto un corazón perdido, nunca hubiera regalado esos versos, ni contado esas historias. 

No debió haberlo hecho. Ella tenía la soledad anclada en las manos pero era preferible a una mentira. Era preferible al miedo de equivocarse. Era preferible a la ostentación de algo que nunca alcanzaría, que nunca sería suyo. Ese dolor de la risa ajena. Esa imaginación de la dicha. Ese vuelco en el corazón por el secreto que aparece de pronto. 

Nunca lo hubiera hecho. Es mejor el vacío, el mejor el silencio, es mejor no esperar, no tener, no sentir, no ser, no cavilar, no soñar, no mirar, no saltar de la cama, no saltar de alegría, no salir prendida de un deseo, no tener un deseo por el que anclarse a la existencia. 

Sobraba el click. Ha venido sobrando todo el tiempo. Y ahora el daño es tan profundo que ningún poema puede restañarlo, ninguna canción volverlo a convertir en tierna risa, ninguna aparición en promesa cierta. De nada se arrepiente salvo de haberlo amado. Ese click inoportuno, indeseado, la puerta al universo canalla de la vida, la puerta al sitio en el que ella nunca será la luz resplandeciente sino el verso apagado de una imposible visión. 

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