domingo, 21 de febrero de 2016

"Nunca fluyó en calma el curso del amor"

(Rob Efferan. Hiperrealismo) 

Había cuatro mujeres y era una tarde plácida. Los sentidos alerta esperando el amor. Una pasión lejana para alguna de ellas. Una pérdida para las otras dos. El descubrir del ansia para la más afortunada. “Le quiero tanto, dice, me gusta tanto, que creo que voy a morirme cada vez que me acerco al portal de su casa, toco el timbre y aparece sonriente y me toma en sus brazos”. “Le quiero tanto, sigue, que cuando no lo veo, aunque sean diez minutos, aunque sea un solo instante, siento que todavía puedo perderlo, incluso que se va de mi lado y yo noto el vacío, aunque sea un solo instante”. “Le quiero tanto, explica, que cuando hago el amor siento que me redimo de ese pasado triste que todas conocéis, siento que soy la única, que soy la verdadera, que estamos solos en el hoy y el futuro”. 

Así brillan sus ojos. Certifico. Mueve las manos como si fueran alas, como si las palomas se posaran en ella. Mueve los ojos y sonríe con una mirada cómplice que no va hacia nosotras. Que se vuelve hacia él, se halle donde se halle. Es la vida, pensamos las demás. Es la vida que avanza aunque ahora nosotras no sepamos de ese juego. Es la vida y ella la posee, la ha descubierto entera, se oculta, se aparece y de pronto emerge como ahora en todo lo que hace y lo que vive. 

Había cuatro mujeres y la tarde. Una sola viviendo una pasión. Las otras, expectantes. No es posible que al cabo de las horas no llegue hasta nosotras un halo de esperanza que siembre nuestros cuerpos de la ternura firme que guardamos intacta. 

(Título: De "El sueño de una noche de verano". William Shakespeare)

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