domingo, 28 de febrero de 2016

"París era ayer" de Janet Flanner


(Portada del libro, editado por Alba) 

La vida de la periodista Janet Flanner fue apasionante. Nacida en Indianápolis, en 1892, fue una de las mujeres que se declaró abiertamente bisexual y que, tras casarse, tuvo relaciones largas y profundas con dos mujeres. Solita Solano, con la que estuvo cincuenta años de forma intermitente y Natalia Murray, con quien acabó sus días. 

Su vida personal era el trasunto de la profesional: activa y sin que hubiera tema o situación que ella no pudiera abordar, aun siendo una mujer. Fue la corresponsal del New Yorker en París desde 1925 a 1975 y formó parte del círculo de estadounidenses que constituyen la llamada Generación Perdida, expatriados, descontentos y llenos de escepticismo por todo y por todos. Ella conectó a estos americanos (Ernest Hemingway, F. Scott Fitzgerald, e.e. cummings, Hart Crane,  Gertrude Stein, Djuna Barnes entre otros) con los artistas de las últimas vanguardias, tanto pictóricas como literarias, Picasso, Braque, Matisse, Gide o Cocteau. 

Este libro recoge las crónicas escritas para su periódico en el período comprendido entre 1925 y 1939. Leerlas supone entrar en situación, conocer de primera mano el ambiente de una ciudad cosmopolita, la más cosmopolita del mundo entonces, en el período de entreguerras. Ahí se solapaban ambientes y personajes que, de otro modo, nunca hubieran coincidido. Los años veinte, con su carga de pesimismo y de frivolidad a la vez, la eclosión del nazismo y su influencia en el pensamiento occidental y los prolegómenos de la segunda guerra mundial, son el telón de fondo del libro. La ciudad de París, la protagonista. 


(Solita Solano y Djuna Barnes en París) 


Janet Flanner, que escribe con el pseudónimo de Genet, murió en Nueva York en 1978. En ella, la crónica periodística se convierte en literatura, formando así una obra mezcla de documento, de opinión, de información y de creación literaria. Eran tiempos en los que el periodismo era una de las principales canteras de escritores, que se curtían en los medios antes de pasar a ser novelistas o dramaturgos. Y, por su parte, los medios de comunicación los acogían y constituían el primer paso, el del aprendizaje, el lugar en el que se forjaban los estilos y se aprendían los tiempos, los trucos y las formas narrativas. También el guión de cine era una cantera válida para esto que decimos. Eran momentos en los que toda la escritura formaba un todo casi indisoluble y los oficios se movían de uno a otro lado con solvencia y fluidez. Eran otros tiempos. 

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