domingo, 8 de mayo de 2016

El vuelo de Cervantes


(Foto: Europa Press)

Una compañía aeronáutica de Noruega ha homenajeado a Miguel de Cervantes en este su año recordatorio con la impresión de su imagen en la cola de sus aviones. Es una iniciativa que ya ha puesto en práctica esta compañía con otros personajes de la historia y que expresa la universalidad del genio español y su consideración a escala planetaria. Esto sí es una conjunción de astros, la coincidencia de las celebraciones por la efemérides de las muertes de Cervantes y de Shakespeare. 

Los expertos se están dedicando, con este motivo, a escribir sobre ello. Cervantistas y afines desmenuzan detalles de su vida y su obra, quizá no con el despliegue que merecería y, sobre todo, da la impresión de que se sigue ahondando poco en su biografía, oculta casi por la inmensidad del personaje que creó. He dicho muchas veces que El Quijote ha engullido a Cervantes. Que la fuerza literaria y evocadora del manchego ha trascendido las páginas del libro y ha saltado a la realidad. Cuando pensamos en El Quijote no lo imaginamos como un personaje de un libro sino como un ser lleno de vida, incluso, de actualidad. Porque sus presupuestos no han perdido vigencia, lo mismo que ocurre con las pasiones que Shakespeare desmenuza. 

Cervantes es el creador de un prototipo humano y El Bardo de un ensayo sobre las pasiones. Uno usó la prosa, más cotidiana y pegada a la tierra, para describir las aventuras de quien, desde su pueblo, saltó a la universalidad, simulando la conquista y el encuentro con otras sensibilidades. Por su parte, el inglés de Stratford tuvo la virtud de diseccionar el interior de la naturaleza humana, hallando allí la mayor de sus inspiraciones. Mirándolo bien, ambos buscan en el mismo venero, en la misma fuente: el hombre, sus deseos, sus virtudes, sus defectos, sus necesidades...el hombre, en suma. 

No son rivales porque su objetivo es el mismo y sus medios diferentes. Por eso, se complementan entre sí y ambos suman el mejor y mayor empeño por conocernos a nosotros mismos. Ahora, además, Cervantes vuela...

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