viernes, 15 de enero de 2016

"Villa Vitoria" de D. E. Stevenson

D. E. Stevenson es Dorothy Emily Stevenson (Edimburgo, 1892- Dumfriesshire, 1973). Si te suena el apellido es con razón. Resulta ser la hija de un primo de Robert Louis Stevenson, que no necesita presentación y que está en nuestras estanterías desde que éramos adolescentes. Esta Dorothy es un personaje tan interesante como lo son los de sus novelas, sobre todo los femeninos. Si repasas un poco su peripecia biográfica puedes entenderla y entender qué escribe y por qué lo hace. Su padre era un ingeniero que diseñaba faros, es más, toda su familia era diseñadora de faros. La educó una institutriz y cuando la niña manifestó que quería ir a la universidad, el diseñador de faros que era su padre, se negó terminantemente, en su familia ninguna mujer había poseído nunca un título académico y así debía seguir siendo. Así que su carrera se redujo a casarse con un capitán y, por supuesto, a escribir muchas y divertidas novelas. 

D. E. (también podemos llamarla así) luce una artística artimaña en su obra literaria: mueve los personajes de un libro a otro. El que es secundario allá, se transforma en protagonista en otro lado. Y al revés. Es como si sus personajes fueran reales o, al menos, actores que se dedicaran a hacer representaciones o, en un tono más moderno, a filmar películas, unas veces a modo de cameos, otra de extras y otras de actores con frases. Curioso. Divertido. Estimulante. Esos personajes fundamentales son siempre femeninos, pues ella quiso contribuir, de alguna forma, a darle luz a las mujeres ya que en sí misma había sufrido la oscuridad de no poder guiar su propio destino. Así están la señorita Buncle, Celia, Anna, Sarah Morris, Debbie, Tonia, Charlotte Fairlie, Freda,Margaret, la señorita Martineau y Katherine. 

La primera novela que publicó fue Peter West, en 1923 y desde ese momento hasta 1970, tres años antes de morir, se van sucediendo títulos y títulos, pues fue una autora prolífica, con una vis cómica considerable y una envidiable capacidad de observación. Seguramente el que mayor éxito le proporcionó fue El libro de la señorita Buncle, de 1934, que tuvo dos continuaciones. Estos libros de la saga Buncle le proporcionaron millones de lectores en Gran Bretaña y en Estados Unidos, convirtiéndola en una autora muy conocida, respetada y admirada. Por desgracia, la gran mayoría de esos libros no se han publicado en España, donde solo contamos con algunos que han ido apareciendo en la Editorial Alba, en su colección Rara Avis. Este que mencionamos ahora, Villa Vitoria, de 1949, es uno de ellos. 

Ashbridge es un pequeño pueblo cercano a Wandlebury, el pueblo de la señorita Buncle. En las afueras de Ashbridge está una casa construida por un militar, con el grado de capitán, que la mandó construir después de participar en la guerra para expulsar a José Bonaparte de España. Ya sabemos que se trata de nuestra guerra de la Independencia, así que el nombre de la casa es español y alude a la ciudad de Vitoria. Es una bonita casa, con un jardín lleno de flores alegres y brillantes, setos perfumados, aire romántico y suaves brisas que la rodean y hacen que tenga un clima apacible. Un sitio idílico para que pasen cosas positivas. Allí vive una viuda, madre de tres hijos, llamada Caroline Dering. El señor Dering, por desgracia, no solamente ha fallecido sino que ha dejado un malísimo recuerdo entre la gente. Solo se recuerda de él su pesimismo fatalista y molesto y su antipatía de carácter, lo que es un mal legado, desde luego. La acción transcurre en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, con lo que las heridas aún no han cicatrizado, ni las físicas, ni las morales. La vida es muy difícil. Racionamiento, seres atormentados que no se acostumbran a los tiempos de paz, pasados trágicos que se ocultan, necesidad de agudizar el ingenio para sobrevivir...

Uno de esos seres llenos de secretos es el señor Shepperton, que llega al pueblo y se instala a vivir en su posada, llevando consigo todo lo que los seres humanos movemos con nosotros, su vida anterior, sus pesadillas, su sufrimiento, sus errores y sus deseos frustrados. Ambos personajes, Caroline y el señor Shepperton, se entienden bien desde el principio, lo que es una buena cosa en tiempos turbulentos. Una viuda y un ser atormentado pueden llegar a establecer una bonita relación de ayuda mutua y complicidad...Pero la cosa no es tan sencilla. No lo es si la viuda tiene una hermana, célebre actriz de teatro, llamada Harriet, que tiene la virtud de enredarlo todo y a la que le da por llegar al pueblo en el momento justo,es decir, en el tiempo más inopinado e incongruente. He aquí que el tranquilo devenir de la trama se complica y la placidez del campo y de su existencia llena de pequeños detalles placenteros se trastornan de un modo singular. Así es la vida, en realidad, da lo mismo el entorno, porque son los seres humanos los que mueven sus hilos. 

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