miércoles, 11 de mayo de 2016

Corazón en cenizas convertido


(Pintura. Mary Jane Ansell)

Un día se acercará y con palabras nuevas, gesto nuevo y una nueva ilusión en su mirada, me contará el secreto que no podrá ocultar, que no querrá callarse: Me he enamorado, al fin, ya soy como querías, un hombre generoso. He conocido a alguien.

Me sonreirá sin verme y moverá las manos, las alzará con un tono diferente y parecerá un actor que representa su mejor función después de mucho tiempo. Yo imaginaré en su dulce alegría a la hermosa mujer que yo nunca seré y mi alma se convertirá en cenizas poco a poco.

Entonces sentiré que un puño helado me aprisiona y oleré la feroz humedad que, en mis ojos,  congelará las lágrimas. Me entenderé a mí  misma sin hablar y notaré que el miedo que anunciaba tenía razón de ser, que no existían quimeras en el sueño agitado de las noches.

Ese día se nublará para siempre la luz que ahora me alumbra y rezaré oraciones perdidas y buscaré en cualquier cosa un motivo, lo que sea, algo que me levante de la cama, algo que me devuelva a la vida, aun sabiendo que será vida sin él, vida baldía, la nada apenas.

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