miércoles, 4 de mayo de 2016

No sientas pena por mí

Es verdad que las noches son un territorio desierto. Que hay una oquedad que no se cubre, una mancha invisible y permanente. Es cierto que los días de sol son más oscuros y que el nublado es un presagio de la infelicidad. Es una realidad que todo se reduce a un papel en blanco, a un tic-tac imposible o una fórmula vacía...

Todo eso es innegable ¿cómo podría mentir? Ella sabe que una fina gasa la convierte en humo, que nunca florecerá como antaño, que nada hará de ella una luz a punto de encenderse, que las horas del reloj marcarán un tiempo incierto...

Es verdad que las calles aparecen hostiles, que recorrerlas es una obligación. Que nunca, ningún sol, por mucho que amanezca, será capaz de limpiar con sus rayos la huella de la pena. Es innegable que ya no hay salida, que todo se termina sin apenas notarlo. Es cierto que está sola. Es cierto que lo oculta. Es cierto que lo teme. 

Pero entre los sonidos ajados de un tiempo no vivido, de una playa de aristas, su voz descubre que aún puede pronunciar la frase que describe un deseo mayor, sobre todas las cosas: Si no puedes amarme, no me mires. No sonrías con boca compasiva. No pienses que soy un animal perdido. No sientas pena. Si supieras que todos los oasis terminan floreciendo, no dirías que soy pobre, que estoy desnuda o sola. 

(Ilustración: "Wendy" de Anthony Devas, 1950)

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