sábado, 26 de marzo de 2016

Jane Austen: una isla literaria


("Retrato de una dama" de Henri François Mulard. 1810)

Las damas de la época georgiana, tal la de este retrato, vestían de muselina, con talle imperio, llevaban zapatos o botines bajos y se adornaban con guantes, chales y pañuelos al cuello. El pañuelo solía ser de encaje o también de muselina de un tono parecido al vestido. Este era de colores claros, sobre todo para asistir a los bailes, que se iluminaban con velas y que, si la mujer vestía de oscuro, la convertía en invisible. Su peinado era un recogido con bucles delanteros y el maquillaje ofrecía una tez muy blanca con los labios rojos marcados, en forma de corazón. Herencia clara de la moda francesa, así era la moda en los libros de Jane Austen, cuya vida coincide con este período de la historia inglesa, intermedio entre el romanticismo y la época victoriana. 

Sin reparar demasiado en fechas y estilos hay un gran número de lectores que identifican a Austen con una escritora romántica. Pero esto constituye un error de apreciación fácilmente desmontable si uno lee sus libros con atención y repara en el panorama literario inglés en lo que respecta a la novela. Este género comenzó con las obras de Daniel Dafoe ("Robinson Crusoe" y "Moll Flanders") y de Jonathan Swift ("Los viajes de Gulliver"). Estamos en el principio del siglo XVIII y se trata de obras de aventuras. En la década de 1740 aparecen las novelas fundacionales de la literatura inglesa, en el género epistolar "Pamela" de Samuel Richardson y "Tom Jones" en la picaresca realista, de Henry Fielding. Esta última novela era muy apreciada por Jane Austen

El escritor Samuel Johnson, de gran importancia en el conjunto de la novela inglesa, publica en 1759 una suerte de obra exótica "Rasselas, príncipe de Abisinia" y en los años siguientes conocemos a cuatro escritores, cada uno de los cuales hace una importante aportación al género novelístico inglés: Lawrence Sterne con su "Tristan Shandy", Tobías Smollet, que refleja en sus obras un retrato social de la época; Oliver Goldsmith y Horace Walpole, creador de la novela gótica con "El castillo de Otranto". 

A finales del siglo XVIII es el movimiento romántico el que tomará el relevo, con nombres señeros como Ann Radcliffe, Mary Wollstonecraft, William Godwin, Sir Walter Scott o Mary Shelley. Historias caballerescas, amores trágicos o relatos de fantasmas, todo cabe en este período. 

Ya en la época victoriana, tras el paréntesis conocido como época georgiana, aparece la novela en folletines, publicaciones de pocas páginas en periódicos y revistas, cuyos autores eran Charlotte o Emily Brontë, Elizabeth Gaskell, George Elliot o Charles Dickens. 

Es precisamente en la época georgiana, es decir, entre los románticos y los victorianos, donde se inscribe la persona y la obra de Jane Austen. Sus libros son una isla con respecto a todos los demás. Rompe con el esquema tradicional de valores de la novela anterior, introduce elementos de modernidad y crea personajes y acciones que no se corresponden con los románticos ni serán continuados, salvo someramente, por los victorianos. La novela de Jane Austen entronca más con las épocas fundacionales inglesas que con la inmediatamente anterior. Y hay algunos aspectos que son suyos: la ironía, el sentido del humor, el papel de la mujer. Es verdad que no se trata de una obra monolítica y que en cada una de sus novelas subyace una intención casi oculta, incluso de parodia (como "La Abadía de Northanger" que es una especie de acercamiento personal al género gótico), pero, por eso mismo, no puede encuadrarse en ningún movimiento anterior ni posterior. 

Los protagonistas de Austen son personas normales, no héroes, ni aristócratas, la gentry, la baja nobleza rural. Los asuntos que trata son sencillos y cotidianos, el amor, casarse, las herencias, las disputas familiares...No hay grandilocuencia en ellos. Tampoco observamos prolijas descripciones de paisajes ni de casas ni de ciudades, lo que importa son las emociones y cómo las viven esos personajes. Son libros minimalistas en cuanto al sentido descriptivo. No existe en ellos el desgarro de sentimientos, el sufrimiento de las tragedias románticas, ni la fantasmagoría, ni las aventuras, sino simple, sencilla y llana vida normal. Es un realismo emocional que antecede la modernidad y que hace que sean clásicas y no parezcan antiguas. Como las obras de Shakespeare. 

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