sábado, 30 de abril de 2016

Te escribiría con música


(Mujer sola. Camilla Akrans. 2010)

A veces no te escribo. Te canto. Revolotea el sonido de una canción y la atrapo sin pensarlo. Como si en ella estuviera reflejado todo. Es así. Sencillamente así. Un vuelco en el corazón cuando el estribillo repite sin cesar la frase que diría si es que pudiera. Sin ti no puedo vivir. Entre tú y yo, la soledad. Dime que no es verdad. Y sin embargo, te quiero. 

A veces no te escribo. Esbozo en voz baja el esqueleto firme de una canción cualquiera, amanecida de repente en mi cabeza, sin orden, ni concierto, como si un pájaro anidara en ella y, sin previo aviso, decidiera soltar sus alas y volar a cualquier sitio. En el recodo de las tardes más oscuras, la música enhebra el argumentario de la vida. Es la música la que explica la existencia toda. En esos momento únicos no escribo, sino canto. Te canto siempre a ti. Tú, en el fondo de las cosas. 

Tendría que contarte y cantarte tanto que no sería posible hallar el tiempo suficiente para ello. Toda mi biografía se traduce en canciones. La tuya podría resumirse en un verso. Las exactas palabras que lo forman se contraponen en el aire con la amalgama de sonidos incesantes que llenan mi vida y la cubren de un extraño sopor a veces y de una efervescencia incontrolada en otras ocasiones. 

Tú eres el motivo de que todo se convierta en una travesía difícil que solo la música dirige a algún puerto. Quién sabe si en esa singladura lo que hay de ti es lo cierto o solamente una imagen que no tiene siquiera una banda sonora.

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