miércoles, 16 de marzo de 2016

Esa mirada...


(Stained Glass Mails. Saul Leiter)

A veces, cuando el silencio es más oscuro y las gotas de lluvia se confunden con el agua salada de los ríos y las lágrimas, una mirada puede ser el salvavidas que esperas. Ella lo sabe. Lo presiente. A veces, cuando habla con él en la distancia, cuando evoca su voz o sus manos en el aire, intenta imaginar sus ojos, su expresión, el verso de su boca, la manera sutil con que la mira o debería mirarla si ello fuera posible. 

En las horas más largas, cuando todo se escribe con interrogaciones, cuando nada es seguro salvo la muerte y en ella encuentra escrita la verdad más rotunda y más cierta, entonces vuelve los ojos hacia él y sueña con las tardes imprecisas en que su cuerpo tiene el olor de las rosas. En el sueño, la mira. La ve a lo lejos, la presiente, la espera, la descubre. En el sueño no existen pesadillas de monstruos que le impiden el paso a las palabras, sino un ascua de luz incandescente con toda la pasión convertida en susurro. 

Así la mira él. De vez en cuando ella imagina soles en sus ojos. Estrellas que levantan el corazón de noche cuando suena su voz y se termina la vaga incoherencia de no saber qué siente o qué desea o qué tiempo se acaba cuando sus ojos lloran. Si no sintiera tanto este momento, si no tuviera fuerzas para amarle hasta el fondo, solo con su mirada descubría entero un universo que no halla en nada, a pesar de que mantiene el pulso firme. 

Te quiero. Solo eso. Mirándome lo sabes. 

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